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Donde no me llaman

Monstrouso

Un breve comentario sobre uno de los últimos fenómenos comerciales del cine estadounidense.

En 1993 el guionista Kurt Busiek y el dibujante Alex Ross publicaron Marvels, un comic que tenía como principal premisa la modificación del punto de vista habitualmente utilizado en los comics de superhéroes. Los lectores estábamos acostumbrados a volar con Superman o balancearnos por los tejados con Spider-Man, pero los protagonistas de Marvels eran personas normales, ciudadanos de Manhattan que veían pasar fugazmente a los superseres sobres sus cabezas, o que asistían impotentes y asustados a los enfrentamientos entre héroes y villanos, sin saber con certeza lo que realmente estaba pasando; el lector pasaba de ser omnisciente a recibir la información de forma limitada.
No era la primera vez que se hacía algo así, claro, pero nunca se había hecho de forma tan brillante. La colección recreaba momentos clave de la historia de los personajes de la editorial Marvel, muy conocidos por sus lectores habituales y que distintos autores ya habían narrado una y otra vez a lo largo de los años. Pero el novedoso punto de vista subjetivo y, sobre todo, el talento de Busiek y Ross, convirtieron a Marvels en una obra maestra del género.
Esta alteración del punto de vista habitual ha llegado ahora al cine por exitosa partida doble. Si hace unos meses se estrenaba la española y eficaz [REC], película que unía un punto de vista subjetivo y una narrativa estilo cámara en mano, con resultados realmente aterradores a pesar de contarnos una historia nada brillante ni original ya vista en numerosas películas de zombies, ahora nos llega la estadounidense Monstruoso, obra que cuenta con muchas similitudes con la obra de Jaume Balagueró y Paco Plaza.
La película de Matt Reeves (que supone su debut en el cine, aunque en televisión ha dirigido numerosos capítulos de diferentes series) narra cómo una criatura de origen desconocido ataca Manhattan, argumento que ya ha sido utilizado en muchas veces en el cine. En esta ocasión el público no se sitúa como privilegiado espectador a quien se le ofrece toda la información de lo que sucede, sino que se ve obligado a permanecer en la ignorancia, al igual que esos protagonistas a quienes seguimos en su desesperado intento por abandonar la isla y salvar así la vida a lo largo de secuencias que evocan irremediablemente a las imágenes de Nueva York que todos pudimos ver tras los atentados del 11-S.
Se podría decir que Monstruoso es una especie de versión de Godzilla rodada por Lars Von Trier, con aspecto de grabación de vídeo doméstico, punto de vista subjetivo, (teóricamente) sin montaje, con actores aficionados (dada su escasa capacidad interpretativa bien podrían serlo), y (casi) sin guión. Y es esta originalidad, además de sus excelentes efectos especiales, lo que hace de ella una película interesante de ver.
Pero ¿se trata de una buena película? Para mí, no, la verdad.
Es cierto que Monstruoso ha cosechado un éxito notable en la taquilla de EEUU, y que su productor, J. J. Abrams, creador de series tan interesantes y exitosas como Alias o Perdidos, y director de la tercera entrega de Misión: Imposible (para mí la mejor de la serie), ha vuelto a demostrar su gran olfato comercial.
El género fantástico parece no pasar de moda, y este tipo de títulos es muy del agrado de los jóvenes (público mayoritario en las salas de cine), pero la verdadera clave del éxito de Monstruoso radica en una inteligente y misteriosa campaña publicitaria, basada en una calculada distribución de intrigantes informaciones a través de internet, la cual logró que millones de espectadores casi no pudieran contener la impaciencia por ver la película.
Pero una cosa es atraer al público al cine, y otra muy distinta conseguir que salgan contentos. Y, en este sentido, me temo que el resultado no es del todo satisfactorio.
Paradójicamente, aquello que más ha beneficiado a la película comercialmente es lo que más le ha perjudicado cinematográficamente: me refiero, por una parte, a la información previa. Hubiera sido fantástico acudir a ver la película vírgenes, sin saber nada de antemano, y asistir a esa historia de enredos amorosos en la fiesta de despedida que se nos presenta al principio creyendo que esa es la base del argumento, para luego vernos sorprendidos por el ataque del monstruo. Pero la realidad es que el informado espectador sabe de qué va aquello desde hace meses, y durante todo ese prólogo de 20 minutos se aburre y se impacienta, ya que sólo desea que aparezca el bicho de una vez.
Además, otro elemento que hacía atractiva a priori la película, sus aspecto de documental, también actúa en contra de su calidad como obra cinematográfica. Es cierto que el punto de vista subjetivo, bien utilizado, añade tensión e intriga a la narración, y que el sistema de vídeo doméstico, al dar ese toque realista (desmentido por la aparente indestructibilidad de sus protagonistas), potencia esta sensación. Pero el hecho de renunciar deliberadamente al montaje (auténtica esencia del lenguaje cinematográfico), deja al realizador bastante desvalido a la hora de construir una trama interesante y, en definitiva, una película sólida.
Como resultado, tenemos una película escasamente entretenida (mínimo exigible para este tipo de obras), y que difícilmente invita a un segundo visionado.
Pero, a pesar de lo expuesto, y como se ha dicho, Monstruoso ha sido un éxito; y me temo que eso no es una buena noticia para el cine.
Cuando las películas duraban meses en cartel, cuando su recaudación dependía de las críticas profesionales y de los comentarios de los espectadores, sólo triunfaban las pelis que gustaban. Hoy las cosas no funcionan así. El grueso de la taquilla se cosecha, como mucho, en dos fines de semana, y aunque la película sea un pestiño, para cuando se corre la voz ya es demasiado tarde, porque todo el mundo ha pasado ya por caja. Por esa razón toda la maquinaria de la industria se concentran en llevar al cine a la mayor cantidad de público el día del estreno. Tanto es así que en muchos casos se dedican más recursos a la promoción de las películas que a su producción, y eso es peligroso: el producto pasa a importar menos que la forma en que se vende.
Y así se llega a la márketing viral, y demás sistemas promocionales basados, sobre todo, en la red. Evidentemente las nuevas tecnologías aplicadas a la promoción cinematográfica no garantizan el triunfo, claro, pues si bien fue arrollador el éxito de El proyecto de la Bruja de Blair y su innovadora promoción, las cosas no le fueron tan bien a Serpientes en el avión, cuyos productores se las prometían muy felices basándose en la expectativa generada en internet antes de su estreno.
Pero, con fundamento o no, una vez generada la tendencia, la industria la seguirá mientras crea que puede sacarle algo más de jugo. Es de suponer que tras el éxito de Monstruoso el márketing cinematográfico del futuro irá en esta dirección, y, también, que asistiremos a nuevas películas de este estilo de vídeo doméstico. Por ejemplo, ya se está rodando la versión norteamericana de [REC], Quarantine, y se han anunciado secuelas de la propia Monstruoso, las cuales parece que van a contar la misma historia de la primera parte, sólo que desde el punto de vista de otras personas, recurso narrativo que Abrams ya ha utilizado, por ejemplo, en Perdidos.
No sé si esto me gusta demasiado, la verdad, y es que las modas, en general, suelen ser un asco.

Referencias

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Comentarios

  1. Estoy de acuerdo contigo, las peliculas hoy en dia las hace la publicidad y el marketing.
    A mi "Monstruoso" no me gustó nada, como mucho, los efectos especiales, pero hoy en dia en las peliculas personalemnte busco buenas historias o peliculas que te enganchen realmente como me pasó con REC.
    Porque camara en mano, consigue que te adentres en la historia y logres sentirla, como si estuvieses en el mismo edificio o eso te pasara a tí. Y realmente estuve en tensión toda la pelicula, cuando ví muchisimas peliculas de terror que nio te lejos lo lograron.
    En Monstruoso, no te identificas en nada con ellos e incluso te marea la propia pelicula por el modo de presentar las imágenes.
    A mi tanto me asquean las modas que cuando todo el mundo vió TITANIC y te obligaban casi a ir a verla (para ser "normal) no la fuí a ver, me negué por toda la campaña mediatica que se generó.
    Y a dia de hoy, tampoco la ví, la acbaré viendo porque segun me dicen es una buena pelicula, pero cuando yo quiera.

    Un saludin d´Asturies.

    Comentario de alinorak hace 2 meses y 23 dias


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