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Donde no me llaman

El nuevo Sergio

Para algunas personas, la adolescencia, con sus inseguridades, complejos, miedos e incertidumbres, es una etapa realmente terrible.
Éste era el caso de Sergio.
A sus 16 años, su metro ochenta de altura, y sus más de cien kilos de peso, era el chico más grande y más gordo de su clase. Su cuerpo obeso, y su obesa y bovina cara, le convertían en objeto de las burlas de casi todos los estudiantes del instituto público al que acudía.
Su sobrepeso le tenía absolutamente martirizado, y aunque había decidido acudir a un gimnasio con el objetivo de librarse de esos malditos kilos de más, el programa no había funcionado, o, al menos, no como él deseaba. Era cierto que los ejercicios habían conseguido que se sintiera más fuerte, pero la grasa continuó ahí, resistiéndose a desaparecer; en su interior sentía como si un nuevo Sergio luchara por salir a la superficie, pero sin éxito. Ese nuevo Sergio era rehén de un metabolismo enemigo, y de una dieta totalmente inadecuada perpetrada por su madre.
La mujer había cebado a su único hijo desde que era pequeño. Fiel creyente de la teoría de que los niños rollizos son más sanos, le había sometido a una dieta absolutamente demencial, acostumbrando a su cuerpo a comer mucho más de lo necesario, y convirtiéndole, en pocas palabras, en un gordo.
Pero no era aquella la única contribución que su madre hacía para arruinar la vida de Sergio. La mujer se negaba a que su hijo tuviera el mismo aspecto de los “jovenzuelos” que estudiaban con él, y se negaba a comprarle la ropa que él quería, por lo que se veía obligado a lucir una indumentaria absolutamente ajena a la moda, que también era objeto de mofa por parte del resto de los alumnos. Insistía, además, en peinarle con un ridículo flequillo, y, dado que ella no trabajaba, le llevaba todos los días en coche hasta la puerta del colegio, donde le despedía con un beso, ante al cachondeo general de los compañeros.
En esas circunstancias, blanco de todas las burlas, le resultaba imposible relacionarse con la gente, imposible ligar. En esas circunstancias, el amargado, impopular y virgen Sergio, no necesitaba recibir aún más malas noticias.
El cáncer de pulmón que le diagnosticaron ya resultaba excesivo.
Le detectaron la extrañísima y maligna enfermedad tras sufrir lo que parecía un catarro pertinaz, cuando aún restaban tres meses para que terminara el curso, y se vio obligado a dejar el instituto para afrontar la operación y tratamiento posterior.
Durante varios meses Sergio fue sometido a quimioterapia y radioterapia intensivas que le acarrearon “interesantes” efectos secundarios. Sufrió, por supuesto, los habituales dolores, vómitos, y agudo malestar, pero Sergio demostró ser inusualmente resistente a este tipo de secuelas. Lo de “interesantes” se refiere a otro tipo de consecuencias: el agresivo tratamiento alteró profundamente el metabolismo del joven; esto, unido a que por primera vez en su vida, a instancias médicas, comenzó a seguir una dieta saludable, hizo que perdiera casi 20 kilos en menos de tres meses.
Llegó el verano.
La intensidad del tratamiento se redujo, pasando las sesiones casi diarias a ser quincenales. Durante este periodo Sergio pasó muchas jornadas con sus abuelos, en un pueblo de la costa, donde pudo dedicarse a nadar, tomar el sol, y a descansar después de aquellos meses tan duros.
En septiembre los médicos indicaron que, pese a tener que seguir acudiendo a periódicas revisiones, el joven podía volver a estudiar. Casi medio año después, Sergio volvió al instituto a enfrentarse con sus compañeros.
Pero todo era ya distinto.
Su presencia en aquel inicio de curso se convirtió en todo un acontecimiento. En parte por el morbo que su grave enfermedad había despertado entre sus compañeros, pero no sólo por eso: Sergio había experimentado un profundo cambio físico. Ahora era un joven alto, fornido, bronceado. Su rostro, antes blando, mostraba ahora unos rasgos fuertes y masculinos. Su mirada, antes inexpresiva, brillaba ahora como si la radioterapia hubiera cargado una batería nuclear en su interior. Ya no llevaba flequillo: el tratamiento le había dejado calvo, y se sentía tan bien con ese aspecto que ahora se afeitaba regularmente la cabeza. Vestía a la moda: sus padres habían decidido que, después de lo que había sufrido, lo menos que se merecía era que le mimaran comprándole la ropa que quisiera. Por otra parte, su madre ya no le avergonzaba llevándole al colegio, pues se había visto obligada a buscar trabajo para colaborar en los elevados gastos médicos que conllevaba el tratamiento de su hijo.
Todo era distinto.
No sólo era el chico más interesante de su clase (donde era el mayor, ya que al no haber podido acabar el curso anterior, tuvo que repetirlo), sino que de pronto se había convertido el nuevo “tío bueno” del instituto.
De pronto todos los chicos querían ser sus amigos.
De pronto todas las chicas querían ser más que sus amigas.
Se divertía, acudía a fiestas, hizo nuevos amigos, descubrió el sexo, se enamoró... Ese curso y el verano posterior fueron la mejor época de su vida.

Coincidiendo con el inicio del nuevo curso, Sergio acudió a una nueva y definitiva revisión médica. El doctor le anunció que ya se encontraba curado: el cáncer había desaparecido por completo de su organismo. Ya no necesitaba seguir tomando las pastillas que hasta ese momento ingería regularmente, pero le aconsejó que siguiera llevando una vida sana, y, sobre todo, dado el tipo de cáncer que había sufrido, le advirtió que no debía, bajo ningún concepto, fumar jamás.
Por supuesto la noticia hizo feliz a la madre de Sergio, quien esperaba que ahora su hijo volviera a ganar peso (según ella estaba excesivamente delgado), y volver a verle de nuevo “hermoso” con antaño.
Pasaron los meses.
El cuerpo de Sergio se deshizo de todas las sustancias químicas que le habían curado del cáncer, y su antiguo metabolismo volvió para reclamar lo que era suyo; y su madre, empeñada en cuidar a su manera de su único hijo, volvió a su tradicional dieta hipercalórica. Además, dado que el tratamiento médico había terminado, ya no era necesario que ella siguiera trabajando, por lo que podía volver a llevar a su hijo a diario al instituto. Por otra parte, ahora que ya estaba curado, sus padres se negaron a que siguiera llevando la cabeza rapada, o a seguir comprándole ropa “de moda”.
Sergio notó cómo su cuerpo y su vida empezaron a cambiar de nuevo.
Viendo que la ropa que le gustaba le quedaba cada vez más pequeña, que el pelo le crecía, que la amenaza del flequillo y las demás humillaciones de su madre se cernían de nuevo sobre él, sabiendo, en definitiva, que el antiguo y obeso Sergio no tardaría mucho en salir al exterior, el chaval, una tarde, compró un paquete de cigarrillos.

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Comentarios

  1. Me gusta mucho el cuento, Iñaki, las decisiones que toma el personaje un poco extremas, (como no), pero en conjunto esta muy bonito, lo que pienso sobre el contenido prefiero decirtelo en persona, como escrito, realmente ameno, sorprendete e interesante. Me ha gustado como todo lo que has escrito de momento, Muchas gracias. Un beso fuerte.

    Comentario de Marta hace 1 año y 16 meses

  2. "El cuerpo de Sergio se deshizo de todas las sustancias químicas que le habían curado del cáncer, y su antiguo metabolismo volvió para reclamar lo que era suyo; y su madre, empeñada en cuidar a su manera de su único hijo, volvió a su tradicional dieta hipocalórica"
    no sería tradicional dieta hipercalórica?
    por dar por saco un poquito ; )

    Comentario de diqueSi hace 1 año y 16 meses

  3. Totalmente cierto, diqueSi.
    Muchas gracias por la observación, y un beso.

    Comentario de Iñaki hace 1 año y 16 meses

  4. Como siempre me atrapas, me gusta como escribes y lo que escribes. Dramática historia, llana pero a la vez muy empática. Lo conseguiste, me hiciste vibrar de nuevo, ¿para cuándo el próximo?
    Enhorabuena.

    Comentario de Susana hace 1 año y 15 meses

  5. La verdad es que es una historia bastante interesante, aunque para mi gusto un poco "macabra". Digo esto, más que nada, porque el final es un poco dramático, no?. Pero bueno, aún así a mí me ha gustado mucho, está muy bien.

    De nuevo, Iñaki, gracias y saludos.

    Ah! Y por favor, Iñaki, ya que veo que tienes muchas admiradoras (a las que llegas a atrapar), escríbelas algo, no??!!

    Comentario de Anónim@ hace 1 año y 14 meses


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