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Mission: Impossible III

Comentario sobre la nueva entrega de las aventuras de Ethan Hunt.

Hace algunos meses se publicaron en EEUU los resultados de una encuesta en la que los votantes pretendían decidir quiénes eran los famosos más inútiles del país. La larga lista, que no viene a cuento publicar aquí, estaba encabezada por Tom Cruise, lo que demuestra, entre otras cosas, que la envidia no es un deporte exclusivamente español.
La imagen pública de Cruise se ha visto negativamente afectada por el comportamiento público que ha exhibido en los últimos meses, principalmente a raíz de su relación con Katie Holmes. Pero aunque es cierto que el actor ha hecho el idiota públicamente en varias ocasiones, no creo que se deba juzgar su capacidad profesional por este motivo. Negar la magnitud de su importancia dentro de la industria del cine, es simplemente no querer ver la realidad.
Habrá sin duda quien piense que es tan sólo una cara bonita, un producto comercial, una estrellita vacía, un actor mediocre, un guapito con suerte. Allá ellos.
También hay quienes piensan que Steven Spielberg es un mal director, que Stephen King es un mal escritor, o que la tierra es plana.
No merece la pena tratar de convencerles de lo contrario, por que estas opiniones no se basan en la razón.
Ser Tom Cruise debe de suponer un esfuerzo tan enorme, un trabajo y un talento tales que, tumbados en nuestros sofás, nos resulta imposible imaginar.
Cruise es un gran actor, y lo ha demostrado sobradamente en películas como El color del dinero, Nacido el 4 de julio, Algunos hombres buenos, Magnolia ... Pero además es un productor concienzudo que se implica hasta el limite a la hora de sacar adelante una película. Ya no es simplemente un intérprete a quien se contrata para salir guapo en pantalla (cosa que, desde luego, hace), sino que es el promotor de muchas de sus películas, siendo él quien participa en la elección del guión, del director, del reparto, y del equipo técnico, por no hablar de las agotadoras jornadas de promoción que tiene que afrontar con el estreno de cada película. Es cierto que todo este trabajo le reporta muchísimo dinero, por supuesto, pero eso no quita ningún mérito a su profesionalidad. Al contrario, si gana un astronómico salario se debe a que sin duda se lo merece.
Tom Cruise es el mejor ejemplo actual de lo que es una estrella de cine, cuyo salario y poder dentro de Hollywood se han disparado desde que empezó a ejercer como productor, faceta en la que se estrenó, precisamente, con Mission: Impossible, serie que está viendo la luz como resultado de su esfuerzo personal, y de la cual nos llega ahora la tercera entrega.
Como productor y responsable, Cruise manifestó desde el principio que su intención era la de conseguir que cada entrega tuviera su propio estilo, para lo que contaría con directores de distintas personalidades. Y así lo ha hecho, empeñado en conseguir una serie de calidad, y no únicamente un vehículo para su lucimiento, como muchos le achacan.
En la primera película contó con director ya clásico como Brian de Palma, que realizó una película elegante y sofisticada, pero bastante fría y hermética. En la segunda, John Woo nos ofreció otra de sus dosis de mega-espectáculo basado en imposibles peleas, estilizados tiroteos con cargadores inagotables, explosiones, y muchas palomas, todo ello a cámara lenta, consiguiendo una película muy entretenida y espectacular, aunque bastante vacía.
Ahora, para esta tercera entrega, Cruise ha vuelto de alguna forma a los orígenes de Mission: Impossible, y para dirigir esta nueva entrega cinematográfica de la una serie originalmente televisiva, el cineasta ha elegido a uno de los genios de la televisión actual.
Hace tiempo que las series de televisión no son las hermanas pobres del cine. De hecho, en los últimos años se han estrenado varias series de gran calidad que las hacen mucho más interesantes que muchos largometrajes. No hablo sólo de “clásicos” como Expediente X, Seinfel, Frasier, Urgencias, Los Simpson, o Sexo en Nueva York. La lista de joyas televisivias se ha ampliado últimamente con títulos como El ala oeste de la Casa Blanca, CSI, House, Nip Tuck, 24, Los Soprano, etc.
Dado este gran nivel de la televisión estadounidense actual no es de extrañar que Tom Cruise se haya fijado en el hombre que se encuentra detrás de tres de los títulos más exitosos de las últimas temporadas, me refiero a J.J. Abrams, creador de Felicity, Alias, y el bombazo Perdidos. Abrams es todo un veterano cineasta que, además de dirigir varios capítulos de sus series, escribió los guiones de, entre otras, A propósito de Henry y Armageddon, y que en éste su debut como director de largometrajes ha introducido un nuevo elemento en la serie: el factor humano.
Todos recordamos las series que nos apasionaban en nuestra infancia y juventud. Los títulos variarán según nuestra edad, claro. Para unos resultarán claves Las calles de San Francisco, Los hombres de Harrelson, Starsky y Hutch, o Corrupción en Miami, mientras que otros serán más de las generaciones de Canción triste de Hill Street, Policías de Nueva York, 24, o CSI. Pero seguro que todos estaremos de acuerdo en una cosa: los capítulos más emocionantes siempre eran aquellos en los que los protagonistas se veían implicados personalmente. En “mi época”, los capítulos que más nos gustaban eran aquellos en los que asesinaban a la novia de Hutch, o secuestraban a la de Crockett.
Abrams, experto en televisión, se ve que conoce perfectamente este hecho, y ha optado por seguir este camino, algo lógico, por otra parte.
En Mission: Impossible 2, Ethan Hunt (el personaje de Cruise) ya tuvo que enfrentarse a un virus apocalíptico ¿Cómo subir la apuesta? Es cierto que ahora nos encontramos ante algo peor, un elemento algo surrealista capaz de destruir todo el mundo, un anti-Dios (como lo denomina uno de los personajes), cuyo nombre clave es “pata de conejo” (curiosamente un nombre de amuleto de la buena suerte). Ni sabemos qué es ni cómo funciona, siendo así, junto con el maletín de Pulp Fiction, el McGuffin más descarado que recuerdo haber visto .
Pero todo esto es secundario. Lo que realmente engancha de la peli es que Ethan Hunt está enamorado y que él y su chica corren grave peligro. El amor le ha vuelto humano y vulnerable, y eso lo hace más interesante como personaje.
Este punto débil de Hunt se muestra desde el principio, en ese comienzo (in media res) impactante y tramposo que nos mantiene en tensión desde el primer minuto de la película.
Tras este potente arranque, y una vez planteada la misión inicial del agente, nos zambullimos en una serie de secuencias de acción realmente magistrales (sin cámara lenta) que se alternan con escenas en las que la fuerza reside en los diálogos y las actuaciones de los protagonistas. Los mejores ejemplos de este tipo de escenas son los cara-a-cara entre Ethan Hunt y Owen Davian, el villano, interpretado por un Phillip Seymour Hoffman que realmente da miedo.
Todo esto dentro de un guión sin apenas fisuras que contiene buenas descripciones de los personajes (dentro de lo que cabe, claro, esto no es una película de Ingmar Bergman), una narración visual y argumental impecables, buenas actuaciones, y todos los gadgets, sofisticaciones y máscaras que pueda esperar el aficionado de MI.
En resumen, una gran película, a mi entender la mejor de la serie.

Ahora la pregunta es sí habrá más filmes, viendo cómo acaba este.
Personalmente tengo dos teorías al respecto.
Una: no habrá más entregas después de esta. Dos: Habrá otras dos entregas. El título será MI5, al igual que agencia británica a la que pertenece James Bond (cuya serie inspira de alguna forma Misión: Impossible); esta conjunción causará una especie de implosión cósmica que aniquilará ambas sagas y, de paso, acabará con el continuo espacio-tiempo.
Pero habrá que esperar unos años para saber si alguna de mis teorías es cierta.
De lo que no hay duda es de que esta nueva entrega será un nuevo éxito para la carrera de Tom Cruise.
Ha vuelto a conseguirlo, y sólo los envidiosos podrán decir que no se lo merece.

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