Cosas Rorschach
Iñaki Bahon - 21-12-2005 01:34:43 | Categoria: General
(Posiblemente el texto más divagatorio, alucinógeno, absurdo e inconexo que creo haber escrito jamás)Introducción
En la ya larga historia de la humanidad, qué duda cabe, la capacidad creativa del hombre ha desarrollado cosas realmente útiles que nos facilitan mucho la vida, y sin los cuales ya no se entendería nuestro día a día. Lavadoras, televisores, modernas medicinas, automóviles, teléfonos, etc. son sólo algunos ejemplos de esos inventos sin los cuales ya no podríamos sobrevivir, por decirlo de alguna manera. Pero claro, cuando se pone a crear, el ser humano no siempre consigue un bingo. También existen otros inventos más sospechosos que los citados anteriormente, productos que, aunque sin duda resultan muy rentables para las empresas que los comercializan, no está claro que sean tan interesantes para el usuario. Entre estos podríamos citar el súper pegamento, el cual, gracias a su eficacia uniendo cualquier cosa de forma permanente, por ejemplo su propio bote con su propia tapa, tan sólo puede usarse una vez. Y también conocemos ingenios que, directamente, son una auténtica chapuza, como esos flotadores para niños que son como una especie de melón de corcho rojo que se sujeta a la espalda por medio de una correa. No entiendo cómo puede confiarse la vida de una criatura a semejante artilugio que, aunque insumergible en sí mismo, en absoluto garantiza que el indefenso niño que va adosado a él no vaya a permanecer bajo el agua más tiempo del deseable. A mi modo de ver, la única ventaja de utilizar estos flotadores es la de facilitar la localización de los cadáveres de los niños ahogados. Una boya roja señala el lugar.
Así que, recapitulando, entre la larga lista de inventos de la humanidad tenemos cosas tremendamente útiles, cosas de dudosa utilidad, auténticos fraudes, cosas inútiles... y también cosas Rorschach.
¿A qué llamo una “cosa Rorschach”, os preguntaréis? Me explico. Todos conocemos esa prueba psiquiátrica llamada “Test Rorschach” que consiste en mostrar al paciente una serie de manchas simétricas para analizar lo que el individuo cree ver en ellas. Las manchas no representan nada en sí mismas, pero se supone que permiten estudiar al sujeto, ya que éste proyecta lo que lleva en su interior al ver en ellas unas cosas y no otras. Teóricamente el diagnóstico será distinto si el sujeto ve en la mancha un tierno cachorrito, un cadáver, o el mapa de Wisconsin.
Pues de la misma forma que las manchas no representan nada en sí mismas, y su único valor es el que tienen como herramienta para analizar a los pacientes, desde mi punto de vista existen muchas cosas a nuestro alrededor que sirven para nada, mejor dicho, que sirven para algo, pero cuya verdadera utilidad es la de estudiar la forma en la que la gente reacciona ante ellas.
Cosas Rorschach
Un ejemplo perfecto de “cosa Rorschach” es el arte moderno. Uno se va a ARCO (la feria de arte contemporáneo), y se encuentra con todo tipo de “obras” de supuesto arte, ante las cuales cada espectador reacciona de una forma distinta. Dado que el arte no “sirve” para nada, desde un punto de vista práctico, es difícil valorar la calidad de lo que tenemos delante como lo haríamos, por ejemplo, con un taladro. Y como tampoco existe suficiente perspectiva histórica como para saber si algo de lo que hay allí perdurará en el tiempo, o se considerará una mierda dentro de unos pocos años, la mayoría estamos perdidos. Y por eso el arte moderno es un ejemplo perfecto de “cosa Rorschach”: nuestras reacciones frente a estas obras nos definirán mucho más a nosotros mismos que a ellas. Aquí se ve quién tiene la suficiente personalidad como para decir abiertamente que algo no le gusta, a pesar del contexto en el que se haya, o quien es un snob que se pliega ante las modas más ridículas.
Por seguir con el arte, el cine ha utilizado explícitamente “cosas Rorschach” como base de algunas de sus películas. Así, muchos títulos que narran el encuentro entre nuestra raza e inteligencias extraterrestres dedican gran parte de su metraje a mostrar las distintas reacciones de los humanos ante los hechos. Abyss, Contact, Starman, Encuentros en la 3ª fase o Señales son sólo algunos ejemplos de películas en las cuales el contacto con los extraterrestres funciona como un test Rorschach galáctico, revelando el perfil de cada humano sobre la base de su reacción ante el histórico suceso. En principio nade nadie cuáles son las intenciones de los supuestos visitantes extraterrestres, pero puede aprenderse mucho de los humanos que las reciben estudiando sus reacciones. Unos acogen a los visitantes con alegría, esperanzados por conocer a una raza superior que pueda iluminarnos con su conocimiento, otras con temor ante lo que puede suponer una amenaza, otros cargan sus armas seguros de que se enfrentan a un enemigo, y también hay quien muestra un absoluto y cínico desprecio ante algo que considera carente de importancia. Todos ellos viven la misma situación, por lo que las distintas reacciones de cada uno sólo se pueden deber a sus diferentes personalidades. Aquí es cuando entra el psicólogo a analizar.
Más ejemplos
Para encontrar ejemplos de cosas Rorschach no es necesario irse al cine, ni mucho menos viajar al espacio exterior. Nuestro mundo esta lleno de cosas de estas. Iría más lejos: cualquier cosa, estudiada desde el adecuado punto de vista, es una cosa Rorschach. Incluso el hecho de que consideremos Rorschach una u otra cosa, ya dice mucho de nosotros, por lo que esta selección es, en sí, otra cosa Rorschach. Por ejemplo, el otro día encontré en unos baños de un cine, una pintada que rezaba “Gracias Katrina”. Sin más información al respecto, es imposible saber los motivos que el autor de dicha obra pudo tener para escribirla, por lo que cada lector puede darle el significado que quiera, o pueda. Algún aficionado al melodrama podría pensar que el autor agradecía así a su fallecida esposa Katrina los años de felicidad que ella le regaló (y aquí habría mucho que discutir sobre lo oportuno de manifestar tan profundos sentimientos en un meadero). O un romántico creería que lo escribió un enamorado que, incapaz de manifestar sus sentimientos a su compañera de trabajo, Katrina, le agradece su existencia en la intimidad del lavabo de caballeros. También habrá quien lo lea y piense que el tipo que lo escribió tan sólo daba las gracias a la puta que le hizo una mamada gratis en el cuarto de baño, o que se trataba de un futuro transexual que manifestaba así su gratitud a Katrina, una drag queen que le animó a que se cambiase de sexo. O, simplemente, un usuario del retrete inmortalizaba así su agradecimiento a la rusa que se encarga de la limpieza de las instalaciones y que un día le proporcionó el papel higiénico que tan desesperadamente necesitaba. Como se ve, las interpretaciones son infinitas y variopintas, y dicen mucho más de quien llega a dichas conclusiones tras leer el texto, que de quien los escribió. Yo, por mi parte, estoy convencido que la frasecita de marras fue obra de un tipo que, antes o después de ver Torrente 3 en dichos cines, escribió “Gracias Katrina” como homenaje al huracán homónimo que hace unos meses se pasó por la piedra a gran parte de la población negra de Nueva Orleáns.
Tal vez debería hacerme analizar.
Los secadores de manos
Otro buen ejemplo de cosa Rorschach son los secadores de manos de los lavabos públicos. Un ingenio que, supuestamente, tiene alguna utilidad, pero sólo supuestamente. Vamos a ver... ¿alguien se seca las manos “hasta el final” en uno de estos cacharros? Todos empezamos con buena voluntad frotándonos las manitas bajo el chorro de aire, pero a medida que pasan los minutos y nuestras manos siguen húmedas, nuestra impaciencia crece. Se nos enfría el café que hemos pedido, está a punto de empezar la película que hemos ido a ver, nuestro avión va a salir, o, simplemente, no queremos pasarnos el resto de nuestra vida intentando secarnos las manos, de modo que, finalmente, optamos por secarnos con papel higiénico, con la camisa, o en el fondillo de los pantalones. Allí donde veamos un lavabo con secamanos de aire nos encontraremos con gente que sale con las manos húmedas.
En realidad, para ser justo, debo reconocer que algunos modelos funcionan. Algunos son potentes, y secan las manos en un tiempo razonable. Mis favoritos son esos que se accionan mediante un gran botón metálico y que disponen de una tobera orientable, lo que permite secarse las manos y cualquier otra zona (y que siempre me recuerdan la escena de Buscando a Susan desesperadamente en la que una joven Madonna utilizaba uno de estos aparatos para secarse las axilas). Pero estos modelos son minoría. La potencia de la mayoría de estos artefactos es inferior a la deseable, problema al que a veces se suma alguna que otra sofisticación, como sucede con esos modelos de secamanos que no requieren un botón para activarlos, si no que se encienden situando las manos bajo un sensor. En principio nada que objetar, claro, salvo por una pequeña cuestión: el lugar en el que hay que colocar las manos para encenderlos raramente coincide con el lugar en el que hay que colocar las manos para secárselas. Por esta razón, uno se ve obligado a moverlas frenéticamente de un punto a otro para intentar aprovechar el aire caliente antes de que el circuito lo corte. Uno se siente como un mendigo intentando recoger la limosna de un enfermo de Parkinson.
Pero sin lugar a dudas, el mayor horror, en cuanto a secadores de manos se refiere, se encuentra instalado en los baños de los restaurantes chinos. Aquí suelen tener unos cacharros pequeños, feos y endebles que se accionan con un botón de plástico que ofrece poca confianza, y que, además, apenas funcionan.
¿En que se parece accionar el secamanos de un restaurante chino, y recibir un balonazo en los huevos? Pues en que, en ambos casos, nada sucede... al principio. El dolor producido por un balonazo o una patada en los huevos es un dolor asesino como el que más, pero se trata de un asesino que no tiene prisa en cazarte. Otros dolores, como causado al morderse la lengua o al golpearse la cabeza contra el filoso borde de un armario, son asesinos veloces, como el alien de la película: en cuanto te detectan se abalanzan sobre ti inmediatamente, y te destrozan. Pero el dolor del balonazo en los genitales es más del tipo Michael Myers, el de la saga de La noche de Halloween, un asesino paciente, seguro de sí mismo, que no tiene prisa, que no necesita correr: sabe que al final acabará cogiéndote. Pues eso, que un secamanos de los chinos es así: lo pulsas, y dudas de si lo has accionado o no, porque nada parece suceder. Después, tras unos segundos, comienzas a escuchar un rumor procedente de su interior: algo comienza a moverse de forma perezosa, como si se tratara de un ciclópeo mecanismo encargado de generar la rotación de un ignoto planeta que arrancase con dificultad tras un letargo de eones. Y finalmente se percibe que empieza a salir un poco de aire. Pero aire frío.
La relación potencia-temperatura del aire, que establece la calidad de un secamanos, es, en los chinos, casi ideal: el chorro es poco potente, pero al menos sale frío. Una gozada, vamos.
Muchas veces me he preguntado por qué es así. Es decir, por qué estos cacharritos no generan aire caliente. Suponía yo que se debía a que los propietarios de estos establecimientos tal vez anularían la resistencia (o lo que sea que caliente el aire expulsado) de estos aparatos para disminuir así la factura eléctrica. Parecía una hipótesis válida, pero la auténtica respuesta llegó a mí en una pesadilla. Una noche, en sueños, visité la fábrica donde se montan todos estos cacharros, y di con la respuesta al enigma de por qué los secamanos de los chinos generan poco aire, y encima frío, una respuesta terrible y sobrecogedora: hamsters.
Estos aparatos contienen en su interior una jaula con uno de estos animalitos, y una rueda para que hagan ejercicio. Cuando el usuario activa el botón proporciona al roedor una descarga eléctrica que le impele a correr por la rueda, la cual, al girar, genera la pobrísima corriente de aire frío con la que uno, estúpidamente, pretende secarse las manos. Cuando uno de los pobres animalitos fallece, se le reemplaza rápidamente por otro infortunado congénere. En cuanto al destino que se le da al cadáver... bueno, uno no puede creerse todo lo que lee, y mucho menos lo que lee en la carta de un restaurante chino.
De modo que, si la mayoría de estos secamanos no sirven para secarse las manos ¿para qué demonios sirven? Pues lo dicho, como el test Rorschach se tratan de catalizadores de reacciones humanas. Lo realmente interesante de estos cacharros es estudiar la actitud que adoptan las personas mientras esperan a que sus manos se sequen, o esperan su turno mientras otros esperan a que sus manos se sequen. Un buen observador puede averiguar mucho acerca de lo paciente, impaciente, iracunda o nerviosa que es una persona viendo cómo se comporta ante un secamanos.
La inquietante cuestión que se deriva de todo esto es ¿quién instala esta y las demás cosas Rorschach, y con qué siniestros fines?
En resumen
Como he dicho, la lista de ejemplos de cosas Rorschach es casi infinito, y serán bien recibidos los que queráis enviarme, así como las reacciones que revelan.
Siguiendo esta línea de pensamiento habrá también quién se pregunte si existen seres, humanos o no, que se encargan de la colocación de cosas Rorschach con el fin de estudiarnos como a especimenes bajo un microscopio. Respecto a esto también me gustaría escuchar opiniones de todo tipo.
Por último, citaré otro ejemplo del tema que nos ocupa: teniendo en cuenta que una bitácora personal permite a su creador escribir sobre cualquier tontería que se le pase por la cabeza, descubriendo así, de forma bastante nítida, todas sus taras mentales... ¿puede existir alguna cosa más Rorschach que un blog personal?
Comentarios (3) - Referencias (0)
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Comentarios
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Un gran blogo el tuyo, afirmo.
Comentario de el gran chimp hace 2 años y 30 meses
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jajajaja
muy bueno!!
una cosa... el arte moderno es cosa rorschach porque es ambiguo, el arte en sí es cosa ambigua, también la música, y no es que existan sin sentido, sino que cumplen una función del tipo estética, para entretenimiento, cuestión lúdica, etc......
bue, me voy, chau desde arg.!Comentario de Johanna hace 2 años y 30 meses
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Vaya por Dios, he aguantado para leer hasta el final desde la línea catorce, y en la última me pisas el comentario. En efecto, tu blog es una cosa Rorschach (y ahora procedo a compiar la palabreja en el portapapeles), pero no tanto como esas noticias de Periodistadigital.com que yo llamo "la cosecha". Todos los días, cada día desde que leo dicho diario digital, me encuentro una noticia aparentemente inocua que despierta los más profundos odios de las Españas cainitas. Un miserable comentario de textos refritos de otros periódicos enciende las brasas de una Guerra Civil. Es curioso, pero siempre me han parecido "sospechosas" estas noticias y sus objetivos. Es la cosecha de cada día... una cosecha de odio. Un texto estupendo amigo mío, que como siempre me recuerda en estructura y planteamientos a un buen capítulo de Los Simpsons: errático, despistador y genial. Muy divertido. Abrazos.
Comentario de Andolini hace 2 años y 30 meses
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