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Donde no me llaman

Fumadores demasiado pasivos

En España hay varios millones de personas que fuman. Ateniéndonos a la estadística más fundamental es imposible que todos ellos sean idiotas. Precisamente por esta razón ya he desistido de mantener con ninguno de ellos la habitual discusión entre fumador-no fumador. Y he desistido porque me resulta más que evidente que si una persona medianamente inteligente se niega a reconocer que mi derecho a impedir que me pisen es superior a su derecho a pisarme, no es porque sea incapaz de entender mis argumentos: el problema consiste en que no quiere hacerlo.
Por esta razón, como no hay peor ciego que quien no quiere ver, y como tampoco se puede llegar a soluciones razonables con quien se niega a razonar, la ley era la única esperanza que nos quedaba a los eufemísticamente llamados “fumadores pasivos”. Debo decir, antes de que algún lector-fumador tuerza el gesto con aire condescendiente pensando que soy uno de esos no fumadores coñazo, que llevo casi 40 años conviviendo en casa y en el trabajo con el humo, y mis quejas han sido prácticamente nulas. Y que tampoco deseaba yo que se instalase en nuestro país la excesiva paranoia antitabaco que existe, por ejemplo, en Nueva York. Pero sí confiaba en que, a medio camino entre aquello y la situación en España, se promulgase una ley que hiciera más respirable los humos para todos aquellos que, como yo, no le ven ningún atractivo a los cigarrillos.
Parecía que el PSOE estaba dispuesto a poner un poco de orden en este sentido y, con este fin, redactó una ley restrictiva que entrará en vigor el año próximo. Al parecer, según dicha ley, no se podrá fumar ya en ningún centro de trabajo, ni lugar público. Incluso los negocios hosteleros (bares, cafeterías, restaurantes, etc.) se verán afectados por esta ley. Según entendí yo en un principio, todos aquellos locales de este tipo que no pudieran habilitar una sección de fumadores como “Dios manda” (no como las ridiculeces que se ven ahora), deberían prohibir fumar en todas sus instalaciones.
Pero mi alegría duró bien poco. La letra pequeña de la ley explicaba, contrariamente a lo que yo pensaba, que todos aquellos locales (hosteleros) de menos de cien metros cuadrados, en los que resulta físicamente imposible separar zonas para fumadores y no fumadores, deberían elegir si querían prohibir o no fumar en sus locales. Es decir, que cada dueño deberá elegir si su negocio, a partir del año próximo, será “para no fumadores”; o “para fumadores”. En caso de elegir esta última opción todo seguirá igual que hasta ahora, con la única diferencia de que en dichos locales estará prohibida la entrada de menores de edad, para protegerlos del humo.
Hay mucha diferencia entre lo que yo pensaba que la ley decía, y lo que dice realmente. ¿Alguien cree que algún hostelero, si se le da a elegir, va a decidir que en su local no se pueda fumar? Aunque el tipo tenga insuficiencia respiratoria aguda, por motivos comerciales no va a optar por el suicidio empresarial que supondrá, en la práctica, que gran parte de su clientela desertará al bar de al lado, donde sí se puede disfrutar libremente del tabaco. Es absolutamente comprensible que tomen ese camino. En su lugar casi todos haríamos lo mismo. Conclusión: a partir del año 2006, gracias a la arriesgada y progresista ley anti-tabaco del PSOE, se podrá seguir fumando en la casi totalidad de los locales.
Pues vaya mierda.
Ahora es cuando alguno me dirá que si no quiero respirar humo, que no me meta en locales donde se fuma, que nadie me obliga. En parte tendrá razón. Nadie obliga a ningún cliente a entrar en un local, de modo que podrá elegir si quiere o no tragar humo. El problema es que mis opciones son más limitadas. Yo soy camarero, por lo que no me quedará más remedio, salvo que deje el trabajo, que seguir tragando humo.
Si la ley no resulta demasiado satisfactoria para una gran parte de los clientes, para gran parte de los trabajadores de hostelería resulta tremendamente injusta y discriminatoria. Ese cacareado derecho de cualquier trabajador a respirar aire puro en su trabajo es tan sólo papel mojado. Tal vez será así para quien trabaje en oficinas, en comercios, en bancos, etc., pero los camareros no disfrutaremos de ese derecho ni por el forro. “Bueno, es que cuando hablamos del derecho a no tragar humo nos referíamos a trabajadores serios, no a los camaretas. A los camaretas que les den”.
Claro, a los camareros que nos den por el culo.
No sólo tenemos peores horarios y jornadas de trabajo más duras que la mayoría de trabajadores; ahora también estamos discriminados en lo referente a nuestro derecho a la salud. Esta realidad es incluso más preocupante si se tiene en cuenta que somos uno de los gremios más expuestos a grandes cantidades de humo, ya que trabajamos en locales utilizados para el esparcimiento y el ocio, momentos el consumo de tabaco se dispara. Vamos, que estamos jodidos doblemente. Y ni siquiera nos quedará el derecho a quejarnos a la empresa, no sea que ahora empiecen las discriminaciones a la hora de contratar, y en los anuncios de trabajo incluyan la coletilla “no fumadores, abstenerse”.
Lo que yo me pregunto, desde mi indignación ante este panorama, es hasta dónde podremos llegar los no fumadores con nuestro moderado y en general respetuoso comportamiento, sobre todo en comparación con el trato que recibimos por parte de los fumadores. Los que confiábamos en que el PSOE iba a legislar de forma valiente en este terreno hemos comprobado que las cosas sólo se han hecho a medias, y resulta poco realista confiar en que esta ley “mejore” en un corto plazo. Por lo tanto, tal vez habría que decidirse a tomar otras medidas y, no sé, tal vez lanzarse a la calle, ahora que está tan de moda que hasta la derecha lo hace.
Tal los fumadores pasivos estemos cometiendo el error de ser demasiado pasivos.

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