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Donde no me llaman

El reino de los cielos

[Comentario sobre la última película de Ridley Scott]

Tras lustros en los que intermitentemente llegaban a nosotros noticias sobre ese famoso proyecto sobre Las cruzadas que durante una larga época parecía que iba a protagonizar Arnold Schwarzenegger, se estrena ahora, no sé si como fruto de aquel proyecto o no, El Reino de los Cielos.
El título de la película se refiere a un hipotético estado en el que todas las religiones y las culturas podrían convivir en paz, aunque en la realidad la ambición y la ruindad de algunos de los cruzados conducen a la pérdida de Jerusalén frente al ejército musulmán.
El filme presenta un fresco sobre la vida de la época (y, tal vez, apunta cierto paralelismo con la actual situación geo-política), pero las necesidades narrativas del lenguaje cinematográfico obligan a que la historia se cuente a través de las vivencias y peripecias de un personaje central, un protagonista que sostenga la película. Este no es otro que Balian, hijo bastardo de Godofredo de Ibelin, quien tras la muerte de su padre deberá tomar posesión de sus propiedades en tierra santa, y luchar contra los infieles.
Y en el protagonista reside, a mi entender, uno de los grandes problemas de la película.

Orlando Bluff
En unos pocos años, el amigo Orlando Bloom se ha convertido en uno de los principales héroes del cine de aventuras. Desde que saltó a la fama interpretando al elfo Légolas en la saga de El Señor de los Anillos, Bloom ha generado en un auténtico fenómeno de fans, y se ha transformado en el terror de las nenas. Este tirón para determinado tipo de público parece ser la causa, más que su capacidad interpretativa, de que haya trabajado en películas tan importantes como Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra, Troya, o esta El Reino de los Cielos.
Seamos claros: no digo yo que Orlando Bloom no sea un tipo guapo, pero como actor deja bastante que desear. Su limitada expresividad le convierte en casi todas las películas citadas en poco más que un chico florero, un reclamo para atraer niñas al cine, y sus personajes no han podido competir con los de Viggo Mortensen (Aragorn en El Señor de los Anillos), Johnnie Depp (Jack Sparrow en Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra), o Brad Pitt y Eric Bana (Aquiles y Hector en Troya). Pero su escaso peso específico no ha sido obstáculo para que se haga cargo del papel protagonista de la película de Ridley Scott (con quien ya había trabajado Black Hawk derribado).
Pues bien: Bloom vuelve a hacerlo. A pesar de que Balian es un personaje más complejo, oscuro y torturado que los que ha interpretado en anteriores filmes, su trabajo es flojo, y toda la película se resiente por ello. Pero el escaso interés de Balian no se debe únicamente al hecho de que Bloom sea un actor del montón, tampoco ayuda la forma en la que está escrito este personaje, y cómo está narrada su historia. Durante la mayor parte del metraje Balian se limita a dejarse llevar por las circunstancias, a reaccionar ante los acontecimientos sin tomar el timón de su vida hasta bien avanzado el dilatado metraje. Las circunstancias le obligan a huir de su país, y viajar a Tierra Santa junto a su recién descubierto padre, sin ser realmente dueño de sus actos. Tampoco se tiene muy claro qué es lo que quiere conseguir el personaje de Bloom (más allá de ese genérico “perdón” que busca), ni, ya puestos, se entiende qué es lo que ha logrado cuando acaba la película. Todos estos factores hacen de éste un personaje débil, poco atractivo.
Durante la primera parte, sus peripecias están contadas sin fluidez, sin la ilación entre escenas necesaria para que una película funcione bien. La trama avanza bruscamente, como a trompicones, siendo muy representativo de esto el modo en el que se pasa por encima de momentos tan importantes como el del naufragio, o lo absurdo que resulta que, una vez en Tierra Santa, el Rey Balduino decida poner Balian al frente de las tropas de Jerusalén cuando sus únicos méritos hasta el momento son haber construido un pozo, y haber luchado en una batalla.
Es curioso como casi todos los personajes principales de la película resultan mucho más atractivos que el del protagonista. Personalmente me hubiera interesado más conocer la historia de Godofredo de Ibelin, Tiberias, El Rey Balduino, o del mismo Saladino, interpretados respectivamente por Liam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton (enmascarado durante toda la película), y Ghassan Massoud. Actores, todos ellos, mucho más competentes que el joven Bloom.

Círculos
El Reino de los Cielos existe gracias a Ridley Scott por partida doble.
Primero, evidentemente, porque es él quien la produce y dirige. Pero también porque no cabe duda de que si esta historia épica ha visto la luz es, en gran medida, por que la viabilidad de este género quedo demostrada por el desmesurado éxito de otra mediocre película del realizador. Por supuesto hablo de Gladiator.
Cuando nadie daba un duro por este tipo de películas, la gran recaudación obtenida por el título protagonizado por Russel Crowe, además de la aquellos Oscars tan inmerecidos, abrió una vía por la que luego se colaron otros títulos, como la citada trilogía de los Anillos, Troya, El Rey Arturo, y demás.
Con cada nuevo estreno los efectos especiales han ido mejorando. Ahora ya no hay que preocuparse por encontrar un paisaje sin torres eléctricas, ni por el coste de contratar miles de extras. Los ordenadores se han ocupado de ofrecernos perfectas recreaciones históricas y mundos que jamás han existido, a un coste asequible (que no barato).
Pero claro, estamos hablando simplemente de herramientas, que de nada sirven si no están utilizadas sabiamente. Y es que, por mucho que todos los directores que se encargan de películas de este tipo pregonen que los efectos especiales no son nada si detrás no existe una buena historia que emocione, la mayoría acaban cayendo en la trampa y ofreciendo espectáculos brillantes, sí, pero con escaso fondo.
La película de Scott es, como casi todas las suyas, estupenda en el aspecto formal. La fotografía, la música, el diseño de producción, vestuario, escenarios, efectos visuales... todo ello resulta impecable, y poco o ningún pero se le puede poner. El problema es que todo está puesto al servicio de un guión que no acaba de resultar, por lo que todo el conjunto se resiente.
He leído en algún medio que la descompensación del guión (a cargo del casi debutante William Monahan) puede deberse a un brutal recorte de película para limitar su desmesurada duración inicial. Es posible. Pero no acabo de entender que, sobre el papel, no se prevea la duración de la película para prevenir podas absolutamente nefastas.

El misterio Scott
Como pasa con todas las últimas películas de Ridley Scott, uno se enfrenta al filme con la duda de la categoría a la que pertenecerá dentro de la filmografía del director británico. ¿Será una de sus buenas películas, o una de las malas? Pues ni lo uno ni lo otro. El Reino de los Cielos es una película fallida, que no se puede decir que sea mala, pero que tampoco funciona demasiado bien. Algo habitual en el cine actual, pero no por ello más perdonable, sobre todo cuando hablamos de una gran producción, como sucede en este caso.
Son muchos quienes no acaban de entender lo irregular de la filmografía de Ridley Scott. Todos recordamos algunas de sus grandes películas (Alien, El octavo pasajero, Blade Runner, o Thelma y Louise), y hay quien no entiende su responsable pueda haber rodado también cosas como Tormenta blanca, La teniente O’Neil, o la ya citada Black Hawk derribado.
Desde mi punto de vista, la respuesta a esta cuestión que se plantea hace años es muy sencilla, y resulta fácil de entender para todos aquellos que, como yo, no creemos en la teoría del cine de autor. Sería extraño que un pintor, único responsable de su obra, alternase obras sublimes con otras deleznables. Pero un director no hace una película él solo. Ridley Scott ha dirigido todas sus películas, pero no todas han contado con el mismo guionista, productor, o con los mismos actores, por citar tan sólo algunos profesionales claves en el resultado de un filme.
Es así de simple: seguramente, en sus grandes obras, Scott contó con un equipo y un guión mejores que el que colaboró con él en algunas de sus pifias.

Deja vu
Si bien, como ya he dicho, El Reino de los Cielos resulta formalmente estupenda, toda este lujoso envoltorio transmite poca o ninguna emoción. De hecho, me resulta significativo que la escena que más me conmovió fue aquella en la que Balian nombra caballeros a todos los hombres de Jerusalén antes del asalto final del ejército musulmán. Una escena barata puede funcionar, Scott.
En cambio, tanto despliegue de tropas me deja bastante frío. Entre otras cosas porque en los últimos tiempos he visto más o menos lo mismo muchas veces. ¿Cuántas cargas de caballería rodadas a cámara lenta y con coros como música de fondo puede uno soportar antes de bostezar? ¿Cuántas batallas colosales en las que no acabamos de aprehender los movimientos de tropas ni, si me apuras, las peleas cuerpo a cuerpo, pueden vendernos antes de que alguien grite “¡Basta!”?
Pretender sorprender al espectador sólo con esto después de lo que ya ha visto recientemente, es absurdo. Tanto como liarse con la exnovia de Nacho Vidal o Rocco Siffredi e intentar impactarla con las dimensiones de nuestros genitales.
Hay que ofrecer algo más que tamaño, chicos.

Conclusión
El Reino de los Cielos resulta una película moderadamente entretenida, y sin duda vistosa, pero también errática y fallida.
Es una pena que tras muchos años sin que una producción de esta magnitud afrontase el tema de Las Cruzadas, cuando se aborda el proyecto el resultado sea tan ramplón, y tan poco didáctico, si se me permite el término, ya que tampoco ilustra demasiado bien cuál es la situación en Tierra Santa, ni cómo se ha llegado hasta ella.
Para concluir, tampoco acabo de entender el desenlace de la narración: tras varios días de asedio y terribles batallas, Balian entrega Jerusalén a Saladino a cambio de que todos sus hombres sean escoltados hasta el mar, desde donde regresarán a sus hogares. Los caballeros cristianos reciben este acuerdo con gran alborozo, y jalean a su líder, como si hubiese obtenido una gran victoria. No lo entiendo. Todo parece apuntar que Saladino (a quien se presenta como un hombre de honor que se rige por el sentido común) hubiera accedido a ese mismo acuerdo antes de comenzar las hostilidades, lo que hubiera supuesto un gran ahorro de vidas y sufrimientos. ¿Por qué, entonces, se presenta este final como un final feliz?
Agradecería que alguien me explicase este desenlace que, por otra parte, resulta adecuado dentro de un conjunto que nunca deja claro cuáles son sus propósitos.

Referencias

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Comentarios

  1. Vamos a ver si te convence lo que yo entendí: cien años antes, los cristianos tomaron Jerusalén en la primera cruzada con una masacre de proporciones históricas. En una escena vemos que Saladino es presionado por alguno de sus generales para que "cumpla su promesa" (retomar la ciudad y vengar a los muertos), y parece que Sallah Ha Dinh no está muy por la labor de montar una escabechina (en dos ocasiones muestra su cercanía con la política de Balduino, "un gran rey"). Balian sabe que la ciudad está perdida, y su único objetivo es "proteger al pueblo" (su promesa a su padre y al rey Balduino). Es decir, resistir hasta obligarles a negociar la retirada de los civiles ante las bajas en ambos bandos.
    Añadido histórico: Al final de la peli Ricardo Corazón de León intenta reclutar a Balian para la tercera cruzada, y este se niega. El Plantagenet no conseguirá recuperar Jerusalén, pero negociará con Saladino una paz frágil, en la que se garantizará a los peregrinos cristianos su derecho a visitar los lugares sagrados. Esta tregua se rompió con la muerte de Saladino.
    Por cierto, Ridley se repite con la música: la escena del funeral de Balduino va acompañada con el mismo Aria, muy bonita por cierto, que una secuencia de "Anibal" (¿o era Hannibal? ¿Annibal?), previa a la muerte del policía italiano.
    No me gustó la peli, pero me pareció mejor que "Gladiator".
    Comentario de redacción cuidada para lectura amena y rápida, como siempre. Un abrazo.

    Comentario de Andolini hace 3 años y 38 meses


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