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Donde no me llaman

Saw

[Comentario sobre una de las películas revelación de la temporada]

En ocasiones no resulta conveniente analizar demasiado las cosas.
Uno puede, por ejemplo, cargarse una relación de pareja que va bien si se empeña en examinarla en todos sus aspectos para tratar de averiguar los motivos de su éxito, los posibles fallos, la dirección en que evoluciona, etc.
Algo parecido pasa con las películas.
A veces hay que disfrutarlas sin más. Dejar que te lleguen sin necesidad de filtrarlas en exceso, ya que, de lo contrario, podríamos neutralizar su encanto. Por esta razón me he resistido a ver Saw por segunda vez para escribir este comentario. Intuía que un nuevo pase, más analítico, iba a llevarme a descubrir algunas trampas y agujeros en el guión que tal vez me habían pasado desapercibidos la primera vez. Así que decidí escribir este texto basándome en la primera impresión que me había producido la película.
Y mi primera impresión es que Saw es el filme más inquietante que he visto en mucho tiempo.
Empieza fuerte, presentándonos a dos desconocidos encerrados en un baño sin que ninguno sepa cómo ha ido a parar allí, y mantiene el ritmo perfectamente, sin decaer. Algo muy meritorio: todos sabemos que es mucho más fácil escribir un buen comienzo que rematar bien una película. Es más, a medida que avanza, la historia se vuelve más retorcida e inquietante, hasta llegar a la estupenda secuencia final (que no voy a desvelar, por si alguien no la ha visto aún).
Se han señalado en muchos sitios las similitudes que existen entre Saw y títulos como Pi o Cube. Por una parte su inicio remite directamente a la película de Vincenzo Natali, que también arranca con un grupo de personas confinadas sin que nadie (ni el espectador ni ellos mismos), sepan qué hacen allí. Y, desde otro punto de vista, las tres son películas pequeñas y más o menos independientes que, inesperadamente, se convierten en éxito, sobre todo en el caso de la película que nos ocupa. Pero considero que la película con la que más paralelismo muestra Saw es, sin duda, con Seven. Esa obra emblemática de los 90 que, a mi entender, se ve superada en muchos aspectos por la cinta de James Wan.
Tenemos aquí también a un criminal (en el caso de Saw no se puede hablar de asesino propiamente dicho, ya que él no mata directamente a nadie) con “motivaciones morales”. Un desequilibrado que, al igual que el John Doe de Seven (estupendo, como de costumbre, Kevin Spacey) pretende actuar como catalizador de un presunto cambio en la actitud de la gente. Castigando de forma terrible a sus víctimas intenta “dar ejemplo”, y advertir a la sociedad de que va “por mal camino”.
Por otra parte, si en aquel título teníamos a Morgan Freeman como el detective a punto de retirarse, que quiere resolver el último caso de su carrera, aquí tenemos a Dannie Glover encarnando a un policía caído en desgracia obsesionado con detener al psicópata causante de su ruina, y que, una y otra vez, se le escurre entre los dedos.
Saw también comparte con Seven ese empeño por regalarnos con un catálogo de crímenes a cuál más terrible, los cuales conocemos, en ambas películas, a posteriori, cuando ya han sido cometidos (y que en Saw se muestran mediante unos flashabacks de un molesto estilo videoclipero).
Pero, aparte de estas coincidencias indiscutibles, para mi el principal punto en común entre ambas obras es su éxito a la hora de construir una atmósfera agobiante, inquietante, donde la luz y la esperanza no parecen tener cabida.
No existe mayor horror que el caos, y la ausencia de orden. La humanidad, a través de la religión, la superstición, o cualquier otro sistema, ha tenido siempre la pretensión de que la vida tenga un orden del que, en realidad (lo siento, chicos), carece. Cuando algo horrible sucede, quien más quien menos trata de encontrarle cierta explicación que nos tranquilice. La muerte y el asesinato siempre son terribles, y, cuando se dan, buscamos alguna explicación en la que refugiarnos, como un pequeño islote en el que evitar mojarnos los pies con las frías aguas de la realidad.
Un tipo se estrella con su coche y se mata. Horrible. Escuchamos la noticia en televisión, y cuando nos dicen que es posible que fuera bebido, respiramos más tranquilos. “Él se lo ha buscado”, pensamos, y seguimos comiendo tranquilamente.
Un joven es acribillado a balazos en una calle céntrica, a plena luz del sol. Tremendo. Pero cuando leemos que se trataba de un inmigrante, y que tal vez la causa del crimen ha sido un ajuste de cuentas, nos relajamos. “Bueno, al menos se matan entre ellos”, nos decimos. A nosotros eso no nos puede pasar. Estamos a salvo.
Mentira.
Es cuando un edificio se hunde sin motivo aparente causando varios muertos, o cuando un conductor suicida mata a una familia inocente, o cuando (ya puestos), un atentado acaba con doscientas personas “normales”, cuando sentimos miedo de verdad.
No hay orden. Las cosas pasan porque sí. Y pueden pasarnos a cualquiera.
Nadie está a salvo.
La ausencia de lógica cósmica acojona. Y tanto James Wan y Leigh Whannell (escritores, y también director y protagonista, respectivamente, de Saw), como Andrew Kevin Walker (guionista de Seven), lo saben perfectamente.
La desazón que provoca la película que nos ocupa no la provoca sólo el hecho de que Cary Elwes (el apolíneo Westley de La Princesa prometida) esté hecho una foca, ni que los crímenes que se nos presentan sean horribles. Lo inquietante es que se nos aparece el mal en estado puro, un psicópata que no tiene ninguna piedad con sus víctimas, las cuales, y esto es lo peor, son personas normales (cualquiera de nosotros), que en absoluto merecen semejante destino.
Esta atmósfera tan poco tranquilizadora, que también se daba en la película de David Fincher, es en el caso de Saw aún más tremenda.
Sin personajes a los que aferrarnos, sin lógica, sin explicaciones, sin justicia, sin esperanza, sin luz... Uno sale del cine con la sensación de haber visto una película capaz de revolverte el cerebro como pocas veces sucede. Y deseando que se estrene pronto esa secuela que ya se anuncia

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Comentarios

  1. Cuando yo ví la película también me pasó lo mismo. Al principio también me pareció.... no sé explicarme, pero la verdad es que luego, cuando conscientemente dije que la iba a disfrutar sin pensar, me quedé con la sensación que estaba buscando al elegirla: una angustia vital importante. En definitivas cuentas, que la estoy recomendado a muchos amigos, y ninguno me ha dicho nada malo de momento.

    Comentario de Lerenda hace 3 años y 37 meses

  2. Hará como un año que la vi en el cine, rematándola pocos meses después en el salón de casa. Me impactó, me gusta la mente retorcida del director y esa atmósfera que tú también defines. Hace unos pocos meses vi la segunda parte, y aunque es verdad que muchas pierden interés, y por ese motivo ya iba concienciada a que no me sorprendería, reconozco que sino igual que la primera, merece la pena.
    Te felicito de nuevo, buena síntesi de la película y excelente combinación con Seven. ¿Para cuándo tu guión?

    Comentario de Susana hace 2 años y 27 meses


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