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Donde no me llaman

Equilibrium

[Vista en la Muestra de Cine Fantástico y de Ciencia Ficción de Calle 13, en enero de 2005]


En la secuencia del enfrentamiento final de Blade, el caza-vampiros acribilla a Deacon Frost con unas jeringuillas provistas de un antídoto anti-vampiro que se supone van a destruirle. Cuando sólo le queda uno de los “proyectiles”, Wesley Snipes lo lanza al aire, y cuando vuelve a caer lo recibe con una espectacular patada voladora que lo lanza directamente a la frente del chupa-sangre. Ante semejante despliegue de chulería y capacidad física, sólo una muestra más en un título repleto de ellos, uno de los espectadores que asistía a aquella sesión no pudo resistirse y grito a pleno pulmón: “¡Torero!”.
Todos nos reímos ante lo acertado del calificativo.
Desde aquel 1998 han sido muchos los títulos que se han apuntado a esa especie de subgénero del cine de acción/ciencia-ficción. Se trata de un tipo de películas caracterizadas por el escaso sentido del humor de los protagonistas (si hay algún personaje gracioso, es un secundario), su inexpresividad, su enorme habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo, una gran tendencia a los despliegues de violencia desmedida, y una resistencia sobrehumana a todo tipo de traumatismos que no consiguen ni despeinarles, ni despojarles de sus complementos más queridos, normalmente gafas de sol de diseño vanguardista. En definitiva, películas repletas de chulos arrogantes dándose de hostias sin despeinarse lo más mínimo.
Trilogías como la ya mencionada de Blade, la incipiente saga que supone Underworld, y, sobre todo, la fundacional Matrix, han sentado las bases de este género, que regularmente proporciona a las salas nuevos y, normalmente, exitosos títulos. Por todo esto resulta muy extraño que Equilibrium no haya sido estrenada en nuestro país.

Equilibrium era uno de los platos fuertes de la Muestra de Cine Fantástico y de Ciencia Ficción que Calle 13 organizó en enero de este año. Uno de los títulos más esperados por el público. La sala del cine Palafox estaba totalmente llena para asistir al pase, y se mascaba la expectación en las butacas (bueno, tal vez lo que se mascaban eran las galletas de chocolate que habían regalado a la salida del pase anterior, pero es igual), ante lo que se avecinaba.
La película parte de una premisa absurda: para prevenir crímenes y guerras, el estado obliga a los ciudadanos a inyectarse una droga (Prozium ¿os suena a algo?) que les impide experimentar emociones, ya que se supone que son éstas las que llevan a la sociedad a entregarse a la violencia. Para que nadie se olvide de cuál es el camino recto, hologramas del jefe supremo del cotarro predican por todos los rincones de la ciudad, y, para velar por el orden, los agentes de policía destruyen cualquier obra de arte (se supone que despiertan el lado emocional de las personas), no dudando en ejecutar sin juicio a aquellos individuos que demuestren alguna emoción, o se nieguen a tomar la droga en cuestión. La élite de estos cuerpos de seguridad son los Clerics (clérigos), quienes visten unos uniformes negros con aspecto de sotanas, y que demuestran ser auténticas máquinas peleando o utilizando todo tipo de armas.
Todo suena a conocido y poco original: los uniformes de influencias claramente nazis de las fuerzas de seguridad, el claro paralelismo entre los Clerics y la represión que supone el catolicismo más fundamentalista, esa sociedad fría y ultra-tecnificada, la resistencia viviendo en subterráneos esperando el momento de la rebelión, el jefe de las fuerzas represoras que se cambia de bando a favor del bando rebelde... Todo visto ya mil veces, y que hace todo muy predecible.
Pero al público le encantó.
Los aullidos y aplausos que en varias ocasiones despertó Equilibrium entre el público demuestran lo facilones que somos los aficionados al género. Basta con que se nos ofrezca una mezcla de elementos supuestamente serios (tomados de obras clásicas como Fahrenheit 451, Un mundo feliz, o 1984), aderezado con estética tipo (sí, otra vez) Matrix, y mucha mirada “acero azul”, para que todos disfrutemos como cochinillos.
No voy a negar que la película es entretenida, pero la evidente mezcla de influencias, y lo esquemático de personajes y trama transmiten la sensación (por otra parte habitual en este tipo de cine), de que el continente prima sobre el contenido, lo cual siempre resulta insatisfactorio. Pero a pesar de todo, a pesar de parecerme una obra floja, repito que me sorprende que no haya sido estrenada en España. Se trata de una película bastante mejor que muchos bodrios que sí llegan hasta nosotros, y que pertenece a un género que normalmente funciona bien en taquilla. Equilibrium cuenta con un acabado muy competente, y con un equipo técnico y artístico de gran nivel.
Christian Bale (a punto de encarnar en las pantallas a Bruce Wayne en ese esperado Batman Begins), Sean Bean (excelente secundario a quien hemos visto recientemente en la saga de El Señor de los Anillos, Troya o La búsqueda), así como la prestigiosa Emily Watson, son algunos de los principales nombres que encabezan un buen reparto.
Pero no sólo eso.
La película está escrita y dirigida por Kurt Wimmer, quien fuera guionista de, entre otras películas, Esfera, La prueba o su siguiente obra como realizador, Ultraviolet (que meterá a la guapa Milla Jovovich en medio de una futurista guerra entre humanos y modernos vampiros). Como responsable de la fotografía está Dion Beebe (encargado de títulos tan importantes como Chicago, Collateral, o las futuras Memoirs of a Geisha o Miami Vice); la música corre a cargo de Klaus Badelt (Piratas del Caribe, Constantine); y entre los productores se encuentra Jan de Bont, ese gran director de fotografía (La caza del Octubre rojo, o Instinto básico), convertido en mediocre director (Speed 2, The haunting o Lara Croft: Tomb Raider. La cuna de la vida).
Es decir, que no se trata de un producto de serie B que haya supuesto una sorpresa. Todo lo contrario, se trata de una película diseñada para triunfar, que ha sido mal recibida por crítica y público, lo cual ha sido, supongo, definitivo para que no hayamos podido verla aquí en circuitos convencionales. A pesar de eso, si contase con una promoción suficiente, y teniendo en cuenta los gustos del público actual, creo que podría funcionar bien gracias a sus espectaculares escenas de acción, y su original uso de las artes marciales.
En cualquier caso, siempre queda la esperanza del DVD.

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