Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Donde no me llaman

Resaca

Hoy ha pasado por el trabajo mi amigo Ricardo. Tenía que visitar a un cliente por allí cerca y ha aprovechado para hacerme una visita.
Ricardo. Recuerdo aquellos tiempos en los que éramos inseparables. Pasábamos juntos todos los días de verano, y todos los fines de semana de invierno. Nos gustaban las mismas chicas, bebíamos lo mismo, y recuerdo que antes de salir, cada vez que quedábamos, me llamaba por teléfono para preguntarme qué me iba a poner, si iba a llevar corbata o vaqueros, para que nuestros estilos no desentonasen.
Mi gran amigo Ricardo.
En el último año no nos hemos visto más de cuatro o cinco veces.

Hemos bajado a tomar un café a un bar que hay junto a mi oficina. De paso he podido ver el nuevo coche que se ha comprado, un Mercedes Clase A. Un coche estupendo. Parece que le va bien en su trabajo (no recuerdo el nombre de la empresa).
En uno de los laterales del Mercedes había una placa que lo identificaba como perteneciente a una serie limitada: “Elegance”. En otros tiempos hubiéramos sacado mucho partido a aquel detalle.
Manolo, Ignacio y yo nos hubiéramos reído bastante a costa de aquello. Mientras tomábamos unas cervezas en el puerto nos hubiéramos burlado del snobismo y el pijerío de Ricardo. Y nos habríamos seguido riendo de lo mismo en alguna discoteca, horas más tarde.

En aquella época la risa te llenaba el alma. Un alma que entonces era como una espaciosa vivienda a estrenar, aún sin muebles ni tabiques, totalmente diáfana. Uno podía disfrutar imaginando cómo iba a decorarla. Y si la luz entraba por una de sus ventanas, toda la casa se iluminaba.
Ahora el alma es muy distinta. Los muebles no siempre son los que uno quisiera tener, la pintura está algo desconchada, y se han levantado muchos tabiques: hacían falta habitaciones para los niños, los invitados y los trastos. Trastos que a pesar de ser viejos e inservibles, nunca acabas de tirar.
Por supuesto que sigue habiendo días soleados, pero incluso en esos días, aunque abras las ventanas, existen algunos rincones a los que no llega la luz.

Hemos hablado de nuestros trabajos, de nuestras vidas, de que tal vez se case... de nada, en definitiva. Y al poco rato se ha marchado mi gran amigo Ricardo, a quien veo menos que a un montón de gente que no me interesa lo más mínimo.
Antes de volver a mi oficina me he quedado pensando en aquellas risas de entonces. Odio la nostalgia cuando se utiliza como evasión del presente, pero creo que resulta válida cuando sirve para recordarnos el camino que siempre quisimos seguir pero hemos olvidado.
Luego se me ha ocurrido que la puta vida se empeña en empujarnos hacia rincones en los que no queremos estar. No queda más remedio que luchar, que ser muy fuerte para resistir esa especie de resaca marina que amenaza con hundirnos.

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios

  1. "Odio la nostalgia cuando se utiliza como evasión del presente, pero creo que resulta válida cuando sirve para recordarnos el camino que siempre quisimos seguir pero hemos olvidado."
    Entonces no es nostalgia, es no luchar por enfrentarte a lo que tanto quieres pero no te atreves conseguir, a mi me parece que en esta vida ahi que luchar por lo que uno quiere sin sentir nostalgia y viviendo el día a día sin mirar atrás , pensando que cada uno es un nuevo triunfo conseguido.

    Comentario de Marta hace 2 años y 29 meses

  2. Estupendo... hay días en los que me gustaría agarrar una escopeta y...

    Comentario de Andolini hace 2 años y 28 meses


Recordar datos


Donde no me llaman © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.