iRealidad
Iñaki Bahon - 03-04-2005 21:24:22 | Categoria: General
No ha sido el Pentágono. No ha sido la NASA. No ha sido el Instituto Tecnológico de Massachussets. Los responsables de que la realidad virtual se haya instalado en nuestra sociedad han sido los chicos de Apple. Y lo han conseguido no gracias a un superordenador, sino con su iPod.La compañía de la manzana ya tenía experiencia en falsear la realidad. Sólo el 3-5 % de los ordenadores personales son Macintosh, pero en el cine no aparece un PC ni por casualidad: en las películas todo el mundo tiene un Mac.
Ahora el bombazo del iPod ha llenado las calles de zombis, de autistas del mp3 que van de aquí para allá, aislados del mundo, sin escuchar los sonidos de la realidad. Peor aún: deformando la realidad.
Los mendigos ya no despiertan nuestra compasión; nos ponemos Streets of Philadelphia, de Bruce Springsteen, y nos invade la paz mientras caminamos como a cámara lenta entre hambrientos sintecho, como a blanco y negro. Bien visto, la miseria entraña cierta belleza.
Unos skins apalean a un negro en un callejón. Nosotros, escuchando Rage against the machine, no nos escandalizamos lo más mínimo. De hecho, incluso tenemos tentaciones de unirnos a la paliza. En definitiva, la violencia también puede ser bella.
Un coche se salta un semáforo rojo. Un niño atropellado gira por los aires. ¿Terrible?. No necesariamente. Si tenemos la suerte de estar escuchando El Danubio azul, podemos encontrarle cierta gracia al asunto. La muerte también puede ser bella.
Todo puede ser bello si lo acompañamos de la banda sonora adecuada.
Basta con eliminar la música que acompaña a algunas de nuestras películas favoritas para comprobar cómo cambian con su ausencia. De igual manera, basta con añadir nuestra propia banda sonora al mundo real para modificarlo totalmente.
¿Es esto deseable? ¿Es sano aislarse así de la realidad en la que vivimos? ¿Resulta humano borrar esa pista de sonido que incluye los diálogos, las risas, o las súplicas de nuestros semejantes, para sustituirla por 40 gigabites de “Nuestros grandes éxitos”? ¿No resulta empobrecedor activar el Mute del mundo, por triste, aburrido o falto de glamour que sea su soundtrack?
Es cierto que este fenómeno no es nuevo.
Ya en los 80 Sony hizo portátil la música con su Walkman, del que ha vendido más de 300 millones de unidades, a mucha distancia de los 10 millones de iPod vendidos. Pero el ritmo de venta de este nuevo fenómeno de Apple, al que hay que sumar las ventas de las otras marcas que también comercializan reproductores portátiles de mp3, seguramente igualará estas cifras. Pero la auténtica diferencia entre ambos artilugios el de la capacidad, el tamaño, que, en este caso, sí que importa.
¿Cuántas canciones caben en una cassette? ¿20? Las cifras de los modernos reproductores portátiles con disco duro son espectaculares. Diez mil, quince mil canciones, anuncian. Y se quedan tan anchos.
¿Existen tantas canciones como para satisfacer a estos insaciables chismes?
Ahí va todo Bach y todo Beethoven. Todos los discos de Los Beatles y de los Rolling Stones. Todo Sabina, y todo Mecano. ¿Y bien? ¿Esto es todo? Con esto no tenemos ni para empezar. “Espacio libre en disco: 99%”.
Ahora tenemos miles de horas de aislamiento, diversión sin fin.
Uno puede enchufarse los cascos y pasarse la Guerra de los seis días sin escuchar un solo disparo. Ajustas el volumen, cierras los ojos, meneas un poco la cabeza y te pierdes las Navidades, las Olimpiadas, el Tsunami, el 11-m, y el Desembarco de Normandía. Cuando acaba de reproducirse el último archivo abres los ojos, y compruebas que los marcianos gobiernan el planeta.
"¿Qué ha pasado?" , preguntas con cara de idiota.
Sumergido en el planeta mp3 ni te has enterado.
Y es que los modernos aparatos permiten escuchar música sin parar durante más de un mes.
Y eso dependiendo de la calidad de la compresión, claro. A menor calidad, más canciones en el disco. Aunque no conviene comprimir demasiado, porque perdemos matices acústicos. Si hay que rebajar la calidad de algo, que sea de la realidad.
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