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Donde no me llaman

Terminator 3

(Publicado anteriormente en www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=216 - 2003]

La gestación de una película dentro del la industria de Hollywood suele resultar larga y dificultosa, y a lo largo de todo ese tiempo es muy habitual que el proyecto pase por las manos de distintos directores que por diversos motivos no se encargan finalmente de su realización.
Como todos los cineastas de primera fila, James Cameron ha sido el realizador previsto para muchas películas que finalmente no ha llegado a dirigir. De todos estos títulos, hay tres de los que lamento profundamente que finalmente no se encargase.
El primero, Parque Jurásico. Estoy seguro que la versión de Cameron de la excelente novela de Michael Crichton hubiera sido una película trepidante, angustiosa, violenta y oscura. En lugar de eso tuvimos que conformarnos con una obra blanda y sin garra, una película absolutamente fallida y decepcionante que se cuenta (independientemente de su recaudación y de sus asombrosos efectos especiales) entre las peores obras de Steven Spielberg.
Años después, tras el mega éxito de Titanic parecía que Cameron contaría con carta blanca para abordar cualquier proyecto que desease, por eso sigo sin entender que se le escapara de las manos Spider-Man, cuya adaptación llevaba años preparando. Desgraciadamente fue Sam Raimi quien tomó el relevo. El (para mí) insatisfactorio resultado está a la vista de todo el mundo.
Y finalmente llegamos a Terminator 3. Con las dos primeras entregas de esta saga Cameron demostró que el cine de autor sí puede ser comercial (y lo seguiría demostraría de nuevo en el futuro), y dado que todo se originó como un proyecto personal resulta extraño que lo haya abandonado para esta tercera entrega. Extraño y lamentable, porque estoy seguro de que Terminator 3 hubiera sido mejor si la hubiera dirigido James Cameron?.
Creo que a nadie se le escapa que estamos ante la que es, con mucha diferencia, la peor entrega de la saga, una película totalmente mediocre que no hace honor a sus dos precuelas.
En Terminator, Cameron y su equipo consiguieron, a pesar del escaso presupuesto, una estupenda película que mantenía la tensión durante todo su metraje, gracias a su sólido guión y unos competentes efectos especiales. La potente figura de Arnold Schwarzenegger como el malvado cyborg puso la guinda al exitoso pastel.
Terminator 2 no tuvo problemas con el presupuesto, todo lo contrario, y los efectos especiales habían evolucionado desde el 84 como para que James Cameron pudiera mostrar prácticamente todo lo que quisiera. Aunque la película contaba con un guión irregular (que más que optar por el ritmo sostenido estaba basado en varias secuencias realmente espectaculares, y que no nos ofrecía demasiada nueva información sobre la guerra contra las máquinas: estamos, más que ante una secuela, casi ante un remake de la primera entrega, ante una puesta en limpio de aquella.), el soberbio talento visual de Cameron, su sentido del ritmo, y su saber hacer en las escenas de acción convirtieron a T2 en una película trepidante y visualmente innovadora.
Los personajes, además de estar correctamente dibujados, estaban interpretados por un reparto que también fue todo un acierto. Por un lado teníamos de nuevo a Arnold (en la cima por aquel entonces y que, amoldándose a la política habitual de Hollywood que dice que la estrella interprete al héroe, encarnó aquella vez al Terminator bueno); a Linda Hamilton que experimentó una espectacular transformación desde la primera entrega, y su Sarah Connor pasó de ser una jovencita blandengue a convertirse en una musculosa y algo desequilibrada máquina de combate; a Edward Furlong, toda una revelación encarnando con gran talento al joven y rebelde John Connor; y finalmente a Robert Patrick, un actor bastante limitado, pero que interpretó de forma muy convincente al implacable T-1000.
Por supuesto, como en casi toda obra que aborda el tema de los viajes en el tiempo, en la saga Terminator existen cabos sueltos. Pero no voy a extenderme sobre el tema. Tan sólo voy a citar dos dudas que surgen al ver Terminator 2, y que afectan a toda la saga en general.
Primero: En esta secuela se nos cuenta que Skynet está siendo desarrollado a partir de los restos del Terminator de la primera entrega. Si esto es así, para evitar el Día del Juicio hubiera bastado con enviar a un cyborg con una escoba para recoger los restos antes de que los encontrase cualquier humano. Y segunda duda (más importante aún): el objetivo de los Terminators “malos” es el de evitar que John Connor llegue a liderar la resistencia, bien matándolo directamente, o bien evitando que llegue a nacer acabando con su madre, como sucedía en la primera parte. En aquella ocasión fallaron en su misión. Entonces ¿por qué enviar al T-1000 a realizar la misma tarea años después, cuando Sarah es una máquina de combate, y está ya prevenida contra sus enemigos? ¿No hubiera sido más lógico (y se supone que las máquinas lo son) enviar al terminator a un momento anterior al de la primera película, cuando Sarah era aún una joven normal y absolutamente desprevenida, por lo tanto mucho más vulnerable?

Pero como he dicho son detalles menores que no impidieron que las dos películas se convirtieran en grandes éxitos que reclutaron a millones de seguidores, quienes esperábamos con ansiedad qué más podía ofrecernos en otra nueva entrega. Y llegamos así a Terminator 3.
En una primera versión de este comentario que envié para que Nacho, nuestro editor, echara un vistazo, yo afirmaba que la película no aporta nada nuevo desde ningún punto de vista. Decía que argumentalmente no se nos explica nada nuevo, y que aunque el peligro de Skynet había sido conjurado en T2, el sistema de inteligencia artificial ha vuelto a construirse a pesar de todo. Nos encontramos ante la típica situación de “todo vale” con tal de continuar la saga, aunque sea a costa de acabar con la coherencia de lo que sabíamos (o creíamos saber) hasta ahora. Y una vez más las máquinas vuelven a enviar un Terminator último modelo, mientras que los humanos utilizan un cyborg obsoleto. Y lo envían cuando quedan 10 minutos para que todo salte por los aires, en lugar de, por ejemplo, hacerlo años antes a borrar el disco duro donde se guardaban los primeros diseños de Skynet, sistemas que, habiendo sido destruidos chips y planos en T2, no sabemos de dónde sale (evidentemente puede haberse desarrollado por otro camino pero, de ser así, ¿no debiera haber dado lugar a un futuro distinto?).
Nacho, con buen criterio, rebatió parte de mis afirmaciones, asegurando que realmente la historia si avanzaba: el Día del Juicio por fin llegaba, y Terminator 3 acaba de forma que su secuela será, necesariamente, una historia distinta. Me di cuenta de que Nacho tenía razón, que realmente sí que se nos ofrecía información nueva en esta película. Entonces, ¿por qué me daba la impresión de que no pasaba nada? Tras pensar un poco en ello comprendí la razón: los personajes ya no eran los que me habían hecho disfrutar en anteriores entregas, y éstos me importaban un pimiento. Y es que el reparto, una baza fuerte en anteriores entregas, en esta ocasión tiene muy poco atractivo. Nick Stahl resulta poco creíble como futuro héroe de la resistencia; Claire Danes, además de tener un papel pobre y absurdo (una hora después de enterarse de que su prometido ha muerto, está coqueteando con John Connor), no tiene, ni de lejos, la presencia y la fuerza de Linda Hamilton; la espectacular Kristanna Loken resulta un ejemplo perfecto de las carencias de T3: se trata de una mujer impresionante y bellísima, pero que se limita a copiar el trabajo que realizó Robert Patrick en T2; lo que en aquel caso funcionó, en esta ocasión resulta irritante por la absoluta falta de creatividad.
Finalmente, Schwarzenneger, la gran baza del filme, es otro ejemplo de la falta de la evolución de la saga, de sus muestras de agotamiento. Es la misma persona que hace diez años pero, al mismo tiempo, ya no lo es. Su estrella cinematográfica está casi apagada, y ya no funciona como antes verle soltar frases lapidarias embutido en cuero negro. Todo parece rancio y repetitivo. ¿Cuántas veces se puede mostrar a Arnold apareciendo en cuadro a cámara lenta y empuñando un arma sin que resulte ridículo?
Si el argumento de T3 es pobre y repetitivo, la estructura narrativa muestra una nula originalidad, siendo prácticamente calcada de T2. La presentación de los personajes es idéntica a la de las anteriores entregas: en escenas paralelas se nos presentan a los humanos protagonistas, y a los viajeros temporales con sus ya conocidas esferas de energía (el público ya sabe cómo se trasladan los cyborgs ¿por qué no jugar con ese conocimiento del espectador para hacer algo más original?). La búsqueda de vestuario por parte de los desnudos visitantes es también calcada de sus precedentes (¿están programados los modelos “Arnold” para optar siempre por el cuero?). Así mismo, dos de las escenas más espectaculares de T2 son imitadas en esta ocasión, introduciendo algún cambio para que la reproducción resulte lo menos evidente posible: la antológica secuencia en la que el T-1000 perseguía a John Connor al volante de un camión es “sustituida” aquí por la persecución con la grúa (si el vehículo es mayor, la escena, lógicamente, será mejor ¿o no?); y el tiroteo en el cementerio recuerda inevitablemente al que se producía en Ciberdine Systems en la anterior entrega. También asistimos a una nueva auto mutilación de Schwarzenneger (si en Terminator se sacaba un ojo, y en T2 se arrancaba parte del brazo, ahora se abre el pecho para mostrarnos las pilas atómicas de su interior: al ver cómo explotan, todos los espectadores comprenden inmediatamente que serán utilizadas para acabar con “la mala”). Y de nuevo los cyborgs se van desguazando paulatinamente en los sucesivos enfrentamientos, y de nuevo Arnold, un organismo sintético demasiado humano en ocasiones, se sacrifica por salvar a sus “amos”.
El apartado de efectos especiales tampoco resulta demasiado innovador. T2 dejó al público boquiabierto con la utilización de técnicas infográficas de forma absolutamente novedosa. Pero ha pasado mucho tiempo desde entonces, y el morphing se ha utilizado hasta la sociedad en cine y publicidad, por lo que a nadie le sorprende ya. En T3 se utiliza esta técnica de forma gratuita y nada original, con lo que su impacto en el espectador se reduce prácticamente a cero. Si en la película de James Cameron las bocas se abrían de sorpresa, en la de Jonathan Mostow sólo lo hacen para bostezar.
Como colofón tenemos un no-final irritante que nos dice, poco más o menos. “Os hemos estado engañando toda la película, y todo lo que ha pasado no ha servido para nada: el Día del Juicio ha llegado de todas formas. Eso sí, tendréis que pagar para ver T4 y enteraros de lo que pasa después.” Odioso.
¿Es Terminator 3 una mala película? Tal vez no. Analizada sin tener en cuenta sus precedentes es un trabajo correcto, bien facturado y razonablemente entretenido. Pero resulta evidente que derrocha (además de ese enorme presupuesto del que tanto ha presumido su publicidad) la herencia de una de las sagas de ciencia-ficción más interesantes de los últimos tiempos. El resultado carece de personalidad y de cualquier tipo de atmósfera, y se limita a digerir todos los elementos que funcionaron en anteriores entregas, reproduciéndolos si ningún estilo, y con las modificaciones justas para que la copia fuera lo menos evidente posible.
Recordándola, la película me parece un telefilme, el capítulo piloto de un futuro producto televisivo: Terminator, la serie. ¿Argumento? En un mundo postnuclear, el joven John Connor recorre el país ayudando a las gentes a solucionar sus problemas, mientras es perseguido por cyborgs que continuamente le obligan a mudarse (de localidad y de ropa interior).
Desgraciadamente a esto ha llegado nuestra querida saga.
Como decía, por algún motivo que desconozco James Cameron no dirigió esta película, y creo que todos lo lamentamos.

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