Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Donde no me llaman

Star Wars Episodio II: El ataque de los clones

(Publicado previamente en www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=43 - 2002]

Recientemente una cadena de televisión española ha vuelto a emitir La guerra de las galaxias. Al día siguiente, uno de mis compañeros de trabajo me comentaba que le había sorprendido el hecho de que en la película que comenzó la saga hace 25 años ya se mencionaran las Guerras Clon. Al igual que mucha gente, él estaba convencido de que la decisión de rodar los nuevos episodios (I, II y III) había sido puramente comercial, motivada por el gran éxito de las anteriores, y que no se trataba de un plan previsto desde un principio.
Es evidente que esta nueva trilogía pretende ganar dinero. Y mucho. Pero eso no quiere decir que la semilla de la historia que se cuenta no estuviera en la mente de George Lucas desde antes de que la película original le hiciera millonario allá por los años setenta. La citada mención de las Guerras Clon es una prueba de ello, por supuesto, pero resulta mucho más significativo el hecho de que de cada una de las películas de la trilogía original (La guerra de las galaxias, El imperio contraataca, y El retorno del Jedi) comiencen con un rótulo en el que se anuncia, respectivamente, Episodio IV, V y VI. Era evidente que los creadores de la saga contaban ya desde entonces con que había tres capítulos anteriores. De hecho, durante una época incluso se habló de nueve películas, de tres trilogías de las que la original sería la central, pero Lucas reconoció posteriormente que sólo tenía historia para seis.
Pero la cuestión más importante no es la de demostrar si Lucas tenía o no previsto rodar las seis películas (como hemos visto queda claro que el propósito existía, siempre contando con que las recaudaciones en taquilla lo permitiesen). Al fin y al cabo, al espectador le interesa principalmente la calidad de una película, y no tanto los motivos que llevaron a rodarlo. Lo esencial aquí es saber si se contaba con un argumento realmente sólido que permitiera sustentar todas las entregas.
Ahora que ya conocemos cinco de las seis películas que componen la saga, podemos afirmar que no, que lo que Lucas tenía en mente era un simple esbozo, y no un desarrollo sólido de la saga galáctica.

Para buscar pruebas de lo difuso que era el argumento que el amigo George tenía pensado no necesitamos llegar a la segunda trilogía (teniendo en cuenta el orden en el que están siendo rodadas). No tenemos más que fijarnos en el Episodio VI. El retorno del Jedi; para darnos cuenta de que ya por entonces las cosas empezaban a pintar mal.
En la película nos encontramos con alguna que otra incongruencia, como el hecho de que Luke aparezca ahora como un consagrado caballero Jedi (cuando en El Imperio contraataca abandonó su entrenamiento a medias ante la firme oposición de Yoda, a quien queda claro que no había vuelto a ver desde entonces). También se hace gala de cierta falta de originalidad al recurrirse a elementos ya utilizados en entregas anteriores, como que haya que destruir otra Estrella de la Muerte, esta vez una en proceso de construcción (curiosamente muestra unas zonas completamente terminadas –de hecho ya puede disparar-, mientras que otras sólo cuentan con los puros cimientos; algo tan absurdo como encontrarse con un edificio de apartamentos en el cual los vecinos del 2º A estuvieran completamente instalados mientras en el 4º B aún no hay ni tabiques). Como prueba de esta “originalidad” recomiendo a los más curiosos que comparen las secuencias de disparo de la Estrella de la Muerte de El retorno del Jedi y la de La Guerra de las Galaxias. ¿Similares? No, similares no: en realidad son la misma plano a plano, sólo que invertidos para despistar.
En general, toda la película adolece de un tono infantil y facilón, se olvida ese enfoque más profundo y oscuro de El Imperio Contraataca (que consiguió que con el tiempo se haya convertido en la entrega más valorada por la crítica), y se intenta ocultar agujeros de guión y carencias narrativas con toneladas de muñecos de peluche y criatura alienígenas que parecen más artificiales que nunca.
Y, por si todo esto no fuera suficiente, está lo de Darth Vader.
Darth Vader, el legendario caballero Jedi que había sometido a toda la galaxia, se había convertido para entonces en todo un mito cinematográfico. Era, sin ninguna duda, uno de los malos con más personalidad de la historia del cine. En las dos películas anteriores había sido cómplice en la destrucción de Alderaan y sus millones de habitantes, había asesinado (presuntamente) a Obi-Wan, torturado a Leia y a Han, y cortado la mano de Luke, su propio hijo, por no hablar de todos esos pobres subalternos eliminados sin dudar por no cumplir sus órdenes con la eficiencia que él exigía. Todos los aficionados conteníamos la respiración temiendo lo que el caballero negro tendría preparado para nuestros héroes, y preguntándonos cómo podrían escapar esta vez. ¿Y qué se le ocurre a George Lucas en esta nueva entrega?. Quitarle la máscara (y con ella gran parte de su encanto), y hacerle abandonar el lado oscuro de la fuerza para salvar a su hijito del alma. ¡Hombre! ¡Eso no se hace! Una cosa es conseguir que un personaje evolucione, y otra muy distinta introducir un giro que cuestione la coherencia de todos sus actos anteriores.

Y las cosas no mejoraron en el Episodio I, ni mucho menos. Esperábamos que en los 16 años que habían transcurrido desde el estreno de El Retorno del Jedi (1983) hasta que se lanzó La Amenaza Fantasma (1999), en Luscasfilms hubieran tenido tiempo más que suficiente para elaborar una historia que estuviera a la altura de las elevadísimas expectativas del público. Pero no fue así.
Lo más significativo que había sucedido en todos esos años era que la edad media del público estadounidense había descendido aún más. Por lo tanto, como todo título que aspire a romper taquillas, la nueva entrega de la saga galáctica hizo todo lo posible para amoldarse a ese público. ¿Es esto un problema para que el público más adulto pueda disfrutar la película? No necesariamente. Decenas de títulos a lo largo de la historia (entre ellos La Guerra de las Galaxias original), han demostrado que se puede realizar un film que entusiasme a los niños y también a los adultos, consiguiendo diversos niveles de lectura, y, sobre todo, un argumento entretenido.
Por desgracia, no fue éste el caso de La amenaza fantasma. Se nos ofrece un argumento plano, sin ningún interés, confiando en que la pirotecnia tecnológica (eso sí que había evolucionado mucho desde los 80) pueda sustituir a un buen guión. Los muñecos, digitales o no, se multiplican (con ese odioso Jar Jar Binks a la cabeza); los efectos especiales son tan apabullantes y espectaculares que a los diez minutos el espectador queda totalmente saturado y ya nos los aprecia, y la trama y el tono de la película se ponen a la altura (en el peor sentido de la expresión) de ese público infantil que se espera vaya a ver la película.
Muchos alienígenas, muchos mundos, mucha infografía desatada... pero ¿y los personajes? ¿Y la historia?
Evidentemente no esperaba encontrarme a un personaje tan divertido y encantador como Han Solo, pero tampoco podía suponer que los protagonistas iban a ser, entre otros, ese Qui-Gon Jinn (no sólo es un maestro Jedi absolutamente carente de interés, sino que los acontecimientos futuros le harán quedar con un estúpido cuando se descubra en qué consiste realmente el “equilibrio” que él cree que Anakin traerá a la galaxia; claro que, para cuando Darth Vader estrene su uniforme negro, Qui-Gon ya está más allá de todo posible sonrojo), o ese Obi-Wan, tan interesante en La Guerra de las Galaxias como aburrido aquí. Por no hablar de esa odiosa criatura llamada Jar Jar Binks, ni del bastante repelente Anakin-niño.
Existen personajes más interesantes, como Mace Windu, o el propio Yoda, pero apenas aparecen en pantalla, por lo que su presencia tampoco aporta demasiado a la película. Sólo nos queda agarrarnos (por desgracia, tan sólo figuradamente) a la Reina Amidala, y únicamente por que Natalie Portman es una auténtica preciosidad, no porque su papel tenga tampoco demasiado interés.

En cuanto a la historia que se narra en La amenaza fantasma... ¿qué puedo decir? Seguramente al resto del mundo todo esto le parecerá una tontería, pero a los seguidores de la saga realmente nos interesa la historia de Star Wars. Queremos saber más. Y, al menos a mí, me importa bien poco la intriga política en torno a los separatistas que quieren abandonar la unión. Lo que de verdad me interesa, sobre lo que quiero aprender más, es sobre los Caballeros Jedi. Quería saber cómo había surgido esa especie de orden de monjes guerreros, cómo se entrenaban, de dónde provenía su poder, cómo habían llegado a convertirse en leyenda en la galaxia, como habían llegado a dominar la fuerza, por qué motivo Vader había abrazado su lado más oscuro... Pero en el Episodio I no hay nada de todo eso. En realidad, no hay nada de nada. De hecho ¿alguien recuerda de qué va La Amenaza Fantasma?
La historia no avanza, y apenas se nos cuenta nada nuevo que sirva para enriquecer esa mitología Jedi. Y lo que se nos cuenta nos deja bastante desconcertados: la Fuerza no es una especie de energía que todo lo envuelve (como se nos había contado en la primera trilogía), ahora parece ser que tiene su origen en unos extraños elementos llamados midiclorianos.
Tras ver esta nueva y tan esperada entrega los aficionados nos quedamos bastante desolados. Si esto es todo lo que se les había ocurrido tras disponer de más de una década para prepararlo, estaba claro que las expectativas de cara a los episodios II y III no podían ser demasiado optimistas.
Y así, con este estado de ánimo, sin esperar ya nada interesante de las nuevas entregas galácticas (más allá de toda la parafernalia tecnológica), acudí al cine, dos años y medio después, a ver El ataque de los Clones. Había leído que se trataba de una película más oscura que la anterior entrega, menos infantil, lo cual era una buena señal. Pero, aún así, no esperaba demasiado de todo aquello. Y con razón.
La película dura aproximadamente 135 minutos, y los primeros 100 son francamente flojos.
Otra vez tenemos aquí los errores de la primera. De nuevo personajes con poco interés (es cierto que Obi Wan mejora, y tanto Yoda como Mace Windu aparecen más, pero no se acercan ni de lejos al encanto del grupo formado por Luke, Han, Leia, Chewacca, C3PO, R2D2, y demás), de nuevo sobredosis de tecnología fría y sin emoción, de nuevo una intriga política poco excitante.
George Lucas demuestra que es un desastre dirigiendo actores, personajes y escenas de diálogos, las cuales no funcionan en ningún caso. Son escenas insuficientemente trabajadas por los guionistas (supongo que centrados en las secuencias más espectaculares) que resultan aburridas y planas.
Pero aunque la ineptitud del director es evidentemente manifiesta a la hora de describir personajes, establecer relaciones entre ellos, o crear alguna emoción por medio de los diálogos, no son las secuencias de este tipo las únicas desaprovechadas. Como ejemplo basta citar aquella en la que Anakin (esa especie de horterilla con coleta) acude a rescatar a su madre, secuestrada por los moradores de las arenas, cuando se supone que la pobre mujer lleva un mes en poder de esas asquerosas criaturas. Anakin llega al poblado, la encuentra en una tienda, y, tras unas pocas palabras, ella muere. Enfurecido, el joven Skywalker sale de la tienda y, tras cortar la cabeza de uno de los guardianes con su espada láser, se dispone a enfrentarse a todos los demás. Fundido a negro.
En primer lugar, resulta poco verosímil el hecho de que la madre, tras un mes sufriendo calamidades a manos de sus captores, muera justo en el momento en el que aparece su hijo. ¿No sería más interesante, por ejemplo, que fuera asesinada por los moradores de las arenas cuando Anakin intenta sacarla de allí? Esto funcionaría muy bien como detonante para la carnicería que después se produce. Carnicería que, por otra parte, no podemos más que suponer hasta que el joven se sincera con la Reina Amidala, ya que la escena no se ve.
La caída de Anakin Skywalker en el lado oscuro de la fuerza es una de las principales líneas argumentales de la saga. Parece evidente que esta escena en la que el joven Jedi desata por primera vez toda su furia, matando a decenas de seres movido únicamente por el afán de venganza, es clave para la evolución del personaje ¿por qué no mostrarla entonces? El cine es imagen, y si algo importante sucede en una película, son las imágenes las que deben mostrarlo. De nada sirve que un personaje nos cuente lo que ha sucedido, ya que el efecto sobre el espectador es mucho menos potente de esta manera, y se traiciona así la esencia del séptimo arte.
¿Por qué se realizó así esta escena? Mi opinión es que, en caso de haber rodado como debía, Lucas se arriesgaba a no conseguir para la película la clasificación de apta para todos los públicos. Una película más adulta limita la edad de los espectadores, y, sobre todo, el volumen de la recaudación.

Y así va transcurriendo la película. Enlazando escenas planas y aburridas; “dejando escapar” momentos que en manos de un equipo de cineastas más capaces hubieran resultado realmente interesantes; dando muestras de que la historia de la saga, lejos de estar claramente predefinida, se va escribiendo “en tiempo real”, siguiendo las reacciones del público ante cada nueva entrega (¿Por qué apenas aparece apenas Jar Jar Binks, omnipresente en el episodio anterior, si no es porque fueron miles los fans que odiaron al orejudo en su momento? ¿Cómo se explica que ya no se mencionen para nada los midiclorianos?).
Afortunadamente en el último tramo de la película el panorama mejora bastante. Tenemos una espectacular secuencia de acción de más de media hora. Tenemos por fin, después de tantos años deseando ver algo parecido, una auténtica carga de caballeros Jedi con decenas de espadas láser luchando juntas. Empezamos a ver relaciones con las siguientes películas de la saga (el diseño de la estrella de la muerte, Boba Fett y su nave espacial, un modelo de armaduras para soldados de asalto que recuerdan a los que todos quisimos tener hace un cuarto de siglo, cruceros imperiales similares a los que nos asombraron entonces). Vemos a un Yoda más chulo que nunca (vaya forma de desenfundar el sable) peleando de forma sorprendente y utilizando su dominio de la fuerza como no había vuelto a verse desde El Imperio Contraataca... Esta última parte, si bien no hace que la parte anterior sea menos floja, al menos deja un buen sabor de boca al espectador (ya se sabe que el final es la parte más importante de una película) y le compensa un poco de lo que ha tenido que soportar hasta entonces.

Star Wars Episodio II: El ataque de los Clones es, en resumen, una película bastante desequilibrada y floja, que muestra muchos defectos (¿por qué Lucas, tal y como hizo sabiamente con la primera trilogía, no ha delegado en este caso la dirección?), y que sigue sin aclararnos demasiado acerca de cómo surgió la orden de caballeros, o si fue primero la Fuerza o el Jedi. Afortunadamente cuenta con una entretenida media hora final que, sobre todo, tiene la virtud de esperanzarnos.
Sirve para que veamos que las cosas pueden mejorar, que tal vez, después de la absoluta vaciedad del Episodio I, y de gran parte del Episodio II, podamos ver en el Episodio III algo que merezca la pena, algo que realmente podamos creernos que pertenece a aquella saga que cambió nuestra forma de ver el cine hace 25 años.
Y es que, a mi entender, lo más emocionante de esta película no reside en lo que se cuenta, si no en lo que sabemos que queda por contar. Si salí del cine con una sensación agradable no fue principalmente por lo que había visto (ya he comentado extensamente que no considero El ataque de los Clones una buena película), si no por lo que aún me queda por ver.
Son tantos los cabos que quedan por atar, las cosas que quedan por resolver, las líneas argumentales por cerrar, que no podemos sino esperar que el Episodio III sea una película densa en acontecimientos que no nos deje respiro.
Sabemos que:
-Nacerán los hijos de Anakin y la Reina Amidala, Luke y Leia;
-Amidala seguramente morirá;
-Anakin sufrirá una transformación física (resultará desfigurado) y otra espiritual (abrazará definitivamente el lado oscuro y se transforma, por fin, en Darth Vader);
-Morirán casi todos los caballeros Jedi (en la guerra trilogía original los únicos representantes de la orden eran Obi Wan, Darth Vader, Yoda y, después, el propio Luke). Y apostaría a que Mace Windu muere a manos de Boba Fett, para así vengarse de quien mató a su padre, Jango Fett;
-Obi-Wan se convierte en un ermitaño y se retira al desierto (llevando consigo la espada láser que Anakin le deja para Luke);
-Se produce esa gran guerra que consolida el imperio, en la que Anakin destaca como piloto espacial;
-El Imperio se hace con el control de la galaxia;
-Etc.

Ya empiezan a comentarse en internet los errores de continuidad en que, supuestamente, han incurrido estas precuelas, como el hecho de que Obi Wan no recuerde a C3PO, cuando sabe que fue el propio Anakin quien lo construyó. O, por ejemplo ¿cómo se explicará que todo lo que aparece en las entregas actuales parezca más avanzado y moderno que lo que existe treinta o veinte años después? (una posible explicación sería que la guerra que veremos en el próximo episodio será tan devastadora que terminará con mundos enteros y destruirá gran parte del potencial tecnológico de otros muchos).
Pero no pongamos aún el grito en el cielo, ya que aún queda el Episodio III para atar todos los cabos. Seguro que George Lucas (quien sospecho que utiliza los foros de internet para conocer los gustos de los aficionados y amoldar a ellos sus guiones), estará atento a todos aquellos posibles errores que podamos señalar en la red, para intentar “parchearlos” en el (supuestamente definitivo) último episodio, cuyo estreno está previsto para el 2005.

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios


Recordar datos


Donde no me llaman © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.