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Donde no me llaman

Señales

(Publicado anteriormente en www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=86 - Octubre 2002]

Debo confesar que mi principal miedo cuando acudí a ver Señales consistía en comprobar si en la película aparecerían o no extraterrestres.
Me apasiona el cine fantástico. Cualquier película de este género, por cutre que parezca priori, despierta inmediatamente mi curiosidad. Y por supuesto, cuando se trata, como en este caso, de una producción de alto presupuesto, con un equipo artístico y técnico de primera categoría, mis ganas de verla se vuelven casi insoportables.
Además, en el caso de Señales, el director de la cinta se presentaba como una garantía adicional de calidad.
Antes de rodar El sexto sentido M. Night Shyamalan ya había dirigido dos películas (no voy a extenderme hablando sobre ellas porque no las he visto y los datos que pudiera aportar se pueden encontrar, por ejemplo, en www.imdb.com ). Pero fue con el estreno de esa historia de fantasmas demoledoramente efectiva cuando el director de ascendencia india se dio a conocer para el gran público. El protegido, la mejor película de superhéroes jamás rodada (y para mí más redonda incluso que El sexto sentido), confirmó que nos encontrábamos ante un cineasta extraordinario.
De modo que Señales parecía contar con todos los requisitos para convertirse en una auténtica gozada para los amantes del fantástico y del cine en general.
Aún así, yo seguía un tanto receloso (por desgracia los amantes del género estamos acostumbrados a la decepción) ante lo que podría encontrarme. ¿Night iba a desarrollar una original teoría sobre los famosos dibujos y su conexión extraterrestre, tal y como yo deseaba? ¿O finalmente todo el asunto iba a tener una odiosa explicación racional, al estilo Scooby Doo? ¿Qué iba a ser esta vez? ¿Extraterrestres o decepción?
Personalmente encontré las dos cosas.

El protagonista
Toda crítica o comentario sobre cualquier obra es, por definición, subjetiva. De modo que todo lo negativo (y lo positivo) que a continuación voy a exponer acerca de Señales lo es también, por supuesto. Todo, salvo lo que creo que constituye uno de los mayores problemas de la película, un defecto evidente y objetivo, un handicap que se llama Mel Gibson.
El interprete norteamericano (acabemos con la falsa creencia de que es australiano, cuando en realidad nació en el estado de Nueva York y vivió allí hasta los doce años), trató de hacernos creer que era un buen actor intentando suicidarse en Arma Letal. Pero al final no consiguió ni una cosa ni la otra: ni suicidarse ni convencernos. La mayoría acabamos descubriendo que los tics que utilizaba en esa escena se repetían y acentuaban en cada nueva película hasta volverse difícilmente soportables.
Pero uno de los que picaron fue M. Night Shyamalan. El director ha citado esa escena del amago de suicidio como la que le convenció de que Mel Gibson era un buen actor. Y me gustaría saber cómo ha quedado de satisfecho tras su colaboración. Es cierto que la estrella está más contenido que de costumbre, pero, aún así, resulta bastante poco convincente como viudo ex-sacerdote, y creo que lastra en gran medida la película.
Desde luego no se han repetido el excelente resultado que obtuvo Shyamalan con Bruce Willis en sus dos anteriores películas. Willis, otro actor aparentemente poco dotado, está realmente espléndido en ambas cintas (sin duda los dos mejores trabajos de su carrera). Para quien aún albergue dudas sobre esto le recomiendo que alquile el DVD de El protegido para comprobarlo en esa escena eliminada en la que Willys se ducha tras sufrir el accidente. Esa cara de angustia es realmente memorable.
En general las estrellas no funcionan en las películas de terror. Sus personalidades son tan potentes que suelen trascender al personaje que interpretan, lo cual es un problema al dificultar la identificación del espectador. Y dicha identificación es básica para sentir la angustia y el miedo que estas cintas suelen pretender transmitir.
Creo que es un error contratar a una estrella para este tipo de películas (y si la estrella es Richard Gere es un error contratarle para cualquier película).
Pero dejaremos este tema para otro momento.

El ritmo
Quizá sea demasiado simplista explicar el ritmo pausado de las tres últimas películas de Night Shyamalan atribuyendo dicho ritmo al origen indio del director. Tal vez sea debido a su ascendencia cultural del director, o tal vez no. Pero resulta evidente que tanto El sexto sentido como El protegido se desarrollan con un ritmo más sosegado y “elegante” que el que nos tiene acostumbrado el cine de Hollywood. Shyamalan, este indio en tierra de cow-boys, sabe narrar de forma magistral, aguantar la cámara, construir las escenas...
Pero, a diferencia de las dos anteriores películas, Señales, sin llegar a parecerme pesada, se me hace un poco lenta y aburrida en algunas escenas, sobre todo las que abordan las introspecciones del protagonista.

Y esto nos lleva a lo que, para mí, es el principal problema de Señales.

El enfoque
El sexto sentido es una película de fantasmas sin casa encantadas, espectros aullantes ni sustos fáciles. El protegido trata de un superhéroe, pero sin recurrir a grandes despliegues de superpoderes ni a uniformes extravagantes.
Resulta evidente que Night Shyamalan es un tipo con una visión original de los temas que trata. Por eso resultaba bastante predecible que Señales iba a ser una película de marcianos atípica.
He escuchado a mucha gente confesar su perplejidad tras ver la película, ya que no tenían muy claro qué era lo que el director pretendía narrar: si una invasión extraterrestre o la recuperación de la fe en la religión y el orden cósmico.
Si lo que más le interesaba al director era el tema de los invasores alienígenas, lo cierto es que lo aborda con cierta desidia: no aporta nada nuevo al posible propósito de las señales de los sembrados; la invasión se vive de una forma un poco frívola, como si a los personajes no les preocupase más que en la medida en que les pueda afectar personalmente; no se sabe a qué vienen los hombres verdes y desaparecen sin explicación; resulta un poco absurdo que les afecte así el agua...
No. Definitivamente me niego a creer que M. Night Shyamalan sea tan torpe. Personalmente no tengo dudo que estaba mucho más interesado en hablar acerca de la evolución espiritual de una familia enfrentada a circunstancias extraordinarias y dramáticas.
Esta decisión del cineasta, aunque por supuesto totalmente legítima, a mi entender presenta dos problemas. El primero surge de la predisposición del espectador ante una película protagonizada por extraterrestres, ya que espera que este sea el tema principal de la película.
Pero este factor escapa por completo del control de los creadores de la película. Lo que si es achacable a ellos es el hecho de que esta lucha entre los dos grandes temas de la película, las dos películas que en realidad conviven en Señales, el de la recuperación de la fe, y el de la invasión extraterrestre, acaba por desequilibrar el filme.
El espectador espera que se hable de los aliens, de sus motivaciones (parece se que el único objeto de su invasión sea el de devolverle la fe al personaje de Mel Gibson), de qué hacen aquí, de dónde vienen... Un tema como el de una invasión global extraterrestre es demasiado potente como para ser un escenario de fondo, un marco en el que hablar de otras cosas. No puede ser un tema secundario. Creo que merece ser el tema principal y ser tratado como tal. En Señales no lo es.

Este desequilibrio se ve aún más acentuado por otro factor. He dicho que Shyamalan está más interesado en ahondar en la parte más espiritual y religiosa de la historia. Pero, paradójicamente, para mí esta es la parte más floja de la película.
Los diálogos de Gibson hablando con su hermano y preguntándole “A qué grupo de personas perteneces” resultan un poco pesados (en parte por culpa del propio actor), y ralentizan demasiado el ritmo. La inclusión de todos los elementos que al final cobran significado (los vasos de agua que la niña disemina por la casa; ese “Dile a Merryl que batee fuerte”; el olvido del inhalador antiasmático, que parece dramático y que finalmente salva la vida al niño; esa imagen de Gibson volviendo a vestir la sotana), y que se van acumulando, le da a toda la historia un tono demasiado “Todo está escrito”. Al menos para mi gusto.

Por el contrario, la parte que parece ser considerada como la secundaria (por decirlo de alguna manera), la referente a los extraterrestres, es la que mayores aciertos contiene. Y aciertos importantes. Es cuando intenta meter el miedo en el cuerpo del espectador cuando Shyamalan demuestra que conoce perfectamente los mecanismos del cine y se confirma como un excelente narrador.
Son muchos los ejemplos que pueden citarse como muestra de sabiduría a la hora de construir una escena:

·La escena de Gibson por la noche solo en el maizal. Con pocos elementos se crea una gran sensación de inquietud. Y cuando vemos esa horrible extremidad que se oculta entre los tallos, el protagonista hace (a diferencia de lo ilógico de los actos de algunos personajes de otras películas), lo que todos hubiéramos hecho: salir corriendo.
·La escena con el veterinario (interpretado por el propio director, M. Night Shyamalan), cuando el ex-padre Hess le corta los dedos a una de las criaturas. Una escena que ya comienza a ser muy inquietante a partir de la confesión que el veterinario hace a Gibson justo antes de dejarle solo: “He conseguido encerrar a uno”.
·El video de cumpleaños. Tan soberbio e inquietante que estoy seguro que perdurará mucho tiempo en la memoria de los espectadores.
·La larga secuencia final del cerco a la casa. Desde que sus habitantes se ven obligados a tapar puertas y ventanas, pasando por la escena del sótano, hasta desembocar en esa estremecedora aparición del alienígena reflejado en el televisor.

Todas estas escenas, y otras, hacen que Señales, a pesar de ser un poco decepcionante y parecerme desequilibrada, me resulte una película bastante interesante.
Siempre he preferido una obra que tenga partes muy flojas y otras brillantes frente a aquellas que se muestran siempre simplemente correctas. Por eso creo que con Señales Shyamalan no ha perdido ni un ápice de su credibilidad como cineasta.
Su talento resulta más que evidente en los ejemplos citados (en otros no citados, e incluso inéditos: esperemos a que nos llegue la edición en DVD para comprobar si se explica en qué consiste ese otro final que Night tenía previsto, y que finalmente se vio obligado a cambiar), y esperaré ansioso su próxima película, a pesar de que siga pensando que el enfoque de Señales sea erróneo, de que piense que cuando en una película aparecen aliens, estos deberían ser el centro de la historia.
En lugar de eso Shyamalan nos ofrece una historia optimista acerca de la fe. Una historia que trata de convencernos de que no estamos solos en el universo.
Y no hablo de alienígenas. Hablo de Dios.

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