Minority report
Iñaki Bahon - 01-04-2005 00:21:42 | Categoria: Películas
Publicado anteriormente en www.cybedark.net)[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=90 - 2002]
La crítica contra Spielberg
En 1968 se estrenó La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero. A pesar de tratarse de una obra bastante mediocre, la crítica ha ensalzado película y director durante años. Y muchos siguen haciéndolo, pese a que la posterior filmografía de Romero haya sido bastante triste.
En 1975 se lanzó Tiburón. La segunda película de Steven Spielberg, una puesta al día del género de “bichos”, se convirtió en un colosal éxito de taquilla, además de conseguir calar como ninguna otra en la conciencia colectiva del público (nadie se baña ya en una playa sin recordar esta obra maestra del género).
Para la crítica no fue suficiente.
En 1981 John Carpenter perpetró La noche de Halloween, una repetitiva película de asesinatos cuyo mayor y dudoso mérito fue el de sentar las bases de ese subgénero tan poco estimulante como el de los psycho-killers. El enorme éxito de que obtuvo, pese a tratarse de un filme con grandes deficiencias, propició que su director fuera considerado un genio (fama que, a mi entender, no hace sino perjudicarle, ya que levanta demasiadas expectativas cuando se trata nada más, y nada menos, que de un competente director de entretenimientos serie B, como ha demostrado con cada título posterior).
En 1978 Spielberg escribe y dirige Encuentros en la 3ª fase, la más inteligente, realista y emocionante recreación de lo que podría ser un contacto entre nuestra civilización y una extraterrestre. Una vez más, el director consiguió un bombazo en la taquilla.
Para la crítica no fue suficiente.
En 1982 se estrena Posesión infernal. Miles de jóvenes aficionados al gore, y con escaso criterio cinematográfico, convirtieron tan absurda película en todo un éxito. Lo más increíble de todo es que aún hoy siga considerándose a su director, Sam Raimi, como un cineasta de talento, cuando ninguno de los títulos que ha dirigido (sí, incluido Spider-Man) pasa de ser simplemente correcto.
Spielberg estrena en 1981 En busca del arca perdida, una obra maestra de ingeniería del entretenimiento como pocas veces hemos tenido la suerte de contemplar los espectadores. Éstos enloquecieron, y, una vez más, el amigo Steven reventó las taquillas.
Para la crítica no fue suficiente.
No voy a seguir con los ejemplos porque creo que ha quedado claro lo que pretendo decir: durante muchos años Steven Spielberg ha sido descaradamente menospreciado por gran parte de la crítica.
La humillación definitiva llegó en 1986. Su película El color púrpura (para algunos ignorantes “su primera película seria”) obtiene 11 nominaciones. Optaba prácticamente a ganar en todas las categorías, salvo, curiosamente, a la de mejor dirección. Finalmente la película no obtiene ninguna estatuilla.
Más que nunca quedó claro que en Hollywood había algo que no se le perdonaba a Steven Spielberg. Tal vez su éxito.
En las últimas décadas se ha instalado la idea de que los directores son los responsables absolutos de sus películas (cosa que no es cierta en la mayoría de los casos). Por este motivo la industria ha tratado de generar tantos productos como le resulte posible. Consecuencia de esta política es que tantos directores tan dudosos (y en algunos casos primerizos) hayan sido ensalzados con si ya fueran cineastas de contrastado talento.
Mientras tanto, Steven Spielberg tenía que demostrar con cada nueva película que era un buen director, y cada una de sus obras era juzgada con una dureza que no se empleaba con, por ejemplo, Ridley Scott o Tim Burton, directores absolutamente irregulares que decepcionan con cada nueva película.
Afortunadamente el tiempo pondrá las cosas en su sitio. Apuesto a que dentro de unos años Darren Aranofski, por ejemplo, estará tan olvidado como hoy lo está Adryan Lyne, en su momento alabado por la crítica.
Una crítica capaz de “tragarse” un concepto tan sonrojante y fraudulento como el Manifiesto Dogma; una crítica que alaba cualquier película con argumento aburrido, actores incompetentes, y rodada por un cámara con Parkinson pero que es capaz de tirar por tierra la filmografía de un hombre que, en algunos aspectos, y por mucho que les pese a algunos, es el director más importante de la historia.
¿Qué tenía que hacer Steven Spielberg para ser considerado un buen director?
Tiene que llegar La lista de Schindler, esa impresionante muestra de lo mejor y lo peor del género humano, para que Spielberg (curiosas iniciales para un director judío que denuncia el holocausto) fuera oficialmente valorado por la crítica. Tras más de veinte años en la profesión, Steven Spielberg fue considerado oficialmente un buen director.
Desde entonces la corriente oficial cambió. Tanto Salvar al soldado Ryan como Inteligencia Artificial cosecharon críticas excelentes. Lo mismo ha sucedido con la última película de Spielberg, este Minority Report. Lo que me sorprende es que ahora es el público quien juzga demasiado severamente al director.
Sé que la adaptación del relato de Philip K. Dick está siendo un éxito en taquilla, algo que se daba casi por seguro; no en vano la combinación Spielberg-Cruise es la más potente, desde el punto de vista comercial, que se puede dar en la industria del cine. Pero en mi entorno más cercano, así como a algunos foros de internet, he encontrado críticas mayoritariamente negativas a la película, lo cual me ha sorprendido y desconcertado. Me daba la impresión de que ahora que la crítica estaba con él, era el público quien empezaba a ser injusto con Spielberg.
Minority Report
Minority Report no es una obra maestra.
De hecho, es cierto que hay cosas que me parece que sobran (como la escenita de Tom Cruise persiguiendo sus ojos por el pasillo), o que me parecen absurdas (como el hecho de que al protagonista no se le anule su clave de acceso a las instalaciones de la policía pese a estar en busca y captura). Pero considero que se trata de una buena película de ciencia-ficción que se sigue con interés, que resulta entretenida, y que hace pensar.
Dentro del género de ciencia-ficción existen obras puramente lúdicas. Para ceñirnos únicamente al cine podríamos citar títulos como La guerra de las galaxias, El planeta de los simios, Terminator, Alien, o Matrix.
Pero también existe otro tipo de ciencia-ficción. Un subgénero que podríamos llamar algo así como ciencia-ficción aplicada, la cual se atreve a especular sobre nuestro futuro. Los autores de estas obras toman el presente como punto de partida, y analizando al ser humano y las tecnologías que ha creado nos presenta uno de futuros al que podríamos dirigirnos. Dentro de este subgénero también son muchos los ejemplos que podríamos citar. Blade Runner, Días extraños, Encuentros en la 3ª fase, etc.
Dentro de este subgénero está Minority Report, basada en un relato de Philip K. Dick, cuyo talento también dio lugar a Blade Runner y Desafío total.
Pero la película no sólo funciona como obra de género. También cuenta una interesante historia de investigación policíaca que, pese a no ser demasiado original (el tema del policía falsamente acusado no es precisamente una novedad) está brillantemente narrado, y cuenta con los suficientes giros y sorpresas argumentales como para que se siga con gran interés.
Además, Minority Report habla de nosotros, de nuestro presente y nuestro futuro.
En esta época post 11-S nos habla de la limitación de las libertades individuales a cambio de un hipotético aumento de la seguridad.
Ahora que Bush se muestra decidido a arrasar cualquier nación que él crea una amenaza potencial, nos habla sobre la dudosa moralidad que supone la actuación de una policía preventiva que actúa antes de que se produzca un crimen. Antes de que el acusado sea en realidad culpable de nada, negando al individuo la posibilidad del libre albedrío, de elegir, en definitiva, de cambiar su futuro.
Habla también de la invasión de la intimidad, de la abusiva utilización de las nuevas tecnologías por parte de la publicidad para bombardearnos con mensajes cada vez más personalizados y agresivos.
Minority Report nos muestra un mundo hipersofisticado regido por los microprocesadores. Aquí ya no se intenta explicar el funcionamiento de estos con el simplista ejemplo del funcionamiento de nuestro cerebro, tal y como se hacía en los albores de la era informática. Estamos en otra etapa. Ahora es al revés: no se trata de que las computadoras actúen como nuestros sistemas nerviosos, sino que son nuestros sistemas nerviosos los que actúan como computadoras.
Se nos puede hackear, programar y descargar la información que almacenamos. Y dado que no tenemos instalado, aún, un sistema operativo que nos permita “limpiarnos” de los archivos que nuestra navegación por la vida va grabando en nuestro cerebro, la forma más eficaz para eliminar esas cookies que permiten que los scanners (sean publicitarios o legales) nos identifiquen, es arrancarnos los ojos y sustituirlos por otros.
Vemos los problemas que suponen los avances: tenemos una ley tan avanzada que permite que te detengan cuando aún no has hecho nada; y unos antibióticos tan potentes que te pueden operar los ojos en una pocilga, ya que la infección está descartada.
Después de ver la película me agencie en internet el relato de Dick. Quería comprobar hasta que punto lo que había visto en la pantalla existía previamente impreso.
Lo descubrí.
El relato apenas aporta a la película nada más que la idea central, la de un agente de policía de un cuerpo dedicado a combatir precrímenes acusado de ser un potencial asesino.
El único elemento novedoso que encontré en el relato respecto a la película es que se da a entender que las discrepancias entre las versiones de los tres precogs son muy habituales.
Si se piensa en ello resulta totalmente lógico: si sólo existiese un futuro los tres lo verían, pero eso también significaría que nada se puede hacer para cambiarlo. Y el hecho es que la unidad de precrimen lo cambia constantemente. Esto se debe a que cada precog sólo ve uno de los posibles futuros. Y esto significa que, seguramente, se detiene a personas que jamás hubieran llegado a cometer un crimen. Se detiene a inocentes.
El resto de los elementos que hacen de Minority Report una gran película ha sido creado por los guionistas a partir de cero.
En el relato no existe el hijo desaparecido del protagonista. Ni la trama detectivesca está tan desarrollada. Ni aparece esa estupenda escena del cambio de ojos (magnífico el personaje del ¿médico?). Ni asistimos a la forma en que las espiarañas invaden obscenamente la intimidad de los ciudadanos en su búsqueda del fugitivo (lo más escalofriante de este momento es ver cómo los vecinos del edificio se someten sin rechistar a tan brutal invasión de su intimidad). Ni existe la escena en el invernadero con la “creadora” de los precogs.
Ni otras muchas cosas que dan entidad a la película.
Teóricamente el guión de Minority Report es adaptado, pero lo cierto es que como digo, se trata de un guión prácticamente original.
Y se trata de otra muestra del talento de Spielberg a la hora de transportarnos a otro mundo, a otra realidad. Otra muestra de lo sabio que es el amigo Steven, que es capaz de contarnos una historia de ciencia-ficción entretenida que no se queda en mero entretenimiento, si no que cuenta con un argumento sólido.
Y, muy de agradecer, sin recurrir a irritantes, por redundantes, movimientos giratorios de cámara al estilo Matrix.
Comentarios (0) - Referencias (0)
.jpg)
