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Donde no me llaman

Matrix Reloaded

(Anteriormente publicado den www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=178 - 2003]

The Matrix Reloaded
EEUU 2003

Andy y Larry Wachowski – Guión y Dirección
Joel Silver - Producción
Bill Pope - Fotografía
Don Davis - Música
Zach Staenberg – Montaje

Intérpretes

Keanu Reeves (Neo)
Laurence Fishburne (Morpheus)
Carrie-Anne Moss (Trinity)
Gloria Foster (El Oráculo)
Harold Perrineau Jr. (Link)
Hugo Weaving (Agente Smith)
Mónica Belluci (Perséfone)

Duración 138 minutos

Más información: http://us.imdb.com/Title?0234215

Los aficionados al cine a veces nos comportamos como fanáticos holligans. Como esos descerebrados que hoy piden la cabeza del jugador que ayer era su ídolo, porque ha fallado un penalti. Como esos lunáticos que duermen con la camiseta del crack que ha fichado su equipo, y la temporada que viene le quieren sacar los ojos porque, con todo el derecho del mundo, se marcha a un equipo rival.
A veces los aficionados al cine nos comportamos así.

Hace cinco años (¡cómo pasa el tiempo!) dos cineastas prácticamente desconocidos rodaron una película que era algo así como una mezcla de todos sus gustos e influencias particulares (el cine oriental, la ciencia-ficción, los videojuegos, Frank Miller, los comics en general...). Su título: Matrix, un filme que, utilizando la más vanguardista y estilizada estética visual, se convirtió en la película de ciencia-ficción más influyente desde Blade Runner. Pero con una diferencia: si la obra de Ridley Scott no fue bien recibida por el público en un primer momento, Matrix se convirtió en todo un bombazo de taquilla. De pronto, esos dos tipos raros que son los hermanos Wachowski se colocaron en el centro de la escena cinematográfica mundial. Habían construido un producto explosivo que desbordó las taquillas y puso de acuerdo a crítica y público. Los Wachowski Brothers son estupendos, maravillosos, geniales, son... ¿Por qué no decirlo? Los Wachowski son Dios.
Nadie lo discute. Nadie lo cuestiona. Nadie lo duda.

Pasa un lustro, y la esperadísima continuación, Matrix Reloaded, se estrena en algunos pases previos promocionales, así como en el festival de Cannes. Las críticas son muy negativas, y, en algunos casos, demoledoras. En la crónica del diario El País, por ejemplo, leo con asombro que los espectadores poco menos que se abalanzaron sobre la puerta de salida para abandonar la sala. Aquello me resultó un poco increíble.
En los foros de internet las primeras ratas comienzan a abandonar el barco, y se multiplican los mensajes en los que los aficionados se ponen la venda antes de sufrir la herida; proliferan los testimonios tipo “no, si a mí Matrix tampoco me gustó mucho, no creas”. Como si esto fuera la posguerra y temieran que la Guardia Civil fuera a fusilarles por su pasado comunista, muchos comienzan a intentar alejar de sí las sospechas de que les hubiera gustado la primera parte, ante la amenaza de que la segunda sea, efectivamente, un pestiño. Comienzan a aparecer algunas críticas peregrinas sobre los muchos planos de casquillos que aparecen en el primer filme, sobre la forma en que se destrozan las columnas a causa de los disparos, o cuestionando por qué entran por la puerta de tal o cual edificio, si lo lógico hubiera sido subir al tejado. Todo ello para tratar de demostrar que Matrix tampoco era para tanto”.

Después del estreno de Matrix Reloaded la cosa fue aún peor. La reacción en internet (hablo de este medio porque permite conocer la opinión de muchos espectadores de forma casi inmediata) es, en general, negativa. De pronto los hermanos Wachowski son unos ineptos. Obviamente todas las opiniones son respetables, y el hecho de que esta secuela me haya gustado no significa que vaya a criticar a quienes opinan lo contrario (de hecho a mí tampoco me convenció demasiado la primera vez que la vi). Pero sí puedo cuestionar el tono y contenido de algunos comentarios. Como digo entiendo que a alguien no le guste la película, e incluso puedo llegar a compartir o comprender su punto de vista en lo relativo a ciertos aspectos. Pero cuando veo comentarios del tipo “¡Es una basura!”, “¡Es una mierda!”, o “¡Matrix Reloaded es un bodrio integral!”... siento decirlo, pero no puedo respetar demasiado el criterio cinematográfico de los autores de comentarios de este tipo.
Ojalá todas las basuras que vemos en el cine fueran como esta. Ojalá el nivel medio de calidad fuera como el de esta película.

Haciendo historia
En el primer Matrix se nos presentaba un mundo en el que los seres humanos vivían una realidad falsa. Esta idea no es demasiado novedosa, ya que distintos autores de ciencia-ficción (Dick, como ejemplo más claro) la han manejado en el pasado, y otras películas, como Abre los ojos o Dark City, (cuyas similitudes con la película de los Wachowski resultan sorprendentes, como puede verse en esta web: http://galeon.hispavista.com/cinerama/actu2/matrixdarkcity.htm), por poner unos pocos ejemplos, ya habían utilizado. Las herramientas empleadas para hacer creer a los humanos que viven una realidad virtual difieren de una obra a otra. Frente a las drogas o los implantes biológicos, en Matrix nuestros opresores (las máquinas, como en la saga de Terminator) utilizan para someternos una realidad virtual generada por ordenador. ¿Con qué fin? Con el de utilizarnos como baterías biológicas (si compensa o no mantener vivo a un ser humano a cambio de la electricidad que produce, es otra cuestión).
Y aquí si que nos encontramos con una idea realmente original e ingeniosa: cómo dotar a los protagonistas de superpoderes de una forma creíble, y sin que dejen de ser humanos. Los rebeldes, desenganchados de ese mega juego de simulación que es Matrix, utilizan el mismo programa que esclaviza a sus congéneres para tratar de liberarlos. En ese programa el resto de la humanidad son simples jugadores que siguen las reglas, pero ellos conocen los trucos. Mientras los personajes virtuales que manejan los demás humanos tienen que comportarse como personas normales, Morfeo y sus colegas saben que no tienen que conformarse con las habilidades simplemente humanas. Son como quien maneja un videojuego y sabe que pulsando triángulo, triángulo, círculo y cuadrado va a conseguir energía extra, munición infinita, o va ser capaz de atravesar paredes. Ahí radican los poderes de los rebeldes.
Utilizando esas armas los esclavos liberados tratan de acabar con el dominio de las máquinas. Para liderar su lucha liberan a Neo, el elegido (The One, en la versión original, apelativos formado por las mismas letras que Neo), algo así como un nuevo Mesías, del cual Morfeo es su profeta (aunque los paralelismos religiosos son abundantes en ambas películas, no voy a extenderme en ellas más allá de lo evidente).
Matrix termina con un Neo que acaba de asumir su condición semi-divina al resucitar y eliminar a los agentes que acaban de “matarle”.

¿Hacía falta una secuela? En realidad no, ya que el final abierto podría haber sido el definitivo. Pero claro, tal y como está la actual industria del cine resulta casi imposible que un mega-éxito así se quede sin continuación, y no creo que a ninguno nos molestase enterarnos de que la Matrix Reloaded estaba en marcha. Más bien todo lo contrario.
No me interesa el debate de si la segunda parte estaba prevista cuando se rodó la primera o no. Para mí carece de importancia: Las dos Torres estaba prevista, y es un tubo, y Aliens: El regreso no lo estaba, y es una maravilla. Así que poco importa la razón por la que se rodó, lo importante es el resultado. Y eso vamos a analizar.

El primer Matrix resultó una película novedosa a muchos niveles, y su continuación, extraordinaria y valiente, no ha querido quedarse atrás. Matrix Reloaded podría haberse limitado a ser más de lo mismo. Podría haber sido simplemente otro episodio de la lucha contra las máquinas, utilizando los elementos que tan bien habían funcionado en la primera parte. Pero no se han conformado con eso. Es cierto que avanza la lucha contra los mecanismos. Existen nuevos enfrentamientos, tanto en el mundo virtual (con los agentes), como en el real (contra los centinelas), ya que vemos como los calamares están a punto de destruir Sion, donde se ha infiltrado un espía (Smith), o como Neo y sus compañeros liberan al Creador de Llaves. Pero el guión, lejos de limitarse a eso, nos ofrece mucha más información que enriquece nuestro conocimiento del mundo de Matrix.
Por un lado, los personajes van evolucionando: Neo es ya un semi-dios capaz de volar (después de verlo uno se queda con las ganas de que rueden de una vez otra entrega de Superman), y de dar y quitar la vida; un semi-dios adorado por parte de su pueblo (en un momento en el que a él sólo le interesa algo tan terrenal como darse un revolcón con Trinity). El Elegido, además, ante la sorpresa de todos, demuestra tener poderes también en el supuesto mundo real. Morfeo, líder indiscutible en Matrix, es cuestionado en Matrix Reloaded. Descubrimos que no todo Sion está de acuerdo con su credo, aunque sí goza del apoyo del consejo que dirige la ciudad.
También nos enteramos de que existen programas rebeldes que se resisten a ser sacrificados en pro de las inevitables actualizaciones. Uno de ellos es Smith, quien (o que), tras ser “apartado del servicio”, actúa ahora por libre, impulsado por motivaciones casi humanas, obtenidas tras su contacto con Neo.

En cuanto a la batalla por la liberación definitiva, nos encontramos en esta segunda entrega en un momento crucial. Las máquinas han descubierto el emplazamiento de Sion, y están a punto de invadir la ciudad. Sus habitantes luchan en dos frentes: el real, preparando la defensa de la población, y el virtual, atacando al mismo corazón de Matrix desde dentro del propio sistema. Y aquí se plantea una gran duda en el espectador, una laguna que el guión, al menos de momento, no ha sabido explicar: ¿Por qué los rebeldes no tratan de atacar el soporte físico de Matrix? ¿Por qué desarrollan sus ataques únicamente en el mundo virtual, y no en el real? ¿Tienen más recursos dentro del sistema? Se supone que es Morfeo uno de los pocos que confía en que, a través de Neo, puedan conseguir algo utilizando Matrix. ¿Siempre se han limitado únicamente a defenderse en el mundo real? ¿Cómo han conseguido sobrevivir 100 años? Tal vez exista una explicación lógica para todo esto, pero de momento no ha sido expuesta.

Vuelvo a insistir en que me parecen infundadas las críticas sobre el guión de Matrix Reloaded. A pesar de lo que se haya podido decir sobre contenidos filosóficos y demás tonterías, esta es una saga de puro entretenimiento, y ambas películas cuentan con historia más que suficiente como para sustentarlas. Creo que son muchas las cosas nuevas que nos cuenta esta inteligente secuela. Pero lo más interesante de la película no son las respuestas que proporciona, sino las nuevas preguntas que plantea

Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos
Duda es la palabra. Cuando ya creíamos tener claro cómo funcionaban las cosas en el universo de la trilogía, qué era Matrix, y qué no era, Matrix Reloaded ha venido a dinamitar todas nuestras certezas. Tal y como han quedado las cosas resulta imposible saber qué es lo real y qué lo virtual.
El elemento principal de toda esta situación de incertidumbre es la sospecha de que el mundo real no lo es tanto. El hecho de que Neo demuestre poderes cuando no debería tenerlos (entre otros datos, como el que sus supuestos predecesores sean idénticos a él, o que un clon de Smith pueda infiltrarse en el mundo real), avala la teoría de que todo lo que los humanos creen real, incluida Sion, es tan sólo otra simulación que Matrix genera ¿para tener entretenidos a los humanos?
También es clave la escena con el Arquitecto. Si logramos atravesar la cortina de pedantería de su discurso (que parece escrito para resultar deliberadamente farragoso), comprendemos que lo que dice resulta sencillo de entender, y de que todo lo que creíamos saber acerca de Matrix es (o puede ser) falso. Si ingenioso era el planteamiento de la primera parte, esta idea de que el Oráculo es tan sólo un mecanismo de control del propio sistema no lo es menos.
A partir de esto, los espectadores elaboramos montones de hipótesis. Todas pueden ser falsas, y cualquiera puede ser cierta. En esta estructura de muñecas rusas, de realidad virtual dentro de realidad virtual (idea ya desarrollada en la interesante pero mediocre Nivel 13), de Matrix dentro de Matrix, cualquier cosa es posible.
Ignoramos de parte de quién está realmente el Oráculo. No sabemos si quienes nos esclavizan son en realidad máquinas, ni cuánto tiempo llevan haciéndolo. No sabemos si Sion es real, ni siquiera si Neo es real, o el sistema lo ha creado para que confiemos en él mientras nos hacen la puñeta (tal y como los gobiernos han creado a los dioses desde el principio de los tiempos). O tal vez ni siquiera exista esa civilización de máquinas opresoras, y no todo el mundo esté conectado al sistema, sino tan sólo un grupo de voluntarios para un experimento. O tal vez todo lo que hemos visto es fruto del cerebro de un solo individuo que ha sufrido una conmoción cerebral.
Pero las posibilidades son tantas que no voy a pretender ser exhaustivo al enumerarlas. Lo único cierto es que tras dos películas no tenemos ni idea de la situación en la que nos encontramos. Los hermanos Wachowski han tenido la habilidad de entretenernos durante 4 horas y de haberse quedado con todos los ases en la manga, de disponer de libertad total para hacer lo que quieran para redefinir a su antojo la realidad de Matrix.
Una ventaja para ellos, pero también un gran riesgo: Matrix Revolutions puede resultar brillante y sorprendente, pero también decepcionante.
En la actualidad hay tres grandes sagas cinematográficas en marcha: Star Wars, El Señor de los Anillos, y Matrix. De las tres es esta última, sin duda, la que más me interesa conocer cómo termina. Las respectivas tres últimas entregas de estas trilogías nos van a contar cómo terminan las historias, qué va a pasar, cómo va a acabar todo. Pero Matrix Revolutions no sólo tiene que explicarnos el futuro; también tiene que aclararnos el presente y el pasado.

Luces, cámaras... y mucha acción
Me resulta irritante que alguien me diga que Salvar al soldado Ryan Está bien, pero que muchos tiros ¿no?”, o que Chicago Está bien, pero cantan mucho ¿no?”. Sinceramente no puedo procesar que alguien considere como un defecto los disparos en una película bélica, o las canciones en un musical.
De igual forma me resulta absurdo que muchas personas a quienes había gustado Matrix, critiquen la estética y el estilo visual de Matrix Reloaded. Por supuesto que no tiene por qué gustar a todo el mundo, pero es indiscutible que resulta absolutamente coherente con la entrega anterior, y no creo que nadie tenga derecho a sentirse engañado. Es cierto que desde el estreno de la primera parte somos víctimas de una avalancha de imitaciones, parodias y homenajes que nos han saturado un poco de tanto tiempo bala y demás efectos. Pero no sería justo que fuera precisamente la saga original que dio lugar a toda esta corriente la que pague los platos rotos de esta saturación.
Lo cierto es que nos encontramos ante una película de acción desenfrenada, y de ritmo trepidante. Desde el James Cameron ( Terminator 2, Mentiras Arriesgadas) no se había visto nada comparable. ¿Qué decir de toda la secuencia del rescate del Creador de Llaves? Sinceramente creo que esta escena sin precedentes merece ella sola el precio de la entrada.
Los Wachowski sí que cuentan con ese talento para el espectáculo que echaba de menos en Bryan Singer cuando comenté X-Men 2.

Pero he dicho que la película me gusta mucho, no que la considere una obra maestra. No se puede negar que presenta algunos defectos evidentes.
En primer lugar el guión tiene algunos puntos auténticamente negros en los que el ritmo se reduce a cero: la conversación de Neo con el consejero de Sion en el nivel de la maquinaria (un auténtico diálogo de besugos), la charla con el oráculo, el discurso de Melovingio (¿), o, incluso, las explicaciones del Arquitecto, son momentos bastantes pesados en los que los espectadores en general se aburren. Y todo, a mi entender, a causa de unos diálogos pobremente escritos que parecen deliberadamente construidos para resultar pedantes y pesados.

Por otro lado nos encontramos con que algunas escenas se alargan demasiado. Por ejemplo, la pelea de Neo con las docenas de agentes Smith, aunque antológica, me parece excesivamente larga. A partir de cierto momento pasa a hacerse repetitiva, y no aporta nada a la narración. Neo bien podría haber salido volando cinco minutos antes. Esta escena resulta idónea para comentar también ciertas cuestiones de Matrix Reloaded. Primero, algo que me resulta un poco molesto en todas las peleas, el hecho de que los personajes no parece que luchen si no que posen; Los movimientos son espectaculares y acrobáticos, pero los actores lanzan brazos y piernas sin fuerza, dando a los golpes un toque de falsedad, como si estuvieran ejecutando katas en lugar de pelando por su vida.
Aunque también podemos admirar aquí la calidad del diseño de este tipo de escenas en toda la película. Y no hablo de sofisticados efectos digitales: hablo de algo tan simple, pero tan difícil de respetar, como es la continuidad espacial (o el raccord, si se prefiere). En todas las peleas de Matrix ( y en todas las escenas de acción) el espectador sabe perfectamente dónde está cada personaje en cada momento, sin llegar a perderse. Estas posiciones se respetan a pesar de que pueda haber muchos personajes, o de que el montaje sea muy rápido. Qué diferencia con películas como Daredevil, donde sufríamos vértigos en cada pelea, sin saber qué es lo que estaba pasando. En los dos Matrix la nitidez de las peleas resulta impecable.
Pero esta escena, al igual que muchas otras de la película, contribuyen a hinchar la duración de la película. Al igual que el vídeo clip de la fiesta en Sion, el cual resulta largo y un tanto absurdo. No se sabe muy bien qué es lo que quiere transmitir (en principio resulta chocante que una ciudad sometida durante generaciones a la opresión de las máquinas cuente con una población tan atractiva, auténticas bellezas en algunos casos, pero si uno lo piensa bien esto tiene su lógica: se supone que la mayoría de los habitantes han sido previamente desconectados de Matrix; en estas condiciones no resulta extraño que, a la hora de elegir a quien desenchufar, uno seleccione a los ejemplares más atractivos).

Conclusión
La saga Matrix es puro entretenimiento, y en ese terreno funciona perfectamente. Los Wachowski, tuvieron la suerte de disponer de un presupuesto holgado para crear unas películas visualmente sin precedentes. Pura forma.
Ha sido después del éxito de la primera parte cuando se ha comenzado a hablar de contenidos filosóficos y religiosos, más presentes en Matrix Reloaded. Es cierto que eso chirría un poco. No sé hasta qué punto es cierto que los responsables de la saga crean estar generando una nueva mitología, o todo es fruto de la campaña promocional, o de la “maldad” de los periodistas, pero parece como si se quisiera dar a todo el tinglado más trascendencia de la que tiene en realidad.
También resulta irritante esa política de dividir las películas en varias partes para venderlas varias veces (como también está haciendo El Señor de los Anillos). La unidad de una película debería venir dada por la historia que cuenta, no por su duración. Estoy seguro de que si se hubiera ajustado la duración de algunas escenas de Matrix Reloaded, se podría haber fusionado con Matrix Revolutions en una sola película de, por ejemplo, tres horas (una duración nada descabellada).
Y está claro que los hermanos Wachowski saben de cine, y saben cómo ajustar una escena. Prueba de ello es el soberbio montaje de la secuencia en la que se planea el asalto final al sistema central, para lo que debe sabotearse el sistema eléctrico. Escuchamos al Creador de Llaves explicando cómo debe procederse al asalto, y a Morfeo explicando que, según la profecía, la guerra podría acabar hoy, y con un montaje paralelo que salta adelante y atrás en el tiempo asistimos a la planificación del asalto, y al propio asalto al mismo tiempo. La escena queda perfectamente narrada, de forma muy interesante, y utilizando el mínimo metraje.
Si se hubiera utilizado esa economía en el resto de la película, no estaríamos hablando de un filme de más de dos horas. Resulta evidente que se ha intentado alargar la película para forzar esa tercera parte.

En conclusión, dejando de lado los citados baches del guión, o las consecuencias de ciertas maniobras comerciales, considero que Matrix Reloaded no es en absoluto innecesaria o prescindible. Si nos interesa la historia esta entrega resulta crucial para comprenderla, y además tiene la virtud de haber dejado la historia colgando en un punto absolutamente apasionante. Por no hablar del hecho de que ha generado un debate enorme, divertido, algo digno de agradecer. ¿Qué pasará? Cualquier opinión es válida. Cualquier cosa es posible.
¿No resulta divertido todo esto?

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