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Donde no me llaman

Los ladrones de cuerpos en el cine

(Publidado previamente en www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=94 - 2002]

Introducción
Dos cabras están en la Filmoteca Nacional devorando un rollo de película. Una le pregunta a la otra:

-¿Qué te parece?
-No sé chica, me gustó más el libro.


Este conocido chiste se basa en ese tópico que afirma que las películas basadas en obras literarias (sean novelas, relatos, obras de teatro, o incluso cómics) no suelen estar a la altura de las obras que adaptan. Estos comentarios suelen abundar cuando se lleva a la gran pantalla algún best-seller que ha vendido millones de ejemplares, y puede que en la mayoría de los casos sean apreciaciones fundada, no voy a discutirlo. Lo que sucede es que el cine no sólo adapta a Clancy, King, Crichton, Grisham, o a los demás campeones de ventas: gran parte de las películas que se han rodado se basan en alguna obra anterior, sólo que, en muchos casos, el espectador no lo sabe, por lo que en estos casos las comparaciones no se producen.
Por ejemplo, no fue hasta mucho tiempo después de ver La invasión de los ladrones de cuerpos que me enteré de que la película estaba basada en una novela (en realidad en un serial publicado por la revista norteamericana Collier’s Magazine que posteriormente se recopilaría en forma de novela) que no había sido editada en nuestro país. Por ello, la comparación con esta adaptación cinematográfica (y las posteriores) resultaba difícil, a no ser que se agenciase uno alguna edición foránea, claro.
Ahora la editorial Bibliopolis ha saldado esa cuenta pendiente con todos los aficionados a la ciencia-ficción editando por primera vez en España Los ladrones de cuerpos.
Ahora ya vamos a poder comprobar si estamos de acuerdo con la cabra del chiste o, por el contrario, alguna de las películas basadas en Los ladrones de cuerpos es mejor que el libro.

Este artículo que estáis a punto de leer (salvo que la introducción os desanime) trata, precisamente, de las versiones cinematográficas de Los ladrones de cuerpos.
Aunque no se entrará aquí a comentar la novela en sí misma, si que se estudiará ésta en relación con las adaptaciones cinematográficas que ha originado, comparando la fidelidad de las tres películas con la obra literaria, así como los aciertos y desaciertos de cada una de ellas.
Las películas se tratarán por orden cronológico. Cada apartado incluirá, además de los comentarios correspondientes, una pequeña ficha técnica y un resumen del argumento. Dicho resumen es bastante amplio en los dos primeros casos (La invasión de los ladrones de cuerpos, y La invasión de los ultracuerpos), por varios motivos.
Primero porque puede que alguno de los lectores no hayan tenido oportunidad de ver alguna de ellas. Segundo porque, aunque evidentemente comparten la base argumental, los guiones de ambas películas son lo suficientemente distintos como para que no resulte demasiado repetitivo incluir ambos resúmenes. Y tercero porque, en el caso de la primera, su fidelidad casi absoluta con la novela hace que sirva como referencia para medir la de las posteriores versiones.
En el caso de Secuestradores de cuerpos, debo confesar que no he podido escribir un resumen extenso ya que me ha resultado imposible localizarla en ningún videoclub o en la videoteca de algún amigo (es lo malo de las malas películas: que casi nadie las conserva). Por este motivo he tenido que basarme en la memoria y en alguna información obtenida en libros o en internet.
En cualquier caso espero que el artículo resulte ameno e interesante para todos los lectores, sea cual sea su grado de conocimiento de las películas o de la novela que las inspiraron.

Advertencia: Este artículo destripa totalmente tanto la novela como las películas. Quedáis avisados.

La invasión de los ladrones de cuerpos
(Invasion of the body snatchers -1955)
Dirección: Don Siegel
Producción: Walter Wanger
Guión: Daniel Maiwaring
Fotografía: Ellsworth Fredericks
Música: Carmen Dragon
Montaje: Robert S. Eisen
Duración: 80 min.

Intérpretes:
Kevin McCarthy (Dr. Miles Bennell).
Dana Wynter (Becky Driscoll).
Larry Gates (Dr. Danny Kauffman)
King Donovan (Jack Belicec)
Carolyn Jones (Theodora Belicec)
Jean Willes (Sally)
Sam Peckinpah (Charlie Buckholtz)

más información http://us.imdb.com/Title?0049366

Argumento
Un psiquiatra es requerido una noche por la policía para que atienda a un tipo aparentemente desequilibrado y muy exaltado a quien han detenido. El individuo, el Dr. Miles Bennell, cuenta a su colega un increíble relato al que asistimos por medio de un flash-back.
La semana anterior, explica Bennell, se encontraba asistiendo a un congreso de medicina cuando una llamada urgente de su enfermera Sally le obligó a regresar a su pueblo, Santa Mira: al parecer varios vecinos se habían puesto enfermos de repente y sufrían una extraña dolencia que no sabían explicar.
Cuando llegó a su consulta (tras haber estado a punto de atropellar a un Jimmy, un joven del lugar que huía de su madre porque, según ella, no quería ir al colegio) Miles descubrió que, sorprendentemente, casi todos los pacientes que días atrás habían solicitado sus servicios habían anulado ahora sus citas.
Quien sí pasó por su consulta fue Becky Driscoll, una antigua novia del doctor que había regresado al pueblo tras un divorcio y 5 años el Londres. La joven explicó a Miles que su prima Wilma insistía en que su padre (el tío de Becky) no era en realidad su padre, sino un impostor idéntico al auténtico.
Tras reconocer a Jimmy, a quien su abuela llevó a su consulta porque el niño insistía en que su madre no era su madre, el Dr. Bennell visitó al tío de Becky, Ira. Aunque aparentemente era el mismo de siempre Wilma se mantuvo en su postura. La apariencia y los recuerdos de su padre eran los mismos de siempre, pero sus emociones parecían haber desaparecido.

Miles comentó entonces el caso con el Dr. Kauffmann, un psiquiatra amigo suyo, quien le sorprendió al revelarle que durante su ausencia la extraña neurosis se había convertido en una especie de epidemia en el pueblo: esa obsesión que hacía dudar de la identidad de familiares y amigos afectaba ya a muchos vecinos.

Esa misma noche, mientras se disponía a cenar con Becky, Miles recibió una llamada urgente de su amigo Jack. Una vez en su casa éste le mostró algo que, a pesar de parecer un cuerpo humano, no era exactamente un cadáver: carecía de señales que pudieran justificar su muerte; sus rasgos estaban difuminados; carecía de huellas dactilares; y, lo que resultaba aún más inquietante, su estructura física coincidía con la de Jack.
Los dos amigos, junto con Becky y Teddy, la mujer de Jack, decidieron no llamar a la policía por el momento, y mantenerse a la espera de que se produjera algún cambio en el extraño cuerpo.
El doctor llevó entonces a Becky a casa, donde ambos se sorprendieron al encontrar levantado a esas horas al Sr. Driscoll, quien en aquel momento subía del sótano.

Horas después Jack y Teddy llegaron aterrados a casa de Miles. Le explicaron que cuando se durmieron el “cadáver” había abierto los ojos, apareciendo poco después en su mano una herida idéntica a la que Jack se había hecho poco antes: todo indicaba que el cuerpo que yacía tendido en su casa estaba adoptando la apariencia de su anfitrión.

Miles telefoneó entonces a Kauffmann para que acudiera a su casa, y mientras esperaba la llegada de su colega fue a casa de Becky a comprobar que se encontraba bien.
Una vez allí, obedeciendo a algún extraño presentimiento, decidió no llamar a la puerta y entrar por la ventana del sótano, donde descubrió otro cuerpo, esta vez idéntico al de Becky. Inmediatamente sacó a la mujer de la casa y la llevó a la suya.

Poco después los cuatro amigos, a quienes ya se les había unido el Dr. Kauffmann, descubrieron que tanto el doble de Jack como el de Becky habían desaparecido. El psiquiatra mostró su escepticismo acerca del relato, y dio a todo el asunto una explicación racional. Además, la policía les informó de que un cadáver que se correspondía con la descripción del de la casa de Jack había aparecido en un granero incendiado.
Aunque en absoluto convencidos por tales argumentos, los cuatro amigos decidieron concederse un descanso, marchándose todos a dormir a casa de Miles.

La noche siguiente, mientras preparaban una barbacoa, un desconcertado Miles explicó a sus tres amigos cómo Wilma le había asegurado por la mañana que había superado su obsesión respecto a su padre, mientras que Jimmy aparentaba encontrarse perfectamente feliz junto a su madre.
El carácter aparentemente tranquilizador de estas noticias pronto se puso en cuestión ante un descubrimiento horrible: en un invernadero a pocos metros de ellos se estaban formando unos cuerpos idénticos a los suyos a partir de unas enormes y extrañas vainas.
Miles y los demás comprendieron entonces que tales duplicados sustituían a las personas originales aprovechando el momento en el que éstas se dormían.

Tras destruir las réplicas (sigue narrando Miles en la comisaría), trataron de conectar con el FBI, pero las extrañas criaturas ya se habían hecho con el control de las líneas telefónicas, por lo que decidieron que Jack y Teddy fueran a buscar ayuda al pueblo vecino, mientras que Miles y Becky se dirigirían a refugiarse a casa de Sally.
Comprendiendo que no podían fiarse de nadie (sobre todo tras destruir dos nuevas vainas colocadas en el maletero de su coche por el empleado de una gasolinera), se acercaron sigilosamente a la casa de la enfermera. A través de la ventana pudieron observar a un grupo de vecinos allí reunidos alrededor de una vaina que se disponían a colocar en la habitación de la hija de Sally, con el consentimiento de la propia madre.
Becky y Miles fueron entonces descubiertos, y todo el pueblo, que al parecer ya había sido sustituido por los terroríficos e inhumanos duplicados, se lanzaron en su persecución. La pareja se refugió entonces en la consulta del Dr. Bennell, donde tomaron unas píldoras para evitar ser vencidos por el sueño mientras esperaban a que Jack regresara con ayuda.
Pero el tiempo pasaba y la caballería no acababa de llegar, y desde la ventana observaron como cientos de vainas eran repartidas entre los habitantes de pueblos vecinos: la invasión trataba de extenderse.

Finalmente horas después apareció Jack. Pero la alegría de Miles y Becky se desmoronó cuando descubrieron que su amigo había sido “sustituido”, y que le acompañaban Kauffmann y otros vecinos, todos ellos dobles deshumanizados, quienes llevaban sendas vainas destinadas para el Dr. Bennell y su amiga.
Kauffmann trató de hacer ver a su colega el interés científico del asunto, explicándole que las vainas eran el fruto de unas semillas extraterrestres que vagaban por el espacio y echaron raíces en un campo cercano. El psiquiatra aseguró que el proceso no era doloroso, y que en cuanto sus cuerpos fueran sustituidos ya no experimentarían molestos sentimientos como la ambición, la fe, o el amor.

Pero la pareja seguía negándose a transformarse en seres sin alma, y consiguieron huir tras inyectar unos somníferos a sus captores. Su objetivo era llegar a la autopista y tratar de detener algún vehículo que pudiera sacarles de allí. Comprendieron que su única oportunidad de escapar consistía en aparentar frialdad, ausencia de emociones, como si el cambio ya se hubiera producido, con el fin de no despertar sospechas entre sus vecinos.
Pero una vez en la calle Becky no pudo contener un grito al ver que un perro estaba a punto de ser atropellado. Esto les delató, y la multitud se lanzó de nuevo en su persecución.

Agotados por tensión y la falta de sueño la pareja huyó entonces hacia las montañas, escondiéndose en una mina abandonada donde pudieron despistar a sus perseguidores. Allí pasaron varias horas, y antes de decidirse a abandonar su refugio Miles salió a explorar los alrededores tras dejar a Becky oculta y a salvo. El doctor descubrió entonces que en una granja cercana se estaban produciendo miles de vainas, las cuales se cargaban en camiones, listas para su exportación.
Cuando Bennell volvió junto a su compañera presenció horrorizado como la mujer, vencida por el cansancio, no pudo evitar dormirse durante unos instantes: el ser que instantes después abrió los ojos, unos ojos fríos e inhumanos, ya no era Becky. El cambio se había producido.

Desesperado, y perseguido también por su antigua novia, Miles consiguió llegar a la autopista. Pero sus intentos de detener algún vehículo no tuvieron éxito, por lo que se subió al remolque de un camión que se dirigía a Los Ángeles. Un camión que transportaba una terrible carga: cientos de vainas extraterrestres.

El flash-back termina con un Dr. Bennell a punto de enloquecer, convencido de que la invasión alienígena se extiende por la ciudad. El psiquiatra de la policía, en cambio, no cree ni una palabra del relato, y cuando se dispone a prescribir el tratamiento que cree necesitar Miles, ingresan en urgencias a un hombre que ha sido atropellado por un vehículo procedente de Santa Mira. Los enfermeros comentan que han tenido que sacar al herido de debajo de unas extrañas vainas.
Ahora la policía no tiene más remedio que tomar en serio el testimonio del Dr. Bennell, por lo que inmediatamente se dan las órdenes pertinentes para detener la invasión.

La fidelidad a la novela
Sin ninguna duda, esta primera adaptación de la obra de Finney es la más fiel de las tres rodadas hasta el momento.
Además del argumento, el cual se sigue punto por punto, tanto personajes, momento histórico, y escenarios son idénticos a los que aparecen en el libro. Sólo algunos detalles diferencian ambas obras. Detalles pequeños, la mayoría de ellos, pero significativos en otros casos.
En la película la acción parece condensarse respecto al libro, dando la impresión de que todo transcurre en un periodo de tiempo más corto, y eliminando algunos detalles que frenan el avance de la trama.
Así desaparece en la película el Dr. Budlong, primero en tratar de dar una explicación del origen de las vainas en una escena estática que ralentiza el ritmo. También ser reducen los apuntes románticos en los cuales Miles se interroga acerca de sus sentimientos sobre Becky y sobre la conveniencia de éstos.
No se muestra tampoco la escena en la que Bennell contacta con un amigo que tiene en el Pentágono para informarle de lo que pasa y pedir ayuda. En el libro esta escena resulta bastante absurda: tras una larga conversación telefónica con el militar, ambos deciden que es mejor no informar a sus superiores, ya que no seguramente no les creerían y no serviría de nada. Dado lo grave de la situación, lo lógico parecería intentar conseguir ayuda sea como sea. En la película Bennell sí trata de conectar con agentes del gobierno fuera de Santa Mira, pero le resulta imposible porque las líneas telefónicas ya están controladas por los invasores (una solución mucho más lógica que la del libro).
Así mismo se eliminó en la película el dato de que los invasores, dada su naturaleza alienígena, tan sólo viven 5 años, ni se muestra tampoco el engaño, un poco burdo, que Miles y Becky llevan a cabo: consiguen confundir a las vainas para que dupliquen a dos esqueletos en lugar de a ellos mismos (al no aparecer esta escena, en la película no se llega a saber con certeza qué sucede con los cuerpos originales después de ser duplicados, mientras que en el libro “vemos” cómo se convierten en polvo).
Todos estos elementos eliminados respecto a la novela consiguen que la película gane en densidad, en concreción, consiguiendo gracias a ello un ritmo excelente.

Además, la película añade escenas que no aparecen en el libro. Por ejemplo, ese perro a punto de ser atropellado que delata la humanidad de Becky. Pero, sobre todo, nos regala esa estremecedora escena del invernadero en que los cuatro amigos contemplan horrorizados cómo se están duplicando sus cuerpos. Este momeno, posiblemente el que más perdura en la memoria del espectador, curiosamente no aparece en el libro.

Pero es en el desenlace donde existen mayores diferencias, a pesar de que tanto el libro como la película acaban “bien” (por decirlo de alguna forma). En la novela, tras incendiar una plantación de vainas, Miles y Becky observan cómo las supervivientes se elevan hacia el cielo, huyendo de un planeta en el cual parecen haber encontrado demasiada resistencia. La situación resulta un poco absurda, ya que, a pesar de haber acabado con una plantación, en ese momento la pareja está totalmente exhausta y acorralada.
En la película también se da a entender que la invasión va a ser detenida, pero el final resulta mucho más inquietante, ya que Miles ha pedido a Becky (cosa que no pasa en el libro), y casi la cordura.
Claro que mucho más terrorífico resultaba el final previsto en un guión previo, en el cual no existía la parte en la que el Dr. Bennell narraba su historia al psiquiatra. La historia acababa con el hombre gritando en la autopista, desesperado al no conseguir convencer a nadie de que la invasión se está extendiendo.

En resumen, basándome en lo que he comentado, considero esta película superior al libro.
Aunque la base argumental es mérito de Jack Finney, por supuesto, el estilo literario del libro me resulta en exceso simple y carente de personalidad. La película tiene el acierto de eliminar los elementos más flojos del original, y potenciar los más interesantes, superando en calidad a su referente literario. Personalmente estoy convencido de que si la obra de Finney despierta tanto interés casi 50 años después de su publicación se debe a lo bien que la ha tratado el cine. Algo parecido a lo que sucedió, por ejemplo, con Tiburón, una novela muy mediocre que no perduraría en el recuerdo de casi nadie si no hubiera dado lugar a esa obra maestra de Steven Spielberg.

Segundas lecturas
Cuando se lee o se escucha algún comentario sobre esta película (o sobre muchas de sus compañeras de “quinta” y de género), resulta sumamente frecuente, por no decir inevitable, encontrarse con que se realiza de ella una lectura simbólica. Se suele asegurar que su argumento no es otra cosa que una metáfora acerca de la paranoia que existía en los años cincuenta en Estados Unidos ante una posible invasión comunista.
La guerra fría había creado tal estado de ánimo en la población que por todas partes se creía ver agentes del siniestro ejército rojo. Cualquier enemigo que el cine presentase en los años cincuenta, fuera humano o extraterrestre, natural o sobrenatural, posteriormente se identificaba con la amenaza soviética. Personalmente me irrita bastante este tipo de acercamiento a las películas.
No niego que estas lecturas tengan su base. Tanto en la novela (en la que Bennell piensa que “estamos refinando tanto nuestras vidas que suprimimos todo rastro de humanidad en ellas”) como en las películas, se habla de la progresiva deshumanización que sufre el ser humano causado por el progreso y el avance tecnológico de la sociedad, que nos llevan a sacrificar nuestra alma a cambio de la eficiencia.

Posiblemente los risibles extraterrestres de Invasores de Marte, el pepino hiperdesarrollado de El enigma de otro mundo, o las propias vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos (por escoger sólo algunos ejemplos de entre los muchos posibles), fueran, consciente o inconscientemente, inspirados por esa maravillosa cruzada emprendida por el inefable senador McCarthy, y por la paranoia generada por la guerra fría.
Es muy posible, y supongo que muy interesante a efectos sociológicos o históricos, pero desde mi punto de vista no es este elemento primordial a la hora de analizar todas estas películas.
Considero un error que casi siempre que se analice el cine fantástico de los cincuenta (repleto de bodrios, pero también de numerosas obras sumamente interesantes), se recurra al tema de la metáfora política como elemento sustancial de las películas. Esto no beneficia en absoluto a los filmes analizados, ya que relega a un segundo plano sus valores auténticamente cinematográficos. Un error que me molesta notablemente, ya que afecta sobre todo a un género tan querido por mí como es el fantástico.

El caso de La invasión de los ladrones de cuerpos es idóneo para discutir lo inadecuado que puede resultar este enfoque:
Primero porque es una de las películas en las que más evidente resulta que ese miedo que relata (el de ser sustituido por un doble inhumano), puede identificarse con el miedo real que existía a esa invasión comunista (quienes se pensaba que también carecían de alma). Esto ha originado que el sambenito de “película que retrata la sociedad norteamericana durante la guerra fría” le haya acompañado durante todos estos años. Por otra parte, el hecho de que el guión fuera escrito por Daniel Mainwaring, seudónimo de Geoffrey Homes, un novelista norteamericano incluido en la lista negra durante la caza de brujas por sospecharse que simpatizaba con el comunismo, hace suponer que el film no trataba de advertir sobre la amenaza contra la que creía luchar McCarthy; tal vez sobre todo lo contrario.
Y segundo, porque evidencia la perversión de esta línea crítica: el análisis simbólico se aplica en esta ocasión a una excelente película (sin duda de las mejores entre las realizadas durante aquel periodo), y desvía la atención de los auténticos y numerosos valores de la obra, más que suficientes para demostrar la calidad de la película sin tener que recurrir a segundas lecturas.

La película
Cuando vi por primera vez La Invasión de los ladrones de cuerpos tenía menos de diez años, y dejó en mi algunas huellas profundas. La primera en forma de quemadura. Me la produje a fuerza de frotarme la barbilla durante gran parte de la película. Estaba tan nervioso que ni siquiera me di cuenta de lo que estaba haciendo.
Aquella quemadura se curó en unos días, pero el recuerdo de aquellas vainas pariendo sus inhumanos dobles jamás desapareció.

La invasión de los ladrones de cuerpos es una de esas obras que hacen amar y respetar el cine fantástico. Una película que con una estética sobria, casi más propia del cine negro que de la ciencia-ficción, y con la ayuda de un competente reparto, desarrolla un sólido guión que avanza inexorablemente, sin pausa, conduciéndonos a través de la inquietante historia.

Habrá quien piense que una película con ritmo debe ser algo así como La roca, o Batman y Robin, las cuales basan la supuesta fluidez de la narración en elementos puramente artificiales, como absurdos movimientos de cámara, frenéticos efectos de montaje, y, por supuesto, abundante pirotecnia. Pero el auténtico ritmo sólo puede lograrse en el plano intelectual, y reside en la capacidad del guión de proporcionar información interesante de una forma interesante, dosificando los datos de modo que la narración (y gracias a ello la mente del espectador) se mueva continuamente hacia delante.
En este sentido el guión de Daniel Mainwaring (tremendamente eficaz, sobrio y conciso), se revela como una pequeña obra maestra.
El interés del espectador se despierta a los pocos minutos de metraje, con la aparición de Jimmy (el niño que asegura que su madre no es su madre), y a partir de ese momento se van añadiendo, de forma incesante, nuevas piezas a la historia, las cuales van creando una poderosa sensación de desasosiego.
La narración avanza sin detenerse, implacable, hasta el extremo de que resulta imposible eliminar cualquier escena de la película sin que ésta se resienta. A esta severa concisión se le añade, además, una envidiable tenacidad en lo referente a no soltar el hilo central de la historia. Insisto aquí en lo inteligente que me parece haber eliminado algunos elementos del libro.
Un guión específico, sutil, conciso, sin elementos superfluos, y que no divaga, como éste, es sin duda una joya difícil de encontrar. Una joya con auténtico sentido del ritmo, sumamente eficaz a la hora de crear una gran tensión, incrementada ésta por el hecho de que la narración transcurre a lo largo de un corto periodo de tiempo (unos pocos días).

Resulta evidente la predilección que siento por esta película. Aún así, no me queda más remedio que resaltar lo que resulta, a mi entender, un notable fallo de guión, el cual me sorprende no haber encontrado señalado en ningún sitio: cuando los humanos son sustituidos por sus duplicados extraterrestres se supone que éstos cobran vida mientras que los originales son destruidos (o se autodestruyen) de alguna forma. Entonces... ¿qué pasa con Becky?
Ella se duerme y se transforma en presencia de Miles, sin que haya sustitución de cuerpos. La auténtica Srta. Driscoll cierra los ojos, y cuando despierta es su mismo cuerpo el que alberga a ese ser deshumanizado en que se había resistido con todas sus fuerzas a convertirse.
El mostrar cómo una mujer enamorada cierra los mismos ojos que instantes después vuelve a abrir una criatura no humana produce un efecto dramático realmente poderoso, tan poderoso que posiblemente resultó irresistible para los responsables de la película. Pero lo cierto es que la escena traiciona la lógica de la narración. Se puede argumentar que el cambio se produce mientras Miles está ausente. Pero eso implicaría que cuando éste regresa ella finge seguir siendo la Becky original, lo cual chocaría con el comportamiento visto hasta ese momento en los duplicados.
Por otra parte ¿no es raro que hubiera una vaina en aquella cueva?

Pero este desliz, aunque notable, no afecta en absoluto a la calidad de una película que cuenta con escenas tan magníficas como la ya citada del invernadero. O como aquella en la que un enloquecido Miles trata de detener algún vehículo en la autopista, y comprueba horrorizado que las vainas invasoras ya están siendo enviadas a Los Ángeles y San Francisco.
Esta conmoción debió haber sido compartido por el público de haberse mantenido el final originalmente previsto para la película, aquél que mostraba a Kevin McCarthy gritando a los conductores (a los espectadores, en realidad) “¡Todos ustedes están en peligro! ¡Ya están aquí! ¡Usted será el primero! ¡Y usted el siguiente!”. Pero en aquella época el final feliz era un poco menos que obligatorio (taquilla manda), por lo que se decretó esa construcción en flash-back que desemboca en un forzado final feliz, el cual, para mí, empaña un poco el brillo de esta obra maestra del cine fantástico.

Afortunadamente queda el consuelo de que, veintidós años después, los pequeños “defectos” de la película serían reparado de alguna manera gracias a un excelente remake de la película: La invasión de los Ultracuerpos.

La invasión de los ultracuerpos
(Invasion of the body snatchers-1977)
Dirección: Philip Kauffman
Producción: Robert H. Solo
Guión: W.D. Richter
Fotografía: Michael Chapman
Música: Denny Zeitlin
Montaje: Douglas Stewart
Duración: 115 min.

Intérpretes:
Donald Sutherland (Matthew Bennell)
Brooke Adams (Elizabeth Driscoll)
Jeff Goldblum (Jack Bellicec)
Veronica Cartwrith (Nancy Bellicec)
Leonard Nimoy (Dr. David Kibner)
Art Hindle (Geoffrey)

más información http://us.imdb.com/Title?0077745

Argumento
Durante los títulos de crédito se nos muestra cómo unas semillas extraterrestres llegan a nuestro planeta, y a partir de ellas comienzan a desarrollarse unas extrañas flores.
Una de estas flores es recogida por Elizabeth Driscoll, una funcionaria del Departamento de Sanidad, quien la lleva a su casa, donde vive con su marido Jeffrey. A la mañana siguiente la mujer descubre que la flor ha desaparecido, y que su esposo se comporta de una manera extraña.
Una vez en el trabajo comenta el asunto con Matthew Bennell, un inspector de sanidad amigo suyo, a quien explica que su marido ya no parece su marido, y que a pesar de que su aspecto sigue siendo el mismo de siempre su carácter se ha vuelto frío, como carente de emociones.
Matthew aconseja a Elizabeth que visite a su amigo el Dr. David Kibner, un psiquiatra.

Al día siguiente un empleado de la tintorería a la que suele acudir asegura a Matthew que su esposa en realidad no es su esposa, y Elizabeth trata entonces de convencer a su amigo de que todo el asunto es una conspiración: ha estado siguiendo a Jeffrey y le ha visto reunirse con varios desconocidos que también se comportaban de una forma extraña. La mujer se muestra evidentemente asustada, ya que asegura que la ciudad entera ha cambiado en un solo día.
Los dos amigos acuden entonces a la presentación de un nuevo libro del Dr. Kibner, donde Elizabeth conoce a Jack Bellicec, otro amigo de Matthew. Allí se encuentran también con una mujer que insiste en que su marido no es su marido, y Elizabeth le pide que la llame al trabajo para poder charlar sobre el asunto, ya que el esposo en cuestión es uno de los hombres que ella ha visto con Jeffrey.
Elizabeth también habla con el Dr. Kibner, a quien explica lo que ella cree que está pasando. El psiquiatra reconoce que a varios de sus pacientes les sucede lo mismo (están convencidos de que personas cercanas a ellos son en realidad impostores, pese a ser idénticos a los originales), y explica que todo ello es debido a la natural deshumanización que la sociedad actual produce en el individuo. Confundida, la mujer ya no sabe que pensar, y cuando regresa a casa descubre que Jeffrey le ha dejado un regalo: una de las flores extraterrestres.

Mientras tanto, Jack y su esposa Nancy descubren en la sauna que regentan una especie de cuerpo humano a medio formar, sin definir, sin huellas dactilares... aunque inquietantemente parecido a Jack.
El matrimonio llama entonces a Matthew, quien supone que aquel descubrimiento puede tener que ver con la obsesión de Elizabeth, a quien telefonea inmediatamente. Preocupado al no poder contactar con ella, se dirige a casa de su amiga, mientras que Jack y Nancy esperan en la sauna al Dr. Kibner, a quien han telefoneado siguiendo las instrucciones de Matthew.
Bellicec se tumba para descansar un momento, y no puede evitar quedarse dormido, con lo que se desencadena un aterrador proceso: el misterioso cuerpo comienza a transformarse, a definir sus rasgos... Rasgos que se asemejan cada vez más a los de Jack.
Nancy, horrorizada al contemplar la transformación, despierta inmediatamente a su marido, justo en el momento en el que aparece Kibner.

Paralelamente vemos a Matthew llegando a casa de Elizabeth, pero no consigue que nadie le abra la puerta, a pesar de que comprueba que Jack se encuentra en el interior. Decidido a llegar hasta su amiga como sea, Bennell entra en la vivienda por la puerta trasera, y descubre que en el dormitorio de la mujer se está formando un duplicado de ella a partir de la flor alienígena. Todos los esfuerzos que el hombre realiza por despertarla resultan inútiles, y Matthew decide llevarla en brazos hasta su coche. Cuando arranca el vehículo, del interior de la casa surge un estremecedor e inhumano grito procedente de la garganta del duplicado de Jeff, quien sin duda ha descubierto que Elizabeth ha desaparecido.

De regreso al local de los Bellicec, Bennell y su amiga (ya despierta) se enteran de que el duplicado de Jack ha desaparecido sin que Kibner haya podido verlo, por lo que el escepticismo del psiquiatra se mantiene intacto. Matthew envía entonces a las mujeres a su casa, y llama a la policía para hablarles del cuerpo que ha descubierto en casa de Elizabeth. Pero, por supuesto, ese cuerpo también ha desaparecido.

Los cinco amigos pasan la noche en casa de Bennell, discutiendo con un Dr. Kibner que, a falta de pruebas que le convenzan, sigue empeñado en dar una explicación racional a todo el asunto y de rebatir la teoría que mantienen los otros cuatro: la de que las personas están siendo duplicadas y sustituidas de alguna forma.
A pesar de su incredulidad el doctor accede a ayudar a Matthew a tratar de convencer al alcalde para que tome medidas frente a una posible epidemia.
Pero cuando Kibner abandona la casa por la mañana y monta en su coche para marcharse vemos que en su interior le espera Jeffrey, el marido de Elizabeth, con otros dos tipos: “Hay que acelerar el proceso”, afirman.

Poco después Jack descubre una de las misteriosas flores en casa de Matthew, y dado que los cuatro han visto especímenes similares por toda la ciudad comienzan a barajar la posibilidad de que su origen sea extraterrestre, y de que sean las causantes de la “epidemia”. Por ello Elizabeth trata de analizar la flor en su laboratorio, ante la reticencia de sus superiores, mientras que Bennell se entrevista con empleados de la fiscalía, del Ayuntamiento, del Gobierno... Todos le piden discreción ante lo que dicen puede tratarse simplemente de un caso de histeria colectiva.
Esta explicación oficial parece verse avalada por el hecho de que muchas personas que días atrás dudaban de la identidad de alguno de sus seres queridos (el empleado de la tintorería, la paciente de Kibner...) ahora aseguran encontrarse bien.

Pero esa noche, mientras Nancy, Elizabeth, Jack, y Matthew pasan la noche en casa de éste último, en el jardín comienzan a generarse duplicados de todos ellos, excepto de Nancy, ya que es la única que se mantiene despierta. Gracias a ello puede salvar a sus amigos, a quienes despierta tras descubrir los cuerpos. Una posterior llamada a la policía tan sólo les sirve para comprobar que las autoridades también están implicadas en la conspiración extraterrestre.
En ese momento se va la luz, y los cuatro amigos descubren a una amenazadora multitud que se dirige hacia la casa, por lo que huyen de allí tras destruir los cuerpos. Los que hasta unos días antes eran sus vecinos se lanzan en su persecución, convertidos en inhumanos seres que profieren horribles gritos.
Para contar con más posibilidades de huir los amigos se separan: mientras Jack y Nancy corren, atrayendo sobre si la atención de los perseguidores, Matthew y Elizabeth quedan momentáneamente libres. Su objetivo es llegar al aeropuerto para poder escapar de la ciudad en avión, pero son descubiertos por el camino y se ven obligados a refugiarse en las oficinas del Departamento de Sanidad.
Allí son encontrados, horas después, por Kibner y Jack (ahora también duplicado), quienes les administran sedantes para lograr que se duerman. Mientras esperan a que las pastillas les hagan efecto, sus antiguos amigos explican a Matthew y Elizabeth que tras el proceso de sustitución volverán a nacer en un mundo sin problemas, en un mundo más avanzado en el que no existirá el odio. Un mundo fruto la invasión de unas criaturas procedentes de un planeta agonizante que buscan nuevas formas de vida para sobrevivir.

Pero Matthew y Elizabeth demuestran lo tenaz del instinto de supervivencia humano y consiguen escapar tras matar a Jack y encerrar al Dr. Kibner en un congelador. En su huida se encuentran con Nancy, quien les explica que se puede engañar a los invasores si se aparenta carecer de emociones.
Siguiendo estas indicaciones los tres salen a la calle, donde se están cargando camiones con las enormes vainas, de las cuales surgen los duplicados, con el fin de enviarlas a todas las comunidades de los alrededores.
Pero la estratagema de los humanos se ve frustrada pronto, ya que la aparición de un perro con cabeza humana hace gritar a Elizabeth. Inmediatamente todos los seres a su alrededor comienzan a aullar y a perseguirles de nuevo. Mientras que Nancy consigue huir por su lado, Matthew y Elizabeth consiguen montarse en el remolque de un camión que los saca de la ciudad.
El vehículo les lleva hasta una gigantesca fábrica donde se están cultivando miles de vainas. Junto a la factoría hay un puerto, y Matthew trata de comprobar si pueden escapar en a bordo de algún barco. Pero el resultado de su investigación arroja un resultado aterrador, ya que descubre que en las naves se están cargando más vainas para ser trasladadas a Dios sabe dónde.
Cuando Matthew vuelve a buscar a Elizabeth descubre que ésta no ha podido resistir el cansancio y se ha quedado dormida. Ya es muy tarde para detener el proceso de sustitución, y junto al cuerpo de la mujer, que comienza a desintegrarse, aparece el de la nueva Elizabeth, quien trata de convencer a su antiguo amigo para que se duerma.
Matthew vuelve a escapar (tras prender fuego a la fábrica), perseguido de nuevo por una horda de aullantes criaturas, entre las que se encuentra la propia Elizabeth.
La escena termina con un fundido a blanco.

Ha pasado un tiempo indeterminado. Vemos a Matthew en su puesto de trabajo, comportándose como los demás duplicados sin alma, sin destacar entre sus compañeros, entre los que se encuentra la nueva Elizabeth.
La jornada de trabajo termina, y Matthew sale a la calle con los demás, en silencio. Pasea por un silencioso parque, y de pronto alguien le llama: es Nancy, quien demuestra la gran alegría que le produce el haber encontrado a su amigo.
Pero cuando la mujer se acerca a él, Matthew la señala con el dedo y lanza un alarido inhumano.


Segundas versiones sí pueden ser buenas
Dos décadas después de La invasión de los ladrones de cuerpos, la Warner Bros decide llevar de nuevo al cine la obra de Jack Finney.
Nadie discute que la primera versión es una obra maestra, pero ha pasado el tiempo suficiente como para plantearse una nueva adaptación. La evolución del cine y de la sociedad permite (de hecho obliga a) contar la misma historia pero con un enfoque muy distinto.
El público ha cambiado mucho en 20 años. Sólo en la década de los 70 han visto películas como Tiburón, El Padrino, El exorcista o La guerra de las galaxias. Obras que han elevado el nivel de espectáculo e intensidad dramática que puede esperarse de una película. Los productores, no sin razón, seguramente dudan que la obra maestra de Don Siegel causara al público actual el mismo efecto que produjo 20 años atrás.
Hay que respetar el argumento básico, por supuesto, ya que es excelente, pero dándole otra vuelta de tuerca. La nueva película, La invasión de los ultracuerpos, tiene que ofrecer algo más. Y vaya si lo hace.

En primer lugar, las modernas técnicas permiten hacer más “real” y angustiosa la invasión. Desde el principio vemos cómo las semillas cruzan el espacio hasta llegar a nuestro planeta. Podemos verlas arraigar como parásitos en la vegetación terrestre y desarrollarse rápidamente. Más adelante asistiremos al horrible espectáculo de la sustitución, viendo cómo se generan los duplicados y cómo afecta el proceso a los cuerpos originales.
Todo ello gracias a unos efectos especiales excelentes, y excelentemente utilizados. En su justa medida. Como herramientas para angustiar al espectador, pero siempre al servicio de la historia, la auténtica encargada de dar miedito, y que también ha sido actualizada para potenciar su efecto.
Para empezar, la invasión no comienza en un pequeño pueblo. El espectador de La invasión de los ladrones de cuerpos está deseando que los protagonistas consigan ayuda fuera de Santa Mira, ya que entiende que resultará relativamente fácil aislar el pueblo para ponerlo en cuarentena y evitar la extensión del problema.
En este caso esa esperanza casi no existe. La invasión de los ultracuerpos se desarrolla en pleno San Francisco, una ciudad con millones de habitantes. Y se desarrolla rápidamente. Incluso aunque se consiga convencer a las autoridades de los increíbles sucesos ¿Cómo frenar la invasión cuando puede afectar ya a cientos de miles de personas?
En este remake parece como si la epidemia se hubiera escapado de las manos nada más empezar. Como si la batalla se hubiera perdido de antemano.
La sensación de fatalismo está presente desde el principio. Después de que lo haga Elizabeth, varios niños recogen también algunos ejemplares de flores alienígenas. Para acentuar lo siniestro de la escena, un cura (Robert Duvall en una extrañísima aparición) les observa fijamente desde un columpio.
Son este tipo de detalles lo que más me gusta de la película. Además del desarrollo central de la trama, en el que los protagonistas van descubriendo la horrible verdad, se van apuntando fragmentos de información que nos hacen sospechar que algo está sucediendo, algo mucho más grande. Como si la invasión avanzase más deprisa que los protagonistas.
Además de la inquietante aparición de Robert Duvall, continuamente vemos a personas extrañas que observan fijamente a los protagonistas, así como a gentes que se cruzan por la calle (teóricamente desconocidos entre sí) intercambiando miradas de complicidad.
A este respecto me detendré un poco en una escena que me parece soberbia. Sucede en la primera parte de la película. Parece un plano sencillo que en el guión podría describirse simplemente como “Elizabeth camina por la calle”. Pero en realidad es mucho más. Antes de encuadrar a la mujer la cámara hace una pequeña panorámica y vemos vamos a un hombre que corre asustado, seguido por un grupo de personas. La cámara sigue ahora a la protagonista, y perseguidores y perseguido salen de cuadro. Poco después escuchamos un terrible grito casi perdido entre los sonidos de la ciudad. Sugerencia, elipsis narrativa tremendamente inquietante.
Más adelante aparece un hombre enloquecido y vociferante (Kevin McCarthy, protagonista de La invasión de los ladrones de cuerpos, en un homenaje a la primera versión, al igual que el papel de taxista que interpreta aquí el director de aquella, Don Siegel). El pobre tipo trata de prevenir a los protagonistas sobre la invasión que ya ha comenzado, pero en este caso tiene menos éxito que en la versión anterior (aunque muchos pensamos que tiene el mismo éxito que debiera haber tenido en aquella). Finalmente sale huyendo perseguido por una multitud, y resulta muerto al ser atropellado. Decenas de ojos inhumanamente fríos observan su cadáver.
Este tipo de continuos detalles enriquece enormemente la película, multiplicando su efectividad. Unidos a una fotografía dura y fría, y a una banda sonora mínima y extraña, sumergen al espectador en una atmósfera terriblemente inquietante que, desde luego, no deja mucho lugar al optimismo.
Consecuentemente el final de la película es desolador y terrible. Saldando, de alguna manera, las cuentas que la novela y su primera adaptación habían dejado pendientes, aquí la invasión es llevada hasta sus últimas consecuencias. En los 70 el público está más acostumbrado a que las películas “acaben mal” (aunque en realidad La invasión de los ultracuerpos acaba estupendamente; ni más ni menos como exige la película). Aún así, el desenlace resulta impactante, una vez más, como en toda la película, no sólo por lo que cuenta, si no por cómo lo cuenta: por medio de esa brillante y brutal elipsis que nos oculta el sometimiento de Matthew. La cordura y las esperanzas de Nancy, al igual que las del público, son engullidas por ese agujero negro que es la aullante boca del ser que antes fue su amigo.

De nuevo la fidelidad a sus orígenes
Como hemos visto esta película mantiene una gran fidelidad a sus precedentes, tomando de cada uno los elementos que considera oportuno.
Aunque cambia escenario y época, la historia y los personajes son muy similares a los del libro. De allí se recoge también una escena que no se usó en la primera adaptación, la del protagonista incendiando una gran plantación de vainas (aunque aquí, a diferencia de lo que sucede en la novela, no le sirviese de mucho).
Luego toma otros elementos originales de La invasión de los ladrones de cuerpos que no aparecían en el libro. Vuelve a aparecer ese perro que delata la humanidad de los protagonistas (en esta ocasión el animal es resultado de una duplicación defectuosa). O la célebre escena de las vainas duplicando a los cuatro amigos. O la “muerte” de Elizabeth. En esta última escena se subsana ese “error” que comentaba al hablar de la película de Siegel; aquí vemos cómo el cuerpo original se deshace entre los brazos de Matthew mientras a pocos metros aparece el duplicado, desnudo.
Como vemos, el guión de La invasión de los ultracuerpos toma sabiamente lo mejor de sus precedentes, exprimiendo al máximo sus posibilidades. Pero la película también aporta novedades respecto a sus precedentes. Por primera vez se nos insinúa cómo los duplicados se deshacen de los restos de los originales, cuando vemos al marido de Elizabeth arrojar el contenido de un cubo en un camión de la basura. Estos vehículos se convertirán, a partir de ese momento, en elementos recurrentes a lo largo de la película.
Y, para quien le interese, esa molesta “segunda lectura” de la que hablaba antes también tiene cabida en este caso. Evidentemente, ahora la paranoia no está originada por posibles agentes comunistas o senadores fascistas. Ahora el temor radica en la progresiva deshumanización del hombre, en la perdida de sentimientos y valores que producen la civilización y el desarrollo social.

¿A quién quieres más?
¿Cuál de las dos versiones es mejor?
Suponiendo que alguien se sienta ante la absurda necesidad de elegir entre ambas, sin duda encontrará que se trata de una tarea difícil.
Personalmente considero que las dos películas son excelentes, dos joyas. Puede que para algunas personas la segunda siempre tenga que vivir a la sombra de la primera versión, considerada una obra maestra, y jamás pueda superar su condición de remake. Sin embargo, y reconociendo que parte de sus méritos y hallazgos ya se encontraban en la versión de Siegel, creo que la versión de Kauffman muestra tal sabiduría cinematográfica que merece, al menos, ser considerada a la altura de La invasión de los ladrones de cuerpos.

Pero, sea como sea, con La invasión de los ultracuerpos, una vez más Finney tiene suerte en el cine. Son pocos los casos en los que una obra da lugar a dos excelentes versiones.
¿Habría una tercera?

Secuestradores de cuerpos
(Body snatchers-1993)
Dirección: Abel Ferrara
Producción: Robert H. Solo
Guión: Raymond Cistheri, Larry Cohen, Stuart Gordon, Dennis Paoli y Nicholas St. John
Fotografía: Bojan Bazelli
Música: Joe Delia
Montaje: Anthony Redman
Duración: 87 min.

Intérpretes:
Terry Kinney (Steve Malone)
Meg Tilly (Carol Malone)
Gabrielle Anwar (Marti Malone)
Reilly Murphy (Andy Malone)
Billy Wirth (Tim Young)
Christine Elise (Jenn Platt)

más información http://us.imdb.com/Credits?0106452

No hay dos sin tres
En La trampa de la muerte, Michael Caine es un autor teatral que se plantea asesinar a un escritor novel y apropiarse de su obra de teatro. Para convencer a su mujer de lo buena que es la obra asegura que “es tan buena, que ni un director genial podría cargársela”.
Tras las dos adaptaciones de Los ladrones de cuerpos podría pensarse que estábamos ante una historia tan buena que nadie podría cargársela, que cualquiera que la llevase al cine conseguiría hacer con ella una buena película (algo así como el material que dio origen a Luna nueva y Primera plana: cuatro adaptaciones cinematográficas a través de los tiempos, e incluso la de última, Interferencias, sigue teniendo cierta gracia a pesar de estar dirigida por un realizador tan mediocre como Ted Kotcheff). Un material “a prueba de directores”.
A menudo resulta imposible entender algunas de las decisiones que toman los grandes estudios cinematográficos. Por ejemplo, me resulta incomprensible que la Warner encargase la dirección de esta tercera adaptación a un cineasta como Abel Ferrara, un director que está acostumbrado a moverse dentro del cine independiente, lo que le ha permitido llevar a cabo proyectos transgresores y personales, jugueteando con sus temas favoritos, como la religión, la redención, la violencia o las drogas.
Pues bien, Ferrara demostró que la obra de Jack Finney no era tan “a prueba de directores” como podía esperarse.
No sé si en algún momento el realizador trató de rodar una obra personal, tal y como nos tiene acostumbrados, pero desde luego el resultado final resulta bastante convencional, además de decepcionante. Tal vez porque el director lo afrontó como un simple trabajo alimenticio, o bien porque el estudio ejerció un férreo control creativo sobre él. Claro que, de ser así ¿para qué contratar a alguien como Ferrara?

En este caso la invasión comienza en una base militar. En ella se instala la joven Marti junto a sus padres. Pronto comienzan a descubrir que algo raro sucede con algunos de los militares de la base. ¿Qué es lo que pasa? Pues, como ya imaginamos, que están siendo sustituidos por duplicados que se generan a partir de unas vainas extraterrestres.
Marti trata de luchar contra la plaga que acaba con sus padres, ayudada por un piloto militar de quien se enamora. Al final, ambos huyen a bordo de un helicóptero, en un desenlace ambiguo que deja a la imaginación del espectador cómo acaba aquello.

Esta nueva versión no añade nada nuevo respecto a las versiones anteriores. Evidentemente los efectos especiales en los 90 habían mejorado mucho desde que se realizó la película de Kauffman, por lo que las imágenes de las duplicaciones son más espectaculares (y repulsivas) que nunca. Vemos cómo de las vainas surgen unos tentáculos que se introducen por los orificios del cuerpo que pretenden duplicar.
Pero poco más se puede destacar de la película.

Se abandona prácticamente toda fidelidad a la obra literaria, así como todos los hallazgos originales de las películas previas. La invasión vuelve a limitarse a una pequeña comunidad, en este caso una base del ejército, perdiéndose así la sensación de amenaza global que se describía en La invasión de los ultracuerpos. Aunque aquí se añade otro elemento siniestro, el hecho de que la epidemia está siendo propagada por el ejército estadounidense, un colectivo ya de por sí bastante amenazador.
Por otra parte, la edad de los protagonistas se reduce. Sin duda para amoldarse al perfil del público mayoritariamente adolescente que ahora llena las salas de cine (aunque Secuestradores de cuerpos no es una película de terror adolescente, al estilo Sé lo que hicisteis el último verano, resulta mucho menos interesante que las anteriores adaptaciones).

Por último, presenta uno de esos odiosos finales abiertos que dejan al espectador con una sensación bastante insatisfactoria, como si de alguna forma le hubiera sido estafado. Parece ser que, para no repetir ninguno de los finales anteriores, se decidió utilizar un no-final. Allá cada uno con lo que quiera pensar.

En resumen, una tercera versión totalmente prescindible, que no hace justicia a sus dos predecesoras.

Conclusión
Hasta aquí ha llegado este comentario. Espero que haya resultado ameno para el lector . Personalmente me ha resultado muy interesante escribirlo, ya que me ha “obligado” a leer la novela, revisar las dos primeras adaptaciones, y a comparar unas obras con otras, lo cual siempre resulta apasionante para alguien que disfrute con el cine. Más concretamente con unas películas clásicas que, personalmente, figuran entre mis favoritas.

Para terminar, sólo un apunte.
En Vinieron de dentro de..., la película de David Cronenberg, unas babosas se introducen dentro de los seres humanos, convirtiéndoles en personas violentas y sedientas de sangre. En Los ladrones de cuerpos los duplicados son idénticos a los originales, salvo que carecen de sentimientos, de alma.
Viendo las cosas tremendas que hoy en día suceden en el mundo (asesinatos en masa, gente que muere de hambre mientras el resto del mundo miramos en otra dirección, retirada de Caiga quien Caiga de la programación de Tele 5...), uno no tiene más remedio que preguntarse ¿no se habrá producido ya la invasión?

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