Las dificultades de adaptar al cine un cómic de Superhéroes
Iñaki Bahon - 01-04-2005 15:17:59 | Categoria: Cine
(Publidado previamente en www.cyberdark.net)[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=58 - Julio 2002]
Es evidente que el cine “de superhéroes” está de moda.
Spider-Man (al parecer Stan Lee odia que se omita el guión) aún no ha dejado de batir records de taquilla cuando ya se anuncian los inminentes estrenos de nuevas adaptaciones de cómics de superhéroes.
Tenemos (casi) encima a Ben Affleck marcando paquete gracias al ajustado uniforme rojo de Daredevil, y a ese Hulk de Ang Lee que, a juzgar por las noticias, no le va a ir a la zaga en cuanto a paquete. A estos proyectos ya consolidados hay que añadir la segunda parte de X-Men que se rodará el año próximo, y la inevitable secuela de las aventuras del trepamuros.
Pero además de estos títulos (que aunque en algunos casos aún no se han rodado, están totalmente confirmados), existe otro buen número de proyectos más verdes con supertipos de por medio. En distintas etapas de gestación tenemos, entre otros, The Fantastic Four con guión de Chris Columbus; Batman: Year One, que está previsto dirija Darren Aronofsky (¿alguien entiende algo?); la rumoreada adaptación del Dr. Extraño; ese proyecto oficialmente anunciado por la Warner de rodar Batman contra Superman con Wolfgang Petersen al frente y de cuyo reparto nada se sabe, aunque se ha comentado el nombre de Matt Damon (¡Dios mío! ¿En qué papel!), así como las secuelas que generen todos estos títulos.
Durante mucho tiempo los amantes de los cómics en general, y de los cómics de superhéroes en particular, hemos esperado ansiosos que nuestros personajes favoritos dieran el salto a la pantalla grande. Durante los últimos 30 años, y salvo unos escasos oasis (Superman, Batman, X-Men, y poco más) esta espera ha sido como una travesía por el desierto. Ahora parece que por fin nuestra paciencia va a ser recompensada con una avalancha de adaptaciones.
Precisamente por eso puede resultar interesante reflexionar un poco acerca de las dificultades que pueden presentarse a la hora de adaptar al cine un cómic de superhéroes, aunque sólo sea para prepararnos mentalmente ante lo que podamos encontrarnos en el cine a cambio de nuestros (ya casi) 6€.
1.La verosimilitud
La literatura utiliza únicamente las palabras para comunicar. Las descripciones de una novela, por detalladas que resulten, dejan mucha libertad a la imaginación del lector para visualizar escenarios, personajes o incluso acciones.
Con el cómic no sucede lo mismo. El estilo de algunos dibujantes es tan minucioso que define detalladamente el aspecto de los personajes, así como el espacio físico en el que se desarrollan sus aventuras. Esto que en un principio parece una gran ventaja a la hora de realizar una adaptación cinematográfica (¿no basta con recrear sin más el cómic?), es a menudo todo un problema. ¿Por qué? Porque, evidentemente, lo que funciona en un cómic a menudo no sirve cuando se traslada a la imagen real. En realidad, cuando leemos un cómic nuestra mente no traduce a imagen real lo que vemos dibujado. Lo aceptamos basándonos en los códigos del propio medio, y por tanto resulta aceptable algo que en imagen real no funcionaría.
El ejemplo más evidente de esto son los trajes.
-Durante muchos años de los 80 y 90 las mujeres de la Patrulla X llevaban unos uniformes (minifaldas, botines de tacón, cintas en el pelo, mallas ajustadas, guantes hasta medio brazo...) que si bien no quedaban del todo mal en los cómics (al menos si no te fijabas mucho en ellos), en caso de haber sido “traducidos” a imagen real les hubieran hecho parecer unas horteras en el mejor de los casos. En lugar de la Mansión Xavier aquello parecería la Mansión Play-Boy, o directamente un prostíbulo.
-¿Alguien sabe cómo podría funcionar la armadura del Hombre de Hierro en imagen real, una armadura metálica que puede doblarse por las articulaciones? Evidentemente habría que rediseñarla para el cine.
-¿Cómo demonios podría el Capitán América llevar su escudo sujeto en la espalda y oculto bajo una cazadora en una película?
Esto no sólo sucede con los uniformes, sino también con la anatomía, los escenarios, la manifestación de los superpoderes, etc.
Y, a un nivel más profundo, con la base de todo el argumento. El mero hecho de que exista un personaje con superpoderes se acepta automáticamente en el cómic, pero en una película, donde se exige un mayor nivel de realismo (que no de realidad), es necesario un esfuerzo mucho mayor por parte de sus responsables para conseguir que el público crea. Sobre todo por que se trata de un público más heterogéneo que el que compra tebeos.
Los consumidores de cómics entramos en el cine con los códigos del género perfectamente asumidos. Quienes hemos crecido rodeados de supertipos aceptamos inmediatamente que alguien obtenga superpoderes, se confeccione un traje, se ponga un nombre “de guerra”, y se dedique a combatir delincuentes, los cuales también suelen llevar trajes y nombres estrafalarios. Esto no quiere decir que estemos ganados de antemano, por supuesto. Queremos al personaje y exigimos que la película esté a su altura.
Pero la situación se complica cuando se trata de espectadores no aficionados a los tebeos. Para alguien no acostumbrado a este tipo de género estas premisas pueden resultar risibles, sobre todo cuando se trasladan al cine. A este público hay que explicarle de la forma más convincente posible las reglas del juego propias del género.
Pero tanto para los profanos como para los ya iniciados, la luz de los proyectores cinematográficos resulta muy potente y cruel. En una película es mucho más fácil detectar incoherencias, errores y trucos que en un cómic, y por ello el espectador de cine es mucho menos indulgente.
2.The End
Son pocos (por no decir ninguno) los cómics de superhéroes actuales que presentan episodios autoconclusivos, más allá de algún fill-in ocasional o de algún número especial, como un Annual.
El negocio se basa en enganchar al lector de un número a otro, dejando la trama en suspenso al final para que necesitemos comprar el siguiente (nada nuevo: un sistema utilizado desde hace siglos por la literatura popular, o por los actuales culebrones televisivos). Esta estrategia no se utiliza únicamente para atar al lector a una colección, si no que también sirve para mover a la clientela de un título a otro, narrando una misma historia a través de varios números de distintas colecciones y forzar así la compra (aunque sea puntual) de una serie que normalmente no frecuentamos (la técnica de los crossovers ha sido utilizada hasta la saciedad, y si bien en algunos casos ha producido obras estupendas, en la mayoría ha evidenciado que su lanzamiento obedecía únicamente a razones comerciales).
Este sistema del eterno “Continuará...” conlleva que se diseñen tramas argumentales que se prolongan durante años (el caso de la Patrulla-X de Chris Claremont, con sus múltiples cabos sueltos sin atar durante decenas de episodios resulta un ejemplo perfecto). Esto, en caso de que los autores cuenten con el talento adecuado, puede ser estupendo para el lector. El problema es que el cine, normalmente, requiere de un “Fin” más o menos a las dos horas de comenzar la película.
Existen productos “fraudulentos”, como El Señor de los Anillos, la cual se vende (con mucho éxito, por cierto) como tres entregas, cuando en realidad se trata de una sola película (larga, eso sí, pero ¿la unidad de un film viene definida por su duración, o por la historia que cuenta?), dividida en tres partes para así poder cobrarnos tres veces. Pero estos casos, afortunadamente, son excepciones.
Por lo general, una película cuenta una historia, y la estructura dramática (así como el espectador) exige a que esta historia tenga un final más o menos cerrado.
Al realizar una adaptación sobre un superhéroe debe comprimirse una o varias aventuras en dos horas, por lo que hay que resumir argumentos que en muchos casos se han desarrollado a lo largo de numerosos episodios en el cómic. Esto supone eliminar elementos, situaciones, personajes, etc.
Y como el protagonista es un superhéroe, el antagonista tiene que ser un supervillano.
Y, claro, dado que se ha invertido mucho en el film y se quiere que el malo esté a la altura del bueno para que la confrontación atraiga a mucho público, se elige al enemigo más terrible con el que el personaje se haya enfrentado jamás en los cómics. Por eso Batman se enfrentó en el cine con el Joker, Superman con Lex Luthor, los X-Men con Magneto, y así sucesivamente. Al fin y al cabo ¿nos atraería tanto el Spider-Man de Sam Raimi si en lugar de pelear con el Duende Verde se enfrentara, por ejemplo, a la terrible amenaza de El Remendón?
Y como es una película y se espera un final feliz, pues el malo normalmente acaba capturado o muerto. Entonces, tal vez porque Jack Nicholson no quiere saber nada de la secuela, o porque Tim Burton (algún día se impondrá la cordura y se elaborará una lista de los directores más sobrevalorados en la que Burton ocupará podium junto a, por ejemplo, Ridley Scott y Stanley Kubrick) cree definitiva su versión del personaje y no quiere que nadie pueda mancillarla después, sucede que el Joker muere en la primera entrega de la actual saga de Batman.
Un personaje que ha sido la peor amenaza a la que el Señor de la Noche se ha enfrentado en sus más de 60 años de historia es despachado en dos horas. ¿Esto deja una sensación un poco extraña, verdad? De igual manera, cuando vemos en Spider-Man como el Duende Verde muere a la hora y media de haber nacido, no podemos evitar la sensación de que el personaje está poco aprovechado.
De todas formas, suponiendo que liquidar a personajes tan importantes sea un error, es un error subsanable. Basta con recurrir a las resucitaciones, tan comunes en los cómics. El abuso de esta solución es el culpable de que la muerte ya carezca de significado. Son tantos los ejemplos de personajes que han vuelto a la vida tras haber muerto (Jean Grey, la tía May de Peter Parker, el Profesor Xavier, Superman, Magneto, el Dr. Muerte....) que el recurso dramático que supone matar a un personaje ha perdido su fuerza y el lector sabe que en los cómics nada es definitivo.
Confiemos en que esto no se convierta en norma general también en el cine.
3.La pérdida del Universo
Marvel Comics y DC publican un gran número de colecciones cuyos protagonistas son superhéroes. Cada colección tiene como protagonista a un personaje o grupo de personajes distintos, pero éstos no “viven” aislados unos de otros. Las dos editoriales han desarrollado sendos universos ficticios en los que coexisten casi todas sus criaturas.
Esta característica supone una gran ventaja a la hora de construir nuevas historias, ya que cada título tiene a su disposición todos los personajes (tanto héroes como villanos) que aparecen en otras colecciones, y resulta especialmente útil a la hora de crear un nuevo personaje: no es necesario describir el entorno en el que se desarrolla la historia ni sus “reglas”. El lector de otras colecciones los conoce perfectamente.
Esta interrelación entre personajes y tramas, el hecho de que lo que sucede en una colección pueda tener repercusiones en otras, consigue que el lector, de alguna manera, sienta que ese mundo en el cual se desarrollan las aventuras de sus héroes es más “real”.
Por otro lado, la ubicación que le corresponde dentro de este universo sirve también como elemento para definir al personaje por contraste con los demás.
-La medida del poder de cada personaje suele establecerse por comparación con los demás.
-Reed Richards es un genio, pero su inteligencia aún queda más resaltada cuando otros personajes brillantes, como Hank Pym o Tony Stark se asombran ante él.
-Daredevil es un héroe, y su valentía queda aún más patente cuando se enfrenta a criminales que han puesto en apuros a supertipos mucho más poderosos que él.
Las adaptaciones cinematográficas suelen centrarse (por el momento) en un sólo supertipo o grupo. Es evidente que muchos personajes complican el guión y aumentan el presupuesto (en los X-Men de Bryan Singer se eliminaron algunos de los personajes que aparecían en un tratamiento inicial para reducir el coste de la película), pero esa sensación de globalidad, de gran escenario que las editoriales han ido construyendo a lo largo de los años, y que presta solidez y credibilidad a personajes e historias, se pierde completamente en las películas.
4.Con toda seguridad mucha gente se va a sentir defraudada.
No se trata únicamente de adaptar una obra que cada uno de sus lectores (millones, si hablamos de un título de éxito) ha recibido de una forma especial dependiendo de su edad, procedencia, etc. En algunos casos, cuando hablamos de una colección con años de historia, es casi seguro que habrá sido desarrollada por distintos guionistas y dibujantes, cuyos tratamientos pueden haber sido muy diferentes. ¿Cuál de estos puntos de vista elegir para basar el guión?
-Para la mayoría de los lectores contemporáneos de Daredevil, nuestra mayor referencia la constituye la etapa de Frank Miller. Pero ese personaje dramático y atormentado contrasta con el diablillo parlanchín y chistoso de sus primeros años. ¿Cuál de los dos llevar a la pantalla?
-A lo largo de sus muchos años de andadura, Superman ha cambiado de orígenes, de poderes, de uniforme. ¿Con qué quedarnos si hacemos una nueva adaptación?
Dado que estas películas persiguen una recaudación importante (en general todas lo hacen, pero con más motivo aquellas que requieren de una fuerte inversión para efectos especiales), normalmente se decide utilizar la “versión” más contemporánea del personaje, para atraer así al público joven que, por mucho que duela, es quien hoy en día acude al cine mayoritariamente.
Esto supone que el público de cierta edad, el que conoce al personaje desde hace décadas, corra el riesgo de no encontrar en la pantalla aquello que le cautivó de joven.
Por ejemplo, entre la revisión de John Byrne y el Ultimate Spider-Man, no tengo nada claro si el actual origen oficial de Spidey tiene algo que ver con el que conozco desde los 70.
Todo el mundo tiene su época favorita, un/os episodio/s que recuerda con especial cariño o emoción, unos personajes predilectos... Muchos ejemplares, muchas tramas, muchos personajes. Muchos tebeos comprados en la infancia con la paga del domingo.
Es evidente que no podemos pretender ver trasladado nuestro pasado emocional a la pantalla, y tampoco se puede contar todo en una película. El cine, en gran medida es síntesis, y obliga a eliminar mucho material.
Por ello, en mayor o menor medida, la decepción es inevitable.
5.Demandas por infidelidad
Me gustaría conocer qué porcentaje de espectadores de una adaptación eran ya aficionados al cómic del que ésta procede, y cuántos no conocían al personaje hasta que se estrenó la película. Evidentemente estos porcentajes serán distintos en cada caso, pero sería interesante conocerlos.
Por ejemplo, en el caso de Spider-Man, ¿cuántos de los millones de espectadores que han acudido a verla ya eran aficionados a sus cómics? Seguramente estos espectadores serán incapaces de ser objetivos respecto al film, ya que lo juzgarán en función de lo fiel que es respecto del original.
¿Es esto justo para la película?
Hitchcock decía (y supongo que muchos cineastas están de acuerdo), que la mejor forma de adaptar una obra (normalmente literaria) es leerla, quedarse con lo que te interesa, y olvidarse del resto.
En general estoy de acuerdo con esa afirmación. No creo que una película tenga la obligación de ser fiel al material en el que se basa. Cuando un autor vende los derechos de su obra tiene que aceptar que la película que se va a rodar es independiente de lo que él ha creado, y que no tiene porqué respetar personajes, argumentos, situaciones, etc. El autor tiene que aceptarlo y el espectador también.
Pero el espectador suele aceptarlo sólo a medias. Aunque muchas de las películas que se ruedan están basadas en novelas, relatos, obras de teatro, etc., éstas suelen ser poco conocidas, por lo que casi nadie establece comparaciones entre adaptación y original.
Pero cuando se adapta una obra de gran éxito y popularidad, como El señor de los anillos, lo fans de la obra fuente exigen fidelidad. Quieren ver el material que les cautivó traducido a imágenes punto por punto. Tanto es así que raramente juzgaran la película en sí como obra aislada, si no que su opinión vendrá condicionada por lo mucho o poco que difiera de la fuente en la que se basa.
En estos casos estoy con los aficionados. Creo que constituyen una excepción a la regla de Hitchcock. Una película que espera ser un éxito basándose en que existen millones de fans de la obra original deseando verla, y que utiliza esa obra original para promocionarse ¿tiene derecho a no serle fiel? Yo creo que no lo tiene. Creo que esos millones de fans deben ser respetados, y que tienen derecho a quejarse en el caso de que los responsables de la película realicen una adaptación demasiado “personal”.
Particularmente me sentí muy decepcionado con el Drácula de Bram Stoker de Coppola (el ejemplo no tiene relación con los cómics, pero creo que es válido). Como enamorado de la novela esperaba disfrutar por fin la versión definitiva, sobre todo porque se estaba vendiendo como tal, incluyendo el nombre del autor en el título.
Decepción al canto.
Estoy de acuerdo en que es una película muy hermosa y estéticamente magnífica. Pero no es una película de terror, si no más bien una historia de amor. Desde luego aquello no era el Drácula que yo quería ver.
6.Dejarse llevar por la moda
A mi entender algo cambió con el X-Men de Bryan Singer, esa adaptación cobarde, traidora y exitosa de las aventuras del célebre grupo de superhéroes mutantes.
¿Por qué traidora? Porque eliminó muchas señas de identidad de los personajes (en los cómics Cíclope no es un jovencito casi imberbe, y Lobezno es un tipo duro, bajito, y con bastantes años; Pícara no tiene nada que ver con la que aparece en el film, y Jean Grey nunca ha sido doctora). Además, la selección de dichos personajes resulta cuestionable; si la de los villanos es escandalosa (Dientes de sable no está en absoluto aprovechado, y el Sapo siempre ha sido un malo de segunda categoría), la de los buenos es corta (la Bestia, por ejemplo, fue finalmente eliminada por cuestiones de presupuesto).
¿Por qué cobarde? Por que no dudó en podar elementos clave para facilitar la verosimilitud, como los uniformes clásicos o algunos superpoderes (Pícara es la más poderosa del grupo y vuela, al igual que Ororo; Jean levita, etc.).
Estoy de acuerdo en que es difícil rodar una película con estos protagonistas y que resulte creíble, pero no considero lícito desechar elementos clave para facilitar la tarea. O se afronta la adaptación, o se rechaza el encargo para rodar algo más apegado al mundo real, y, lógicamente, menos difícil de sacar adelante.
A pesar de todo, dejando aparte las comparaciones con la fuente en la que se basa, X-Men es una buena película que con su excelente recaudación demostró que los cómics de superhéroes pueden resultar material rentable para el cine.
Es cierto que el éxito de Blade (1998) fue anterior, y también ayudó a fomentar esta idea, pero, a pesar de tratarse de un personaje Marvel, no lo considero un superhéroe en el sentido que estoy manejando aquí.
Es cierto también que no fue X-Men el primer caso de película de superhéroes exitosa. La saga de Superman en los 70-80, y la de Batman, en los 80-90, fueron sendos bombazos de taquilla. Pero ambos legendarios personajes (con respectivamente cuatro entregas estrenadas hasta la fecha) pertenecen a la misma editorial, la DC.
Hasta X-Men, los personajes de la otra gran editorial, la Marvel, habían corrido una suerte nefasta. Adaptaciones de “todo a cien” como Capitán América, Fantastic Four o The Punisher (inéditas en nuestro país o estrenadas directamente en vídeo) obtuvieron el éxito que su calidad y presupuesto merecían.
Cero.
Todo esto no tenía sentido. ¿Cómo era posible que unos personajes que vendían millones de cómics books en todo el mundo no fueran capaces de dar un salto exitoso a la gran pantalla?
La poca confianza de las productoras hacía que no arriesgasen a la hora de rodar una de estas películas, destinando a ellas presupuestos bajos y escaso talento. Y el nulo éxito de estos bodrios mermaba aún más la confianza en estos personajes.
La típica pescadilla que se muerde la cola.
Pero la lógica comercial hacía prever que esta situación tendría que cambiar en algún momento.
Durante un tiempo se daba por seguro que quien iba a producir este cambio iba a ser nada más y nada menos que Spider-Man, el personaje más emblemático de la Marvel. Parecía que la adaptación cinematográfica de las aventuras del trepamuros iba a ser el primer proyecto de envergadura que adaptase un cómic de esta archiconocida editorial, dirigido nada más y nada menos que por James Cameron, seguidor del personaje y muy interesado en dirigirla. Aquello sonaba a música celestial para los aficionados a las correrías del trepamuros que además admirábamos a Cameron.
Pero complejos problemas con los derechos legales hicieron atrasar una y otra vez el inicio de la producción, desanimando finalmente al director de Titanic, que acabó por abandonar el barco (nunca lo lamentaremos lo suficiente), y, a la postre, retrasando años el proyecto.
Y la carrera la ganó X-Men, quien viniendo desde atrás se convirtió en el primer gran éxito de taquilla basado en superhéroes Marvel, abriendo así la veda de las adaptaciones. Los cientos de millones de dólares que lleva recaudados Spider-Man (por fin estrenada), demuestran que la moda está aquí para quedarse.
Ahora el peligro está en que, precisamente a causa del éxito que los lectores habíamos deseado tanto, se aceleren los proyectos para aprovechar esta moda, sacrificando la calidad cinematográfica a cambio de la eficacia comercial. Existe el riesgo de que se empiecen a “fabricar” adaptaciones sin alma, convencionales, sin personalidad e intercambiables entre sí. Películas que no respeten a los personajes ni a sus seguidores.
Pero no nos pongamos pesimistas antes de tiempo. Lo importante ahora es que después de años de espera (en algunos casos muchos años) tenemos en marcha numerosas adaptaciones aparentemente de calidad para poder disfrutar de nuestros héroes favoritos hechos carne (o pixels, según el caso).
A disfrutar de la racha mientras dure.
Y esperemos que dure los suficiente como para que podamos disfrutar de unas adaptaciones de Watchmen y de El regreso del Señor de la Noche que estén a la altura de los cómics.
Postdata: Evidentemente este es un tema abierto en el que todos los aficionados del cómic tendremos seguramente algo que decir. Por mi parte tan sólo me he limitado a señalar las dificultades que considero más importantes a la hora de realizar una adaptación de este tipo.
Desde ahora animo a los lectores a que envíen sus propias opiniones.
Nota: La mayoría de los ejemplos citados en este artículo están tomados de colecciones de Marvel Comics y, en menor medida, de DC. Al igual que con las adaptaciones cinematográficas, supongo que habrá lectores que echen de menos que hable de otros personajes y otras editoriales. Si he elegido estas dos, a pesar de que existen más compañías que publican colecciones de superhéroes, ha sido principalmente por que, además de ser aquellas con las que estoy más familiarizado, gracias a su larga trayectoria y popularidad, resultan idóneas para ilustrar los comentarios.
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