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Donde no me llaman

El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey

(Publidado previamente en www.cyberdark.net)
[http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=268 - 2004]

Lord of the Rings: The Return of the King
2003
Dirección: Peter Jackson
Guión: Frances Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson
Fotografía: Neil Cervin y Andrew Lesnie
Música: Howard Shore
Montaje: Annie Collins y Jamie Selkirk

Intérpretes
Viggo Mortensen (Aragorn)
Elijah Wood (Frodo)
Sean Astin (Sam)
Ian McKellen (Gandalf)
Orlando Bloom (Legolas)
Miranda Otto (Eowyn)
John Rhys-Davies (Gimli)
Andy Serkis (Gollum/Smeagol)
Billy Boyd (Pippin)
Dominic Monaghan (Merry)

Duración 201 minutos

Más información: http://www.imdb.com/title/tt0167260

Lo que cuenta es el final
Tras la decepción que para muchos supuso el estreno de Matrix Revolutions, el colofón de esa otra gran saga contemporánea que es El Señor de los Anillos se presentaba lleno de incertidumbres. Quien más quien menos se preparaba para el estreno de El Retorno del Rey apretando dientes y puños, como quien espera la embestida de una ola cuya potencia desconoce. Afortunadamente, estos temores pronto se revelaron infundados: la película es una obra excelente que, además, remata de forma brillante la trilogía, y subsana (o al menos hace olvidar) la mayoría de los defectos de las anteriores. Se suele decir que lo que cuenta es el final, y en el cine es cierto en gran medida: un buen desenlace permanece en la memoria del espectador, y puede salvar una película mediocre.
Evidentemente El Retorno del Rey no es una obra perfecta (¿alguna lo es?). También tiene, desde mi punto de vista, algunos defectos, y, a pesar de mi entusiasmo por ella, no sería justo si no los mencionase; así que, siguiendo con la idea de que el final se recuerda más, los señalaré al principio de mi comentario para que se olviden rápidamente.
Es cierto que no nos encontramos en esta ocasión con los graves desequilibrios de estructura que presentaban las anteriores entregas (sobre todo la segunda), y que la película resulta mucho más redonda y coherente, pero también se le pueden reprochar ciertos errores que, a mi entender tienen que ver, de una u otra forma, con el tiempo.
En primer lugar tenemos la duración del filme. Creo que una película de más de 200 minutos debería intentarse acortar todo lo posible, y, para mí, sobra parte del principio y parte del final. En el principio tenemos cinco minutos para repetir lo que ya conocemos acerca de Gollum (ya sabíamos que el anillo le había destruido, y que es capaz de cualquier cosa, hasta de matar, para poseerlo), en lugar de contarnos algo que queremos saber: por qué desea tanto poseerlo teniendo en cuenta el sufrimiento que le produce (no digo que no exista la razón, sólo que en la película no creo que se explique). La secuencia tampoco puede tomarse como un resumen de anteriores episodios, y es que la saga no ha tenido contemplaciones con aquellos espectadores que no hubieran visto las entregas precedentes (suponiendo que hubiera alguno). También falla el final; tras el clímax, las películas deben acabar cuanto antes, de modo que no se puede alargar el final 20 minutos ya que el público se incomoda. Acabar tras la escena de la coronación de Aragorn hubiera sido perfecto desde mi punto de vista (sé que en el libro pasan muchas cosas tras este momento, pero aquí estamos hablando de las necesidades de un guión cinematográfico, no de una novela). Por otro lado, el intervalo de tiempo que transcurre desde el principio de la saga hasta el final no queda claramente reflejado. Es cierto que se nos dice en esta tercera entrega que han pasado trece meses, pero este tiempo no está demasiado bien reflejado. Tal vez el hecho de que el pan élfico de mucho de sí nos pueda despistar y hacernos creer que ha pasado mucho menos tiempo.
Existen algunas otras pegas menores, como el hecho de que se resuelva tan a la ligera la trama de Saruman, un personaje cuyo peso parecía hacerle merecedor de algo más de atención (habrá que esperar al DVD, aunque resulta un alivio saber que según Peter Jackson la versión definitiva es la estrenada en el cine); que resulte tan incomprensible que los tres héroes protagonistas se adentren en las montañas dejando plantadas a sus tropas (coño, que les costaba dar una pequeña explicación, ¿no?); que Sam, tras encontrar bien agrupaditos al pie de las escaleras que conducen a la guarida de la araña los trozos de pan élfico que hemos visto desperdigarse al ser tirados por Gollum, suba en lo que parece un breve espacio de tiempo los peldaños que antes les habían costado horas recorrer; que resulte tan prescindible el personaje del padre de Faramir ... todo ello menudencias que no disminuyen lo más mínimo el disfrute de esta película.


Un espectáculo extraordinario
Estamos, desde mi punto de vista, ante la mejor de las tres películas, aunque es cierto que partía con ciertas ventajas a la hora de conquistar este puesto: su condición de “tercera parte” hacía prever que se fuera a convertir en la favorita del público por razones que tienen mucho que ver con la estructura dramática; por una parte, en esta entrega concluye la saga, y eso resulta de agradecer: uno va a al cine para que le cuenten una historia, con su principio y final, y por muy brillante que sea una obra siempre resulta insatisfactorio que no concluya, es por eso que las dos obras anteriores contaban con un serio handicap imposible de solventar, y con esta el espectador se siente más satisfecho al salir del cine sabiendo que no tiene que esperar otro año para saber qué más sucede. Por otro lado, si aceptamos esa teoría (francamente discutible) de que es habitual que las sagas se estructuren en trilogías por paralelismo a la clásica organización dramática en tres actos, nos encontramos con que El Retorno del Rey es el tercer acto, el del desenlace; y es en esta parte donde las historias resultan más emocionantes, más intensas, ya que es aquí donde los protagonistas se enfrentan a los retos más difíciles, donde los héroes son puestos definitivamente a prueba, donde se escenifica el clímax que, en cierta forma, es la razón de ser de las obras dramáticas. En tercer lugar tenemos la ventaja de que los personajes y las situaciones son ya de sobra conocidos para el espectador. Si todas las películas necesitan un tiempo para “arrancar”, hasta que el público conoce la situación de la que se parte, las películas de la saga de los Anillos, con sus numerosos protagonistas y diversas tramas, son como enormes motores que requieren mucho tiempo para acelerar. Pero El Retorno del Rey ya tenía gran parte de este trabajo adelantado, y es por esta razón que la historia entre en harina antes de lo que sucedía en las dos películas anteriores (recordemos, como ejemplo más claro, lo mucho que tardaba Las dos torres en empezar a contar algo realmente emocionante). Con ocasión del estreno de aquella segunda parte comenté que El Señor de los Anillos se estaba revelando como una obra más descriptiva que narrativa, pero en esta ocasión la historia es mucho más intensa, sucediéndose una secuencia emocionante tras otra, con un ritmo envidiable.
Se dice a menudo que para conquistar al público basta con ofrecerle unas cuantos momentos inolvidables, y El Retorno del Rey tiene algunos de los más espectaculares de la historia. Inacabables ejércitos, paisajes maravillosos, ciudades asombrosas, distintas razas, criaturas aterradoras... gracias a la mayoría de edad de los efectos especiales digitales, todo esto se presenta ante nuestros ojos en un desfile arrollador, convirtiendo a esta película (y a toda la saga), en un estandarte del cine-espectáculo.
Resulta muy fácil caer en el error de pensar que cualquiera puede hacer una película así si cuenta con un presupuesto holgado. Está claro que no ¿Cuántas películas horrorosas y carísimas hemos visto en los últimos años? No basta con el dinero. Y tampoco las virtudes de esta tercera entrega son originadas de cuestiones ordinales, es decir, que su eficiencia no es debida únicamente a su posición cronológica dentro de la saga, a su condición de tercer acto. Hay que descubrirse ante el talento y la capacidad de Peter Jackson, quien ha entrado en la historia no sólo por su valor (rayando en locura) y capacidad logística que ha demostrado para embarcarse en una colosal empresa de siete años, y llevarla a buen puerto, si no también por su talento como cineasta. No hay duda de que estamos ante un director que sabe rodar, y las mejores muestras de este talento pueden verse en El Retorno del Rey.
Por ejemplo, las batallas, parte importante de esta película, resultan a mi entender absolutamente fantásticas, y son un buen ejemplo del saber hacer del director. Es evidente que se apoyan en un soberbio diseño de producción, además de los ya mencionados, e increíbles, efectos especiales. Pero no esto lo único que las hace funcionar, ni siquiera lo más importante. Están muy bien preparadas, haciéndonos sentir la amenaza que suponen los ejércitos enemigos, el miedo que producen, la magnitud de la lucha que se avecina. La medida del héroe viene dada por la grandeza del enemigo: a mayor amenaza, mayor será la gloria del protagonista en caso de superarla, y Jackson conoce perfectamente esta regla (el problema es que se construye tan bien esta sensación de amenaza que no parece existir escapatoria; se crea tan bien la sensación de enemigo imbatible, que luego resulta un poco increíble cuando es derrotado. Sucedió en el abismo de Helm, vuelve a pasar en Minas Tirith... De hecho resulta algo extraño, aunque de agradecer, que teniendo en cuenta por todo lo que pasa la comunidad del anillo sólo uno de sus integrantes, Boromir, resulte muerto. Los héroes aparecen como superhéroes invencibles, nunca se teme por su vida, y eso no es beneficioso. Aragorn, Legolas, Gimli... Con tanta muerte a su alrededor ni siquiera resultan heridos. Son demasiado imbatibles teniendo en cuenta el contexto de destrucción en el que se mueven). Luego, una vez metidos en acción, los movimientos de cámara (virtual, pero cámara al fin y al cabo) sobre el campo de batalla, así como los combates cuerpo a cuerpo, contribuyen a remarcar el salvajismo de las batallas, consiguiendo unos momentos realmente magistrales.
Pero también resultan eficaces los momentos más intimistas. Escenas como aquella en la que Aragorn recibe su espada recién forjada, Arwen regresa junto a su padre, o Gandalf infunde valor a Pippin contándole que tras la muerte (aparentemente inminente) le espera un mundo maravilloso, demuestran la sensibilidad de Jackson, su intuición para emocionar, su talento para la épica.
Es evidente que no todo lo que vemos es mérito del director. Durante los siete años que ha durado la producción de la película un ejército de profesionales de todas las disciplinas han realizado un trabajo soberbio. También, al frente de todo esto, ha contado con un grupo de actores realmente buenos, sobre todo si tenemos en cuenta que los intérpretes de calidad no suelen prodigarse dentro el género de ficción. Ian McKellen, un excelente actor que con esta saga y la de X-Men ha conseguido el reconocimiento público que le ha faltado a lo largo de su larga carrera, resulta un Gandalf perfecto; Viggo Mortensen, creo que el más beneficiado de todos, resulta arrebatador (preguntad a vuestras novias) como Aragorn; Elijah Wood, el niño prodigio que supo crecer, hace un buen trabajo interpretando a Frodo, un personaje que, a mi entender, no es tan interesante para un actor como pudiera parecer en un principio; Sean Astin, el auténtico héroe en esta entrega, consigue tal vez su mejor interpretación... y así una larga lista de secundarios que realizan un excelente trabajo.
Peter Jackson no ha estado sólo, por supuesto, si no muy bien respaldado, pero me resulta escalofriante imaginar lo que ha debido de suponer estar al frente de semejante proyecto.


El Oscar
¿Se merece Peter Jackson un Oscar?
Vayamos por partes ¿Para qué lo quiere?. Normalmente un premio significa prestigio y dinero, pero lo cierto es que un Oscar no significa ya demasiado de lo primero (lo ganó Gladiator, lo ganó Una mente maravillosa), y creo que en poco mejoraría los espectaculares beneficios de la trilogía. Cuando se nominaron las anteriores entregas para el Oscar a la mejor película no me mostré muy de acuerdo. Una película cuenta una historia, y si, por los motivos que sean, la divides en tres (aunque Jackson quería rodar dos, pero el director de New Line exigió una más), no me parece muy justo que puedas optar a un premio por una obra inacabada. En cuanto a El Retorno del Rey, dado que la historia ya está contada, creo que el director neozelandés sí se merece ahora un premio (aunque él no esté totalmente satisfecho de los resultados), un reconocimiento por su trabajo (aparte de la pasta que va a levantarse por dirigir la nueva versión de King Kong), y, querámoslo o no, el máximo exponente de este tipo de reconocimientos, al menos para Hollywood, es el Premio de la Academia estadounidense.
En cualquier caso no tendremos que esperar mucho para saber si consigue o no ganar por haber hecho esta película que me hubiera vuelto absolutamente loco si la hubiera visto con trece años.

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