El bosque
Iñaki Bahon - 01-04-2005 13:38:03 | Categoria: Películas
(Publidado previamente en www.cyberdark.net)The village
EEUU 2004
Dirección: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Producción: M. Night Shyamalan
Fotografía: Roger Deakins
Música: James Newton Howard
Montaje: Christopher Tellefsen
Intérpretes
Bryce Dallas Howard (Ivy Walker)
Joaquin Phoenix (Lucius Hunt)
Adrien Brody (Noah Percy)
William Hurt (Edward Walker)
Sigourney Weaver (Alice Hunt)
Brendan Gleeson (August Nicholson)
Duración 108 minutos
Más información: http://www.imdb.com/title/tt0368447/fullcredits
Decepción:
Frustración que se da al desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas.
Eso es El bosque para muchos espectadores: una decepción. Esta afirmación, que parece negativa para la película, requiere cierta matización. Una obra puede no satisfacer nuestras expectativas bien por falta de calidad, o bien porque nuestras expectativas carezcan de fundamento. Aquí nos encontramos ante este segundo caso: El bosque no es una película de terror, pese a lo que una campaña de publicidad absolutamente engañosa nos haya hecho creer. En estas condiciones resultaba inevitable que gran parte del público que, lógicamente, esperaban pasar miedito, se hayan sentido estafado. Pero no es justo que esto derive en una defenestración de la película, que tiene derecho a ser lo que quiera ser, y que no tiene la culpa de que esperásemos ver otra cosa. Los culpables son quienes han diseñado esa falaz campaña de marketing, entre los que supongo, por su condición de productor, que se encuentra el propio M. Night Shyamalan.
De modo que, insisto, no machaquemos a la película por todo esto. Sobre todo cuando existen tantos motivos para criticar este filme que no sólo decepciona por no dar miedo, sino, y sobre todo, por resultar aburrida, previsible, y ridícula en algunos momentos. Una especie de hipertrofiado episodio de En los límites de la realidad que muchos se empeñan en comparar con un cuento.
Cuento:
Narración breve de sucesos ficticios o de carácter fantástico, hecha con fines didácticos o recreativos.
Al principio de la película una lápida nos sitúa en el momento en el que transcurre la acción, pero su ubicación geográfica está menos clara. Esto, unido a los sucesos fantásticos que envuelven a esta comunidad, confiere a la narración un deliberado tinte de irrealidad que avalan esa teoría que la equipara con un cuento. Pero también contribuyen a acentuar este efecto irreal los personajes con sus absurdos comportamientos y reacciones, efecto este no tan positivo ni deseable como el anterior. Todo ello en un tramposo guión que está dirigido, primero, a intentar ocultar al espectador las claves de la película, cosa que apenas consigue; y, en segundo lugar, a intentar convencer de que su auténtico valor está, no en lo que se cuenta, si no en su supuesta moraleja, como si se tratara, no de una película, si no de una especie de parábola socio-política.
Parábola:
Narración de un suceso inventado, del que se saca una enseñanza moral.
Personalmente el concepto “película didáctica” me produce sarpullidos (salvo que se trate de un documental educativo, claro), pero muchos han defendido la película haciendo hincapié en lo equivocado que resulta basar su examen en lo que se narra, cuando su valor está en lo que simboliza. En un alarde de ingenio y originalidad algún crítico se ha permitido escribir que “los árboles no permiten ver el bosque” a aquellos espectadores que no han profundizado más allá de lo evidente. Según este punto de vista el auténtico valor de la película de Shyamalan reside en “la inteligente metáfora de la sociedad actual” que subyace. Permitidme decir que todo esto me parece un planteamiento equivocado.
Acepto que un guión puede tener distintos niveles de lectura, y que dicha profundidad es algo deseable; pero, como en los videojuegos, hay que superar un nivel antes de afrontar el siguiente. Por muy interesante que sea este mensaje, si la construcción del guión es torpe, si la trama no resulta interesante, si los personajes no son atractivos, si los diálogos son artificiosos... ¿quién va a tener ganas de profundizar más?
Son numerosas las películas que encierran interesantes segundas lecturas, pero un gran filme necesita mucho más que eso. Una obra maestra como Lo que queda del día (1) guarda en su interior una reflexión sobre el peligro que existe de desaprovechar nuestra vida por miedo a luchar por lo que queremos; pero incluso sin este mensaje la película de James Ivory seguiría siendo maravillosa. De hecho, para que el mensaje cale en el espectador debe venir envuelto en una obra de primera categoría. Los cuentos para niños suelen encerrar profundas enseñanzas, pero su primera obligación debe ser entretener y convencer al público, no hacerle bostezar y cuestionarse la coherencia de lo que sucede.
Más trampas que árboles (2)
Como ya he señalado, El bosque es una película absolutamente tramposa que trata de preservar su supuesto final sorpresa utilizando trucos que, en definitiva, no son más que agujeros en el guión.
Supongamos que aceptamos el hecho de que un colectivo decida aislarse voluntariamente de la sociedad como hacen los protagonistas. ¿Por qué tendría que renunciar a algunos avances como el agua corriente, la luz eléctrica o las medicinas, que en nada hubieran afectado a su proyecto? Los niños nacidos allí aceptarían una bombilla con la misma naturalidad que una lámpara de aceite. De modo que toda esta reticencia a incluir elementos modernos en una población de finales del siglo diecinueve sólo tiene sentido si lo que se pretende es engañar al público. Es evidente que se trata de conseguir un final que sorprenda al espectador cosa que, me temo no consigue.
Algo que un guionista debe tener siempre en cuenta es que el público siempre trata de adelantársele. En cuanto colocamos a un personaje en un escenario, el espectador trata de averiguar quién es, qué hace allí, a dónde irá y cómo resolverá los problemas que sin duda surgirán. Si además la película que estamos viendo está escrita y dirigida por un cineasta como M. Night Shyamalan, tan proclive a hacer un quiebro al espectador y tratar de sorprenderle, nuestra mente intentará esforzarse aún más para evitar que ese tío nos la vuelva a colar (muchos se la tenemos jurada después de dejarnos con la boca abierta con el desenlace de El sexto sentido). El problema es que, con el antecedente de Señales, uno ya se imagina que va a haber truco; ya casi desde el trailer te temes que eso de la población rodeada de monstruos esconde alguna trampa. Y es una putada, porque sonaba tan bien..., resultaba tan excitante imaginar al Wendigo atacando salvajemente el poblado ayudado por Sasquach ...
Incluso la aparición del “monstruo”, propiciada por la infografía, es otro burdo truco encaminado a convencer a los más escépticos de que sí hay criaturas tenebrosas. Claro que ese bicho con túnica no acaba de disipar demasiadas dudas; a esas alturas uno ya no tiene dudas de que todo va a ser como uno de aquellos irritantes capítulos de Scooby Doo en los que el monstruo, que todos los aficionados al género fantástico deseábamos que fuera real, era en realidad un timador enmascarado.
A todos nos gustan los finales sorpresa, siempre que estos funcionen. Desenlaces tan estupendos como los de El planeta de los simios (versión 1967, por favor), o La invasión de los ultracuerpos, son auténticos regalos para el espectador, ya que encajan perfectamente dentro de la coherencia del guión, son inesperados y dan un vuelco a la visión que teníamos de la película. Pero escribir este tipo de guión es tan arriesgado como tirar un penalti a lo Panenka: si despistas al portero y se la cuelas, todo el mundo alabará tu valor y talento, pero si te descubran la intención haces el ridículo de forma estrepitosa. Evidentemente, si repites este truco una y otra vez a lo largo de tu carrera las posibilidades de que te falle se multiplican. Y eso sucede con Shyamalan y El bosque, que la sorpresa ya no funciona y el efecto es absolutamente contrario al obtenido en la citada El sexto sentido, ya que aquí el desenlace resulta largo, predecible e irritante.
Sé que muchos no compartirán mi opinión y negarán que la película juegue al “final sorpresa”, ni mucho menos que base su impacto en este desenlace. Muchos pasan por alto la mediocridad de su guión y demás fallos, basando casi todo el mérito de la película en ese simbolismo que supuestamente atesora. Discrepo de estos planteamientos; si lo que se pretendía realmente era centrarse en la metáfora social y no en la sorpresa, había otras formas de actuar: el director podría haber descubierto el truco (que no existen monstruos y la acción transcurre en la actualidad) en el primer acto y luego desarrollar el simbolismo, analizar esa extraña comunidad, los motivos que llevaron a fundarla, las discrepancias entre sus miembros, y todo lo que hubiera querido, sin que toda la trama orbitase alrededor de esas terroríficas criaturas que sitian esa población.
Una pregunta estúpida ¿de qué va esta película?
La idea principal, la de la sociedad auto-aislada que ha inventado monstruos para evitar que sus integrantes salgan al mundo exterior, puede resultar más o menos interesante. Pero es sólo eso, un punto de partida pendiente de su desarrollo posterior. Lo que me desconcierta es el enfoque, el punto de vista del autor, o más bien la ausencia del mismo, ya que no sé muy bien qué es lo que Shyamalan quiere decir. No sé cuál es la postura de la película ante esta comunidad tan lamentable.
El pueblo (el “village” del título original) está fundado por un grupo de personas que deciden fabricarse una comunidad a su medida, alejada de los riesgos del mundo moderno. Están en su derecho, por supuesto, pero resulta absolutamente fascista condenar a sus descendientes a vivir en el pasado, sin dejarles la libertad de elegir si quieren beneficiarse de la educación, la tecnología y la sanidad del siglo XXI. Como los testigos de Jehová (o fanáticos de cualquier otro pelo) niegan a sus hijos lo que hoy se consideran derechos esenciales todo en aras de sus creencias. A pesar de lo reprobable que resulta todo esto, la película no toma postura ante esto, no se sabe si critica o defiende este reaccionario villorrio, ni cuál es la tesis que mantiene al respecto. En esta situación de indefinición el espectador se enfrenta a un último tramo absolutamente demencial. A saber...
El personaje de William Hurt decide enviar a alguien a buscar medicinas para Lucius. ¿Por qué nadie le reprocha que decida salir al mundo exterior a buscar medicamentos precisamente cuando es su futuro yerno quien las necesita? Con toda seguridad alguien habrá enfermado de gravedad (o incluso muerto) en los años que llevan aislados sin que, al parecer, nunca se haya buscado ayuda. Bueno, pues no hay quejas, y se acepta la decisión de Mr. Walker sin rechistar, y la elegida para atravesar el bosque, llegar hasta una ciudad que no conoce, y buscar al azar medicinas es... ¡la ciega! ¿No había un candidato menos apropiado? Es cierto que Ivy se mueve por el pueblo con bastante soltura a pesar de su minusvalía, e incluso corretea por la campiña como si tuviera un radar en plan Daredevil, pero nadie con más sentido común que un Teletubbie puede pensar que va a tener éxito en su misión y que no se va a matar por el camino. ¿No sería más lógico que el viaje lo hiciera alguno de los fundadores, ya que conocen mejor la ciudad y saben que todo es una farsa? Pero no, es Ivy quien viaja, y se las apaña muy bien por el bosque, consiguiendo incluso acabar con un monstruo que ya sabemos que no es tal. Al final, tras su absolutamente increíble peripecia, la chica vuelve al poblado con las medicinas: no sólo ha salvado a Lucius, sino que con su silencio también propiciará la supervivencia de esa patética comunidad, de esa impostura en la que se basa su vida.
No sé qué conclusión extraer. ¿Es esto un final feliz o uno trágico? Ni idea, oye. Ni sé cuál es la tesis que mantiene el director. De hecho agradecería a alguien que me explicase cuál es el supuesto y cacareado mensaje de la película.
Desde mi punto de vista las autoridades deberían desmantelar todo el pueblo y encerrar a sus fundadores por reaccionarios y fanáticos. Tal vez (a falta de otra explicación) sean sus derechosas tendencias las que expliquen que el color rojo esté prohibido en el pueblo, y es que hubiera estado bien que el fundador del pueblo, en lugar de Walker, se apellidase McCarthy.
A lo que íbamos
M. Night Shyamalan ha escrito y dirigido lo que para mí son dos grandes películas: El sexto sentido y El protegido. Esto es un hecho, por lo que no voy a pretender negar el talento indiscutible de este cineasta. Incluso en El bosque demuestra que se maneja muy bien en ciertas escenas (como el apuñalamiento de Joaquin Phoenix, rodado de forma magnífica), y que sabe dotar de un ritmo adecuado a las secuencias, sobre todo a las presuntamente terroríficas (lástima que no haya más). La dirección de actores es también brillante (aunque no comparto el entusiasmo general ante el trabajo de Bryce Dallas Howard), y la puesta en escena muy adecuada (a pesar de la, a ratos, pobre fotografía), recordándome muchos momentos, por su composición, al cine de John Ford.
El problema es que todo este talento, desde mi punto de vista, se estrella contra un guión mal construido, con baches en el ritmo y una distribución de la información que en nada beneficia a la progresión dramática de la trama. Todo esto, impregnado de ese tufillo de pedantería que contamina al cine “con mensaje”, hace que la película no funcione.
Creo que estamos ante el peor trabajo de Shyamalan desde que saltó a la fama con El sexto sentido, y aunque uno está ya acostumbrado a las decepciones cinematográficas, éstas siempre duelen más cuando las provoca un cineasta que admiras. Desde aquí rogaría al director que se dejara de simbolismos, metáforas, alegorías y parábolas, y dedicara su enorme capacidad a realizar una verdadera película de terror sin truquitos detrás, que para eso ya tenemos a Scooby Doo.
(1) He elegido este ejemplo, además de porque se trata de una de mis películas favoritas, para rendir un pequeño homenaje a Christopher Reeve, un actor mucho mejor de lo que la mayoría opinaba, una persona (a juzgar por los testimonios que ahora se multiplican) admirable, y un ser humano que, tras convencernos de que un hombre podía volar, murió luchando para demostrarnos que él podría volver a caminar
(2) No deberían pasar de aquí las personas que no hayan visto aún la película, porque se la vamos a destrozar.
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