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Donde no me llaman

Darkness

Darkness es una película irritante.
Uno sale tan cabreado de verla que se pregunta si la mejor obra de Jaume Balagueró no será, en realidad, Operación Triunfo, la película.
Darkness, de la que sólo salvaría la fotografía en algunas secuencias de interiores, me parece mala por varios motivos.
Primero porque los actores dan lo peor de sí mismos. Tanto esa estupenda presencia que es Lena Olin, como Anna Paquin, Fele Martínez, o Giancarlo Giannini, ofrecen unas interpretaciones, cuando menos, pobres, desacostumbradas en ellos. En otros casos, como el del actor que interpreta al padre de la familia, ya hablamos de una actuación que, directamente, merece el asesinato. Todo esto evidencia un pésimo trabajo de dirección de actores.
Segundo porque cuenta con un guión torpe y lleno de defectos, que plantea multitud de preguntas:

·¿Por qué no nos enteramos hasta pasada la mitad de la película de que la madre es enfermera?
·¿Cómo es posible que no sepamos que la casa tiene una planta redonda hasta que no nos lo cuenta el arquitecto? Algo tan visual como la forma de un edificio debería haberse mostrado con imágenes.
·¿Por qué no se nos explica qué demonios ha llevado a esa familia a dejar los EEUU para irse a vivir a una casucha dejada de la mano de Dios?
·Si los fantasmas que se aparecen al niño son en realidad los espíritus de aquellos niños asesinados 40 años atrás ¿Por qué tratan de asustar al nuevo inquilino?¿No sería más lógico que trataran de advertirle de que corre peligro?
·¿Cómo es posible que el niño se quede solo una y otra vez en su cuarto cuando ya ha sufrido varias noches de terror (lesiones incluidas) gracias a los fantasmas que lo habitan? El tío tiene más valor que el nuevo marido de Sara Montiel.
·¿Qué es exactamente lo que va a suceder cuando se sacrifique el séptimo niño? El abuelo está un buen rato intentando explicarlo sin llegar a conseguirlo.
·Si aún no ha sido asesinado ese último niño ¿por qué se producen ya manifestaciones sobrenaturales, como esa oscuridad que se arrastra por el suelo de la habitación del niño, o esas tres “brujas” del cuadro que no se sabe qué son ni que es lo que pintan allí?
·El único superviviente de la secta que perseguía el advenimiento de la Oscuridad es el abuelo de la familia. ¿Qué se supone que va a obtener en caso de tener éxito con sus planes?
·¿Qué se supone que pasa al final?

Todo el guión de Darkness es francamente lamentable. Es algo así como un idiota tratando de explicar a otra persona algo que él mismo no acaba de entender.

Y tercero porque la película se muestra incapaz de construir una escena inquietante sin recurrir a esos continuos y estridentes relámpagos de imagen y sonido que acaban por hacerse odiosos. Puede tratarse de un recurso eficaz, como cualquier otro, si se emplea bien. Pero al recurrir a estos insertos de forma tan desmesurada como se hace en Darkness llegan a convertirse en odiosos. Por no hablar de lo poco que dicen a favor del supuesto talento de Balagueró.

Pero al principio del comentario he dicho que Darkness me pareció irritante y que me cabreó. Y eso no se debe únicamente a que su calidad cinematográfica. Por desgracia está uno demasiado acostumbrado a ver malas películas de terror como para que una más le pueda irritar. Lo que me mosquea de Darkness es que, además de mala, es una película presuntuosa y pedante.
Este presunto advenimiento de la Oscuridad (con mayúsculas) de resonancias tan Lovecraftianas (en realidad la película es un pastiche; de Lovecraft, de El resplandor, de La semilla del Diablo, de Poltergeist...) pretende resultar cataclísmico y cósmico. Pero lo cierto es que todo el tinglado resulta tan absurdo como aparentemente localizado. No da la impresión de que vaya a pasar nada realmente grave más allá del huerto familiar.
No pude evitar, al ver la película, rememorar la parte final de Los sin nombre, la anterior película de Jaume Balagueró. Allí se explicaba el proyecto de aquella secta (corromper a una criatura pura hasta convertirla en un ser absolutamente malvado), como si fuera algo extraordinario, trascendente y sin precedentes. Como si ese mismo proceso no se estuviera produciendo en la actualidad en la mente de miles de jóvenes propiciado por la televisión, la publicidad, y demás elementos sociales. Presentar algo tan vulgar revistiéndolo de una careta de trascendencia resultaba pedante: trataba disfrazar de solemne algo que en realidad era ridículo.
Algo similar sucede con la historia de la secta de Darkness (sí, otra secta; de hecho esta película recuerda demasiado a la anterior obra de Balagueró). Está claro que las implicaciones de las actividades de este grupo son mayores en este caso, pero la película no transmite en absoluto esa sensación. El espectador no siente que se avecine el fin del mundo (¿no es eso al fin y al cabo lo que se avecina?).
Pero la pedantería de Darkness no es sólo argumental. La presunción que realmente resulta insoportable es la formal. Ese continuo sugerir cosas que no acaban de cristalizar, de apuntar elementos presuntamente inquietantes que no llegan a ningún sitio.
Surge una sombra, esperamos que algo suceda... pero no sucede. Parece que la película nos dice “Tranquilos, que estoy construyendo la historia”.
Un relámpago ilumina a unos fantasmas en una habitación oscura. Esperamos que pase algo. Nada pasa. “Un poco de paciencia y os compensaré”.
Ruidos, imágenes fijas sin demasiado significado, insertos enervantes... ¿Va a pasar algo? “Sólo un momento más, que esto ya casi está”.
Finalmente la película se acaba, y el crédito que el espectador le ha concedido no obtiene ningún resultado. Se esbozan detalles que se supone van a aumentar el nivel de tensión e inquietud, y que realmente resultan enojosas, porque no consiguen que aquello avance, no hacen que se vaya construyendo la base para el terror que debería transmitirse. Uno espera que algo vaya a suceder con las sombras que avanzan, con los juguetes que se mueven, los fantasmas que aparecen... pero lo cierto es que no son más que elementos estáticos que finalmente carecen de significado narrativo.
Es cierto que toda película requiere un recorrido preparatorio antes de empezar “funcionar”, que necesita sentar unas bases para que la historia funcione completamente. Siempre recuerdo el ejemplo de Aliens: El regreso. James Cameron, su director, describía su estructura como la de una montaña rusa. Según él, la historia subía durante cuarenta minutos, y luego, a partir de ahí, todo era caída, loopings y vértigo. Y vaya si funcionaba aquella montaña rusa.
Pero en Darkness recorres y recorres, subes y subes, sin que la caída llegue jamás. Como una gran traca que se tarda hora y media en construir y que no acaba de estallar. Como un odioso coitus interruptus.

Los sin nombre es una película insatisfactoria, un corto vestido de largometraje, pero que cuenta con elementos estimables, como la interpretación de los protagonistas o la inquietante ambientación. Pero lejos de potenciar los elementos de su anterior obra, Balagueró, en esta revisión de aquella, abunda en sus defectos.
Existe un grupo de críticos y cineastas europeos sumamente exquisitos que critican alegremente el cine americano como si aquí lo supiéramos hacer todo mejor que ellos. Obras (por llamarlo de alguna manera) como El arte de morir, Tuno negro, o School Killer, por seguir con el cine de terror, demuestran que somos capaces de hacerlo incluso peor que los yanquis.
A esta selecta lista se ha unido ahora Darkness, que cuenta con los peores elementos del género: interpretaciones penosas, historia absurda, personajes planos y carentes de interés, continuos golpes de efecto gratuitos, y un final absurdo.
Viva el cine español y la Fantastic Factory.

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